Siempre me sentí en conexión con la naturaleza, es decir, cuando estaba cerca del mar me calmaba, cuando subía un cerro (aunque a ratos quisiera desertar) la cima valía el proceso. Pero vivir en la ciudad hace que las prioridades cambien, y el tiempo para compartir con la naturaleza muchas veces se hace nada.

Llevo casi un mes en Hawaii y cada día es una aventura diferente, generalmente relacionada con la naturaleza, es que este lugar te lo da lo que quieras. Todos los días puedes ver un arcoíris, y todos los días cuando los veo grito como una niña. Veo parques enormes, árboles inmensos, y puedes pasar de la playa a Jurasic Park en menos de 20 minutos, del sol quemándote, al bosque lluvioso en 5 minutos. Para graficarlo un poco, vino a verme un amigo de Chile, que se arrendó un auto descapotable para pasar sus vacaciones en Hawaii a lo Rey, lo divertido es que un día íbamos de lo mejor, techo abajo cantando canciones al viento, al todo volumen cuando de la nada se pone a llover, bajan las nubes y parecía como que venía un monzón, primero no nos mojamos, pero después tuvimos que parar en la mitad de la nada a cerrar el techo. Veinte minutos más tarde llegamos a una playa impresionante, llovía, pero eso no es un problema aquí, te tiras al mar y lo disfrutas como si fuera lo único que importa en el mundo, así es este paraíso.

Por cosas de la vida, o más bien de las redes sociales, conocí a un neoyorquino que vive aquí en Hawaii hace casi 3 años; vive totalmente a lo Aloha Spirit en una casita en Waikiki (El barrio más turístico de la Isla, es como el Miami de Hawaii). Ahí además e vivir, arrienda una pieza extra muy linda a precios muy convenientes y también hace Couchsurfing, en la pared del living tiene un mapa gigante colgado en la pared que si lo miras de lejos ves puros puntitos de colores en diferentes países, cuando te acercas ves que son muchos alfileres que marcan los países de donde vienen todas las personas que se han quedado en su casa, por supuesto ya había un alfiler de Chile, así es que yo -una siempre quiere ser especial- puse otro, el de cabecita blanca.

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Lo interesante de todo esto es que él trabaja alojando y mostrándole la Isla a las personas, el lo llama Host que se traduce como hospedar, pero al mismo tiempo es como ser el anfitrión, término que acuna las dos cosas que hace. Por lo tanto, es como vivir la experiencia del turista pero de una manera más local. Esa idea me encantó así es que él nos llevó, a mi amigo Chileno y a mi a ver Lanikai, la playa de ensueño, desde la cima. También fuimos a ver unas cascadas que se llaman Lulumahu Falls; para llegar tienes que hacer un trekking como si fueras el protagonista de una película de aventura, caminas por un río, saltas las piedras, te agarras de un árbol a lo Koala para pasar hacia el otro lado. De verdad les digo, fue allí donde vi los paisajes más lindos que jamás imaginé (espero que se aprecien en las fotos). Si bien estos paseos se pueden hacer en solitario, uno se siente mucho más seguro si alguien que sabe exactamente los caminos y todos los trucos del lugar te va guiando, además podrán lograr buenas muy fotos en estos mágicos lugares. Si alguna vez vienen a Hawaii y quieren ser parte de esta increíble experiencia lo pueden contactar por Facebook: David Barhnart o Instagram @kingharts.

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Finalmente estos días me he dado cuenta que lo más lindo ha sido sentir que por fin tengo tiempo. Tiempo para hacer lo que quiero, y lo que hace años quería hacer. Por fin estoy entrenando todos los días que siempre quise, puedo cocinar por horas las recetas saludables que siempre tenía que postergar, tiempo para pensar, para reflexionar, o para simplemente sentarme frente al mar y respirar. Me levanto en la mañana y me preparo una limonada con menta y pepino, regaloneo a mi prima haciéndole una leche con plátano, nos sentamos, nos tomamos esos juguitos y decidimos si queremos ir a ver un arcoíris, subir un cerro, ir a nadar con tortugas ó aprovechar de ir a ver un musical de Broadway que trajeron a la Isla. Así es el paraíso, el paraíso aquí en la tierra.

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De verdad espero poder transmitirles aunque sea un poquito de lo que se vive acá, y darles el coraje y el empuje para decidir venir algún día, a este lugar o al que quieran, a viajar o a cumplir sus sueños. Ahora que veo como lo que soñé algún día es real puedo decirlo con mucha más fuerza, y espero que eso los motive.

En mi próximo post les estaré contando todo el lado B que ha sido la búsqueda de trabajo y la promoción de mis clases de Yoga para niños aquí en la Isla. Ha traído consigo millones de anécdotas dignas de contar…

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