Después de 30 años Jorge Zabaleta (48) pudo cumplir al fin su gran sueño. Se trata del exclusivo hotel boutique sustentable Desértica, que luego de cuatro años de construcción abrió sus puertas hace unas semanas. Tras una vida veraneando en el sur de Chile junto a su familia, recién a los 15 Jorge comenzó a viajar solo y sin un peso. A los 18 fue a San Pedro por primera vez —que entonces no tenía luz y era de muy difícil acceso—, y se enamoró al punto de pensar que había perdido su tiempo tantos años en el sur.

“Me gustó el desierto porque es como un libro abierto: honesto, transparente, no esconde nada. Desde entonces he vuelto una y otra vez. Empecé a involucrarme y a descubrir lugares increíbles: bosques, cascadas, colores, una paz y tranquilidad que no encuentras en otra parte, aun cuando aquí la vida es ruda, dura, todo cuesta mucho ya que no es tirar la semilla y que crezca la zanahoria. Es alucinante”.

6D4A2075

Entre ir y volver crecían sus ganas de echar raíces y construir algo no como negocio, sino como un proyecto de vida. Hace quince años tuvo los medios económicos necesarios, partió a buscar un terreno y dio con una chacra cubierta de árboles y plantas, ubicada al final de la calle principal (Caracoles 455), que resultaba un verdadero oasis en medio del desierto. Sin pensarlo, Jorge adquirió dos mil 500 metros que era parte del terreno de la señora Eli —su actual vecina—, donde a lo largo de cuatro años levantó su espectacular hotel de doce habitaciones con estructuras y formas que recuerdan a los turis, que eran las construcciones originales atacameñas.

El respeto y amor por esa tierra, lo llevó a edificar a cierta altura para no tocar ni destruir nada de la vegetación existente, y que permite además que cada 14 días se inunde por los canales de la zona para su regadío. Su idea junto a la paisajista Tere Moller fue rescatar todo lo que se daba naturalmente y a futuro tener sus propias chacras para sacar distintas hierbas para infusión. No cortó ni un solo árbol, y en los espacios que permitía el suelo, se construyeron las habitaciones. Por lo mismo, son todas de tamaños diferentes, y por la manera en que están distribuidas, da la sensación de estar recorriendo un laberinto con piso de piedras volcánicas. “No quería causar gran impacto en el terreno que era muy vegetal y de una riqueza espectacular, donde priman árboles añosos como el chañar, pimiento, perales, granadas y manzanos”, cuenta Jorge sobre este proyecto, el cual tiene como gerente general a su hermana Alejandra Zabaleta.

El arquitecto chileno Fredy Holzer elaboró el proyecto original, que luego siguió en manos de la diseñadora Kathy Rahal, donde lo central, cuenta el actor, era integrarse a la naturaleza y a la cultura nortina. Por ello predomina la madera —la mayoría recicladas y del desarmado estadio de Calama—, los materiales nobles y cálidos y que Jorge junto a su mujer, Francisca Allende, escogieron y diseñaron uno a uno, como las puertas, lámparas de adobe y mimbre o los techos exteriores de las habitaciones que están cubiertos por breas tejidas para que se camuflen entre los árboles. Si bien las camas, sábanas, los servicios y atención son de primer nivel, Jorge asegura que el objetivo final del hotel es entregar comodidad bien hecha, no lujo por el lujo.

“Un lugar donde puedas refugiarte, dormir bien, descansar, recuperarte, con una temperatura perfecta, pero sin excesos. No pretendo crear expectativas, mejor que la gente cuando venga, se sorprenda. Al final vendrán las personas que tengan que venir. Alguien que quiere hidromasajes, por ejemplo, no puede estar acá, tiene que tomar un tour e ir a las termas de Puritama con jacuzzis naturales. Por eso no fue fácil confluir mi sueño de hotel con el negocio hotelero, que no es lo mismo. Esto está hecho para máximo 24 personas mayores de 16 años, que buscan un trato personalizado, íntimo; gozar de otras cosas, que quieren descubrir sensaciones, el desierto, recorrer, empaparse y enamorarse del lugar”.

6D4A2381

COMUNIDADES ATACAMEÑAS

El apego a lo natural y sustentable del actor no solo pasa por la conservación del suelo, de la vegetación y en el uso de materiales nobles, sino también en el funcionamiento del hotel. Partiendo por las habitaciones que son térmicas, que aíslan tanto el frío como el calor, para así usar la menor energía y calefacción posible. El agua de las duchas y lavamanos se recicla para el riego, mientras que el 30 por ciento de la energía eléctrica proviene de paneles solares, aunque la idea es llegar al 70 por ciento de autoabastecimiento en el corto plazo. Mientras, toda la iluminación es led, de bajo consumo energético, que era el objetivo principal dada la realidad de San Pedro.

La piscina fue pensada para ‘vestir’ el sector del lounge, dar un toque de frescura y crear un ambiente único, ya que suele atraer a una diversidad de pájaros. Fue diseñada de tal forma, que utiliza una mínima cantidad de agua. Inspirada en las termas de Puritama, tiene un primer ojo de agua muy bajo que hace de pozón para refrescarse, cuya cascada cae en una segunda piscina más grande, pero también de poca profundidad. La idea de Jorge es comunicarse e integrarse con las comunidades locales. Por eso toda la gastronomía del hotel —a cargo de Patricio Cáceres y Jennifer Crew (Los Motemei)— se produce de manera natural por gente de la zona. Incluso el servicio de lavandería está a cargo de una vecina.

“Aquí en San Pedro hay mucha gente con emprendimientos y preferimos trabajar con ellos, con personas cercanas. Nuestra jefa de cocina (Amalia Cruz), por ejemplo, no es chef, sino una cocinera de aquí a quien se le han dado herramientas para refinar las preparaciones que serán chilenas, con raíces en el desierto. Integrar a las comunidades es nuestra única manera de enriquecernos con esta cultura. Queremos aprender, participar humildemente en el sistema local y no imponer el nuestro, sino descubrir qué cosas hay aquí, qué preparaciones pueden tener, cómo utilizan la semillas del chañar, por ejemplo. Y así perpetuar estas tradiciones culinarias que hoy no se están traspasando a las nuevas generaciones, porque los jóvenes se están dedicando a otras cosas. No tenemos un menú estándar, este cambiará según la temporada de ciertos alimentos. Queremos que la comida también sea una experiencia, respetando nuestro slogan que es ser un hotel de origen. Jamás ofreceremos merluza austral con papas fritas, sí unas truchas de Chiu-Chiu que son muy ricas”.

6D4A2444

En su intención de integrar a las comunidades de la zona, el actor tiene contemplado invitarlas a trabajar la agricultura en otro terreno que tiene a unos pocos kilómetros, con el fin de que reciban un ingreso y a su vez abastecer al hotel. “Los terrenos de San Pedro han subido mucho, y para quienes viven acá tener una chacra es carísimo. Nuestra idea es devolver esos terrenos a la comunidad para que los trabajen, siembren y nosotros abastecernos de esas zanahorias, choclos… Es una vuelta de mano por el privilegio de estar aquí, porque nosotros somos los invitados. Siempre me ha chocado ese empresario depredador, que se instala y arrasa. Queremos devolver todo lo que podamos a la comunidad”.

En esa línea, en el corto plazo instalará a un costado del hotel una especie de minimercado de artesanías, gastronomía y otras cosas para que los emprendedores locales puedan ofrecer sus productos bajo la modalidad del precio justo. “Pretendemos impulsar el emprendimiento y siempre nuestra prioridad serán los pequeños productores. Una muestra son nuestros vinos locales, de la Viña Ayllu, que produce vinos a la más alta altura en el mundo (casi tres mil metros). Y los jabones, champús y cremas de los baños —que están en envases grandes para evitar la basura plástica— son orgánicos, los fabrican unos jóvenes que están comenzando su negocio y tienen un respeto increíble por el medioambiente. Soy un hincha de los emprendedores, lo único que quiero es que les vaya bien”.