Corría abril del 2002. Recorríamos la Patagonia argentina y habíamos llegado al que sería nuestro destino final, Ushuaia, esta ciudad que se encuentra situada en uno de los paisajes más bellos, probablemente, del planeta y que se jacta de ser el fin del mundo. Fue allí, a orillas del canal Beagle, donde por primera vez supe de El Calafate y del glaciar Perito Moreno. “Un pueblito encantador y un glaciar impactante”, comentó alguien. Luego de haber manejado enormes distancias visitando esta Patagonia donde, como en letra de tango, “mil kilómetros no es nada”, tomar un avión parecía una excelente opción para llegar a este “pueblito” que aquel verano acababa de inaugurar su flamante aeropuerto. Pocos días más tarde, aterrizamos en pleno desierto, porque aquí se le llama estepa a lo que en cualquier parte del mundo llamarían simplemente desierto —recibe menos de un centímetro de lluvia anual—. Nos dirigimos al terminal de buses donde funcionaba la única oficina de información turística. A pesar de que el auge de El Calafate estaba recién en sus albores, de la media docena de hoteles propiamente tal y de una veintena de hostales en sus diferentes categorías, solo encontramos pieza en una residencial llamada Jorgito. Atravesamos luego Los Libertadores, su avenida principal. Era una de las pocas calles pavimentadas y concentraba todo: el supermercado, los restoranes, algunas tiendas y las agencias de viajes que ofrecían visitas al Perito Moreno o cabalgatas por la estepa.

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Pasaron ocho años antes de que regresara y encontrara a El Calafate convertido no solo en un pueblo como de cuento de hadas, sino en una de las atracciones turísticas más grandes de Argentina. Un pequeño Bariloche, con ese aire entre pueblo alpino rústico que los argentinos recrean de manera soberbia y Disney World. Aquí las tiendas de souvenirs florecen como callampas y tours de todo tipo son ofrecidos desde las calzadas de las calles principales. El pueblo ha crecido: de 5.000 almas que la habitaban a principios del milenio hoy llegan a 25.000 y los hoteles de 5 estrellas superan la veintena. Pero este extraordinario auge que estalló en sólo una década no es consecuencia del azar sino de un conjunto de factores.

Primero fue la devaluación del peso argentino luego de la crisis del 2001. Visitar Argentina en esos años era algo casi obligatorio pues los precios eran absurdamente bajos para los extranjeros. Además, El Calafate poseía un tesoro natural a solo 80 kilómetros que, hasta entonces, no había sido explotado turísticamente: el glaciar Perito Moreno. Su accesibilidad —es uno de los pocos en el mundo al que se puede llegar por tierra— lo convertía en un diamante en bruto. El gobierno comenzó a ofrecer lotes de tierras a 800 pesos argentinos ( 3.200 dólares) para incentivar el poblamiento del lugar y construyó el aeropuerto para hacer del incipiente punto turístico un destino más masivo.

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Luego, en el 2003, la elección de Néstor Kirchner como presidente de la nación, le dio otro empujoncito. No sólo instaló su casa de descanso en la avenida principal de El Calafate, también se hizo de media docena de hoteles de lujo, pavimentó la ruta desde el pueblo hasta el glaciar, construyó un sistema de pasarelas y balcones para observar el Perito Moreno, que es una perfecta obra de ingeniería, y dispuso de doce gigantes catamaranes que llevan cada día a cientos de turistas a navegar el lago Argentino entre los icebergs que se rompen desde el glaciar Upsala, el segundo más grande de la Patagonia argentina.

Pero la estrella del parque nacional es el Perito Moreno, uno de los pocos glaciares en equilibrio en el mundo. Esto significa que en los últimos cien años ha mantenido su área de 254 kilómetros cuadrados intacta. Avanza dos metros diarios pero luego pierde hielo en su frente en forma de pequeños témpanos que recupera durante el invierno al recibir más nieve en su zona de origen. Por su particular ubicación —frente a la península—, de tanto en tanto se puede observar un fenómeno único en el mundo: la ruptura de sus grandes bloques. Es un espectáculo natural irresistible, aunque es muy difícil de predecir. La última vez que el hielo voló por los aires fue en marzo de 2012 y nada indica que ocurrirá en los próximos meses pues este verano la represa sigue incólume.

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Pero no todo es hielo en El Calafate. Se puede visitar una de las estancias dedicadas al turismo y revivir la vida de los pioneros llegados a principios del siglo 20 para criar ovejas y ganado.

En el presente, como en los años 50, el precio de la lana y la carne ha bajado y, al igual que entonces, la mayoría de los estancieros mira hacia pastos más verdes: el turismo. Los shows de esquila, arreo de animales, cabalgatas y asados tradicionales, son perfectos para complementar la visita a los glaciares.

Además, su clima benigno incita a la vida de terrazas y a una actividad nocturna que alimentan los turistas y la juventud local.

“La primera vez vine en bus desde Buenos Aires, y tenía asiento en el pasillo por lo que al bajarme en la terminal el paisaje me sorprendió de golpe. Al ver el turquesa del lago Argentino con el inmenso espacio abierto de la estepa de telón de fondo, supe que me quedaría y que a Buenos Aires volvería solo de visita”, cuenta Pablo Michelangelo, uno de muchos porteños que han emigrado a El Calafate y que trabaja como guía del Parque Nacional Los Glaciares. “Después de un día de trabajo me voy a hacer windsurf en el lago y si no hay suficiente viento vamos a hacer kayak. Es impagable”.

Empiezo a creer en la leyenda del calafate, ese berry azul que crece en estas latitudes y que cuenta que debido al hechizo de una curandera tehuelche, pueblo originario de la Patagonia, todo aquel que coma el fruto volverá irremediablemente al lugar donde lo probó. El embrujo está en forma de helados, tragos, alfajores y mermeladas. Yo no me abstuve de ninguno y sigo retornando a este oasis de hielo.

CÓMO LLEGAR

LAN tiene vuelos directos diarios desde Buenos Aires a El Calafate. www.lan.com.

DORMIR

Hotel Kosten Aike: De confortable estilo alpino-chic y en pleno centro, su ubicación es perfecta para recorrer el pueblo después de las excursiones. Tiene un spa con vista al lago Argentino con varios de sus servicios gratis para huéspedes. www.kostenaike.com.ar

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Eolo Relais and Chateau: En las afueras de Calafate, camino al glaciar, está este hotel de 5 estrellas. La propiedad contiene 4.000 hectáreas, lo que lo hace ideal para quienes desean combinar visitas a los glaciares con cabalgatas en la Patagonia. www.relaischateaux.com/gb/argentina/eolo-patagonia-el-calafate-santa-cruz

COMER

- La cocina: Su trucha fresca es una obligación para cualquiera que visite El Calafate, al igual que sus pastas rellenas de calabaza. Su decoración es simple, casi como estar en casa de amigos y el servicio impecable. Av. del Libertador Gral. San Martín 1245.

- La zaina: El menú ofrece una variedad que va desde el clásico cordero patagónico hasta jabalí e imaginativas ensaladas. Con una de las mejores cartas de vinos de la Patagonia, ofrece maridaje de cepas para cada plato. Su decoración rústica recuerda una vivienda gaucha. Gdor. Gregores 1057.

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- DD4 Food &Beer: Este resto bar podría estar en el mismísimo Buenos Aires y sobresaldría. Goza de un ambiente de Hard Rock Café pero con menú de primera, preparado por un chef de excelencia. Para acompañar tiene una larga carta de cervezas que también vienen por “pintas”. En cuanto a ambiente no hay lugar que le gane en el pueblo. Avenida Libertador 1603 esq. Avenida 17 de Octubre.

- Glacio bar: El único bar de este tipo en Argentina se encuentra obviamente en esta ciudad. Desde la barra hasta los asientos todo es de hielo. Para no sufrir de congelamiento con la temperatura bajo cero hay que colocarse un traje especial que entregan en la entrada. El original está en las afueras de la ciudad pero se acaba de inaugurar una sucursal en pleno centro.

MUSEO

- Glaciarium: Es un centro de interpretación glaciológico y uno de los pocos en su tipo en el mundo. Los contenidos son interactivos y se exhiben con los más modernos recursos. www.glaciarium.com.

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ACTIVIDADES

- Estancia Cristina: Fundada hace más de cien años por colonos ingleses, hoy día ofrece no solo alojamiento sino que excursiones diarias en caso de que no desee alojar lejos del pueblo. Cabalgatas, excursiones en 4×4 para observar el glaciar Upsala, trekking al canadón de los fósiles y actividades propias de una estancia como show de esquila. www.estanciacristina.com

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- Trekking on ice: La experiencia de caminar sobre hielo es única y no se necesita ni experiencia previa ni grandes habilidades, solo tener menos de 65 años y estar razonablemente en forma. La escalada es gradual y se hace con zapatos de caminata normales a los que se agregan crampones. www.aventura-andina.com.ar/calafate/calafate.html

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- El Chaltén: A poco más de 200 kilómetros de El Calafate este pequeño pueblo tiene el encanto de este pero más prístino pues solo fue fundado en 1985. Aquí se va a hacer hiking, trekking o definitivamente a escalar, siendo el mítico monte Fitz Roy la vedette de la zona y algo así como el Everest de la Patagonia. www.elchalten.com