Los cuarenta y dos grados Celsius, con una sensación térmica de 47, es lo primero que impacta al poner un pie en Dubái. Claro que la experiencia de visitar esta ciudad emiratí comienza mucho antes, en Chile, al abordar el Boeing 777 de la lujosa línea aérea Emirates, que en julio estrenó su ruta Santiago-Dubái con una breve escala en Sao Paulo.

La tripulación femenina luce un impecable traje beige, zapatos rojos y sombrero del mismo tono, del cual cae una pañoleta blanca que envuelve el cuello evocando la clásica burka, mientras la carta-menú siempre incluye una propuesta árabe entre sus platos. Detalles como estos le dan un sello inconfundible al primer vuelo comercial que conecta a Chile con esta extravagante ciudad-símbolo del turismo de lujo en el Medio Oriente. Las 20 horas de viaje no se hacen pesadas gracias a un excelente servicio a bordo, que ofrece televisión satelital en vivo, wifi, más de tres mil canales de entretenimiento, cocina gourmet y casi 70 variedades de vino.
The-Dubai-Mall-Aquarium

Dubái abre la opción de quedarse y conocer a fondo una ciudad improbable que combina historia y cultura con equipamiento urbano ultramodermo, o bien hacer una estadía corta antes de partir a una multitud de destinos en Europa, Asia o África. Para el segundo caso, sugerimos un itinerario de tres días en el más turístico de los Emiratos Árabes Unidos.

Para comenzar, una visita al casco antiguo. El barrio histórico Bastakiya (levantado en torno al fuerte Al Fahidi, la construcción más añosa de Dubái) fue construido en 1890 por inmigrantes iraníes y ofrece una pincelada de lo que era Dubái hasta 1960, antes del descubrimiento del petróleo. Hasta entonces era un pueblo que vivía de la pesca, las perlas y el comercio de especias, donde había 13 autos y 55 casas hechas de coral y arena. En esa zona se encuentran también galerías de arte, restaurantes, tiendas y el museo del café, brebaje símbolo de la hospitalidad árabe, que se suele disfrutar acompañado de dátiles. En el fuerte Al Fahidi, que protegía el pozo de agua que abastecía a la ciudad, hoy existe un museo que exhibe ese pasado que el oro negro transformó en cuestión de décadas.

El viejo Dubái está dividido en dos por una entrada de mar que parece río y se puede atravesar en embarcaciones turísticas o taxis acuáticos llamados Avra. El paseo lleva al barrio de Deira, donde están los zocos o mercados de especias, de telas y de oro.

IMG_4453

Canela, vainilla, flores secas para el té, hibiscos, rosas, cúrcuma, limones secos, inciensos y pimienta colman los pasillos de los mercados de especias, aunque la más preciada es el llamado “oro rojo”: el azafrán. Aquí el lenguaje universal es el regateo, que muchas veces permite conseguir rebajas de hasta un 30 por ciento. Siempre en Deira, el zoco del oro cuenta con unas 300 tiendas y en él se exhibe el anillo de oro más grande del mundo: 57 kilos de 21 kilates.

DESIERTO, PLAYA Y NIEVE

Una vez visitados los zocos, se puede tomar la autopista que conecta con la parte nueva de Dubái, que pasó de tener dos hoteles cinco estrellas en 1975 (Radisson y Sheraton), a los más de 600 que existen hoy, casi siempre con su ocupación completa. Cada año reciben 60 millones de pasajeros, de los cuales 16 millones se quedan a visitar la ciudad.

Asumido en 2006, el actual jeque Mohamed bin Rashid es un gran hombre de negocios y se propuso tener todo lo mejor del mundo en Dubái. En el corazón de la parte nueva se puede visitar el barrio residencial costero de Jumeirah, donde viven los emiratíes, que no son más del 11% del total de la población. En esa zona está prohibido construir nuevos edificios o grandes torres y los extranjeros no pueden comprar propiedades, aunque sí arrendarlas. De las 900 mezquitas que hay en la ciudad, dos tercios están en Jumeirah.

IMG_4339

Ubicada en el mismo barrio, a la playa Sunset Beach llegan los surfistas y en ella también se encuentra el famoso hotel con forma de vela Burj Al Arab, construido en los años ‘90 y considerado uno de los más exclusivos de Dubái. Entre 2 mil y 15 mil dólares cuestan las habitaciones, que van desde los 169 a los 700 metros cuadrados. Cada una cuenta con un mayordomo que habla el mismo idioma del pasajero de turno.

Después de la playa, un buen panorama para terminar el día es visitar el ‘Dubai Mall’, el centro comercial más grande del mundo con sus cuatro pisos y 1.400 tiendas. Allí mismo se encuentra el Burj Khalifa, el mayor rascacielos del planeta, con 828 metros de altura. La construcción de 2010 cuenta con dos observatorios para apreciar la ciudad en 360 grados y por supuesto, con los ascensores más rápidos del mundo: 10 metros por segundo.

An-Emirates-Boeing-777-200-LR-Aircraft-2

A un costado del Burj Khalifa está el show de las aguas danzantes, que se mueven al ritmo de la música y disparan chorros de 150 metros de altura. Y hablando de agua, otras de las atracciones son el acuario submarino del hotel Atlantis, y los parques acuáticos Aquaventure y The Lost Chambers, con más de 65 mil especies de animales marinos.

IMG_4296
Para Dubái nada es imposible. Como tampoco lo fue crear la cancha de esquí indoor más grande del mundo, con 400 metros de largo y cinco pistas para esquí y tabla. Todo está hecho para asombrar y entretener a los turistas, que pronto llegarán a ser 20 millones por año. No es casualidad, considerando que dentro de unos años será su principal entrada económica, cuando Dubái ya no pueda seguir viviendo del petróleo.