Fue abrumador escribir este post, porque quería contarles tantas cosas, es más, lo escribí varías veces, pensando hacia donde quería llevarlos con el relato sobre este lugar mágico.

Primero que todo, e indiscutible, es un paraíso visual que pueden comprobar ustedes mismos en las fotos que saqué con mi celular. Por supuesto, como todo en la vida necesita un balance, el paraíso, por muy perfecto que parezca y tal vez para otras personas lo sea, para mí tuvo sus matices. Le llamaré mis contradicciones de Vallarta; como cuando me senté a almorzar en un restaurant que se llamaba Derby City Burgers para terminar pidiendo una ensalada.

Puede sonar absurdo, pero lo cierto es que los primeros diez días aquí estuve luchando con el trópico de maneras que no me esperaba y con una realidad del condimento poco conocida para mí. Esto se manifestó en una retención de líquido impresionante que me hizo recordar a mis amigas embarazadas, porque los pies se me veían igual. Salía a caminar y sentía que me moría con ese calor húmedo, no importaba si había dormido doce horas, me sentía más cansada que cuando dormía seis horas diarias, el pelo se me secó, me enfermé de la guata por los condimentos y lo picante (no soy para nada una persona que le guste el picante).

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Entonces fue cuando decidí tomarle las riendas al trópico y todo empezó a aparecer. Usualmente uso aceite de coco para mi pelo, pero por el poco espacio en la maleta y como se da vuelta en todas partes dije: voy a tener que dejarlo en Chile. Cuando llegué a Vallarta me di cuenta de que vendían un aceite de coco que tenía otro formato diferente al mío, lo miré extraño y el vendedor me dijo que es especial para el pelo, ¿acaso el universo sabía que lo necesitaba? $700 pesos chilenos y la maravilla hidratadora de pelo? Por otro lado, por ese pelo que se secó, toda la piel se me hidrató y mis talones están como quieren. Empecé a dormir con una almohada en los pies para tenerlos un poquito en alto. Entendí que tenía que tomar mucha más agua, agua de coco, batidos verdes, agua con limón, pomelo y todo lo que me hiciera depurar esa hinchazón que había ganado esos días. Algo que puede sonar como una tontera, pero me sentía muy incomoda en mi propio cuerpo.

Así fue, los primeros diez días de reconocimiento y adaptación, como un backstage del paraíso, para luego los siguientes diez que fueron: Domando al trópico. No sé si lo logré pero al menos mis pies volvieron a ser de persona y aprendí cuales eran los platos de comida que picaban menos.

Por otra parte, no es casual que este haya sido mi primer destino, no lo elegí por las playas que habían aquí, ni siquiera miré muchas fotos. Vine porque tenía el gran deseo de compartir con mis amigos que viven aquí, dos personas que siempre tuvieron mi admiración por la forma que tenían de ser, y lo externo que conocía de ellos. Pero lo cierto es que viviendo con ellos pude constatar que su estilo de vida comprometido a hacer de este mundo un lugar mejor a través de vivirlo de una manera espiritual, es posible, es real. Si tú lo crees, lo creas y es tu realidad. Pude soltar con felicidad cosas que me traía desde Chile, estuve tan agradecida de poder hacerlo desde un lugar sincero, me sentí más grande, me sentí haciendo lo correcto, que en mi idioma significa hacer esas cosas que te hacen sentir plenitud en el corazón. Les voy a estar por siempre agradecida, no solo por haberme enseñado Kabbalah hace años, sino por mostrarme con su ejemplo hacia dónde quiero llegar, cómo me gustaría ser. Espero haberles podido retribuir en algo, era esto justo lo que necesita antes de seguir conquistando el mundo.

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En conclusión, Puerto Vallarta es un lugar hermoso, con cultura, lleno de galerías de arte, gente mezclada, una ciudad con la bandera gay puesta en muchos lugares. Nadie se molesta con nada, todos viven y se dejan vivir, no escuchas bocinas, la gente es amable, no por nada es el lugar donde muchos viejitos se retiran acá o bien, pasan las temporadas de invierno de sus países en este paraíso tropical. Si tuviera la posibilidad de elegir si volvería a este lugar no lo dudaría por un segundo, y me traería a todos mis amigos y familia conmigo, para que pudieran sentir esto que solo se siente aquí.

Bonus Track: Aprendí muchas recetas nuevas que fui documentando y mandándole a mi mamá adoptiva para dejar testimonio de ellas. Lo dejo aquí por escrito para “obligarme” a más adelante hacer un post de recetas: Nuevos Sabores del Mundo.

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