No ha pisado una playa en casi cuatro años, y lo más cercano que tiene a un bronceado es la marca de las antiparras en su pecosa cara. Shauna Rigby ya casi no ve el sol, porque en sus años nunca llega el verano. Ella viaja de un hemisferio a otro, para ser instructora de esquí en las temporadas de invierno y en este momento está en Niseko, Japón. Shauna no compite profesionalmente ni tiene auspicios, pero a través de los años ha adquirido certificaciones internacionales que la capacitan para enseñar a esquiar a niños y adultos. “Aprendí a esquiar cuando tenía 6 años. Hice algunos viajes familiares a la nieve, y así fue me di cuenta que esquiar era mi deporte favorito. Y después, a los once años, empecé a correr en carreras de esquí”, cuenta la australiana.

Si bien su país de origen es conocido por sus altas temperaturas, sus playas paradisíacas, el surf y los arrecifes de coral, también tiene una creciente industria de deportes invernales. Al igual que en Chile, los ánimos veraniegos de la isla de Oceanía arrancan en octubre y terminan en marzo. Eso sí, las olas de calor superan los 40˚C, y eso a Shauna nunca le gustó mucho. En lugar de aprender a surfear, como hacen la mayoría de los jóvenes aussies, ella se dedicó a esquiar.

Wp-Shauna-450-2

“Acepté una beca en 2010 para Banff, un pueblo de esquí canadiense , y ahí pasé un curso de tres meses para convertirme en instructora certificada”, señala la joven deportista. Cuando volvió a Australia enseñó por primera vez en Perisher, uno de los resorts más grandes de ese país. Le gustó tanto que decidió posponer la universidad y extender su año sabático otra temporada más. En ese momento su cacería de inviernos se convirtió en un estilo de vida. En el camino, Shauna ha conocido a muchos jóvenes —principalmente de Inglaterra, Canadá, Australia y Estados Unidos— cuyas vidas giran en torno a las tablas y los esquís, y sin importar el país en el que estén, ellos siempre persiguen los inviernos como una carrera alternativa a la tradicional universidad.

Shauna confiesa además que, “ya con mi segunda temporada no podía imaginarme estudiando en la universidad, cuando había tantas oportunidades para mejorar el esquí y de aprender sobre el mundo”. Después de todo, ella y los otros jóvenes instructores ganan sueldos que les permiten mantenerse viviendo en caros resorts de esquí, y ahorrar para viajar a la próxima aventura. Todo un sueño…

Wp-Shauna-450

Eso sí, hay mucha fiesta, alimentación limitada —mayormente fideos y barritas de cereal— y pocas horas de sueño, porque las clases se esquí inician al alba, pero aún así Shauna agradece estar en un lugar que puede llamar “su hogar”, lejos de lo común y cotidiano.

“Cuando estás atrapado en tu casa, te empiezas a aislar en una pequeña burbuja, inconsciente del mundo que te rodea. Por eso muchos no entienden lo que une a todas las personas del mundo. Creo que es importante adoptar las diferentes culturas y traer de vuelta a tu casa una nueva perspectiva sobre la vida”, explica la cazadora.

Pero no toda la nieve es igual de blanca. Las amistades y relaciones amorosas son difíciles de mantener, y la nostalgia familiar siempre está al asecho. Shauna y muchos de sus compañeros de trabajo concuerdan en que el mundo es muy grande para quedarse siempre en un sólo lugar.

Comentarios

comentarios