Cuenta una antigua leyenda africana que cuando todo el planeta era piedras y fuego, Yemanjá diosa de las aguas, se enteró que no podría tener más hijos y explotó de ira. Con la fuerza de sus pechos, abrió las venas de la tierra y formó cauces que cayeron al mar, brotaron nuevos seres de colores: los peces, a los que bautizó como sus hijos.

Hoy, en el tibio Atlántico de Brasil los hijos de Yemanjá juegan con todos los que se zambullen en sus aguas, seduciéndolos a quedarse.
Según cifras del gobierno regional, son más de 30 mil los extranjeros que ya se han instalado acá.
Son tan variadas las culturas que conviven: afros, indígenas, europeos y hippies, que hacen del nordeste una mezcla interesante y misteriosa de Brasil y que exige doble y triple visita y sobre todo, ver un poco más allá de lo que dictan las guías de viaje.

Más de 7.500 kilómetros de costas y paraísos tropicales, 49 millones de habitantes, es lo que se encuentra en los estados de Alagoas, Ceará y Río Grande do Norte.
Pero el nordeste es una tierra de contrastes, sus ciudadanos se quejan de la falta de preocupación de los gobiernos locales, por temáticas, más allá del turismo, que crece casi al mil por ciento.
Wp-Brasil 193“Estamos preocupados de nuestros habitantes, la realidad de quienes viven acá dista mucho de lo que ven los visitantes. Es como si fuese una parte olvidada por el gobierno, pero que está en los ojos del planeta”, asegura Franco Terrile, un argentino que sucumbió al hechizo y decidió quedarse.
Para el turista la situación es distinta y de todas partes del mundo, la vista gorda a la realidad local funciona. Ciudadanos de todo el orbe llegan a encandilarse con paisajes únicos, que durante el año, se cuelan por las pantallas del computador.
Es que eso que se sueña despierto en horas laborales, acá es real y la oferta turística abunda para todo tipo de gustos y bolsillos.

Apenas se baja del avión, en el moderno Aeropuerto Internacional Zumbi dos Palmares, en Maceió, 30 grados de calor se meten en los pulmones y las ganas de sacarse los zapatos invaden.
Si se llega de noche, el recorrido obligado es por el barrio de Jaraguá, y Albuquerque, donde los antiguos almacenes se han transformado en bares y discotecas. Lo ideal es ir un viernes, cuando las mesas y sillas salen a la calle y la balada está a punto de explotar. El portugués es un idioma muy fácil de aprender. Maceió es un buen lugar para comprobarlo y las fiestas en la calle, la opción acertada para practicar.
Los visitantes se esmeran en improvisadas clases y repiten como loros obrigado y tudo bem, que en el idioma que se diga, suena bien incluso con la lengua media trapeada.
Para preparar el exigente carrete del norte, la apuesta gastronómica acertada es el Sururu ao leite de coco, una preparación que sabe mejor de cómo se ve. Un suculento caldo de langostas, leche de coco hirviendo y pescado en una fuente de greda, que ayuda a aguantar toda la noche. Se puede conseguir a buenos precios y a cualquier hora.
A medida que pasa la noche, el panorama se torna extrañamente familiar y la gente bailando en las calles, con los vendedores de anticuchos, son los mejores partners para ver el amanecer.
Para seguirles el ritmo, conviene instalarse con una cerveija, porque si de destapar los clichés se trata, las conocidas caipiriñas y caipiroskas, están reservadas sólo para los turistas.
Pero ojo con los impulsos, porque vale la pena guardar pilas para el día y comenzar a disfrutar del sol, que en Maceió alumbra 300 días al año.

Wp-Brasil 290-3465 kilómetros de costa tropical separan a las ciudades de Maceió y Natal en el estado de Algoas y la ciudad de Natal, en Río Grande de Norte. La oferta de playas lindas abunda y la opción es animarse a recorrer en auto la A-140 SUR.
Se debe conseguir un buen paquete de una semana que cuesta alrededor de 90 reales por día. Los 29 grados y la humedad alojada en los pulmones, obligarán a que se elija la opción con aire acondicionado, aunque sea un poco más cara.
En el camino, encontrará más de 15 playas donde elegir pasar la tarde o hacer merghulo o buceo. Cruz da Almas, Jatiuca, Ponta Verde y Sonho Verde, son todas bellas, y de fácil acceso, valen la pena la visita.
A unos 36 kilómetros al sur está Paripueira. Conocida por poseer la mayor concentración de piletas naturales de todo Brasil, se vuelven ideales para pasar la tarde con los niños.
A 131 kilómetros de Maceió está Maragogi, justo en el límite con Pernambuco, uno de los destinos más sorprendentes de la región.
El paisaje es de lo más caribeño y costas repletas de palmeras y cocoteros, harán el intento de seducir a pasar tardes enteras en posición horizontal, pero la recomendación es moverse y seguir recorriendo, ya que lo mejor está por venir.

Wp-Brasil 290A 600 kilómetros de Maceió se encuentra Natal, que se ha ganado la fama de ser la ciudad más europea de Brasil, por estar a sólo siete horas de vuelo de Lisboa.
Son muchas las maneras de llegar hasta acá, pero en Brasil las distancias son enormes y lo mejor será hacerlo en avión. Las alternativas locales de vuelo son baratas, y se pueden comprar por internet el mismo día sin tanto castigo en los precios.
A la llegada, Natal ofrece el típico panorama de cualquier ciudad del norte de Brasil: modernos edificios, amplias avenidas, malls, y el denominador común de la región: Cientos de kilómetros de playas paradisiacas, donde en más de alguna se cambia la tranquilidad por el estres que producen los insistentes vendedores ambulantes.
Todo un panorama perfecto para perderse en una urbe de más de un millón de habitantes y que se ha ganado diferentes títulos, entre ellos ‘la ciudad científica del cerebro’, por modernas investigaciones de neurociencia que se llevan acá.
Sin embargo, la invitación a seguir la aventura no se demora en llegar, cuando aparecen por estas modernas calles unos destartalados, sucios y llenos de barro autos, que parecen no tener otro objetivo que la diversión: los famosos buggies.
En Natal encontrará muchos sectores donde arrendarlos y al igual que los autos, lo mejor es optar por paquetes de días y luego adentrarse en sorprendentes paisajes.

Wp-Brasil 290-2Pipa, Tibau do Sol, Maracajaú y Piranguí son algunas de las localidades que vale la pena visitar. Estos pequeños pueblitos de pescadores, que hasta los ochentas no contaban con electricidad, hoy se han reinventado y están repletos de turistas, y como parece que no cupiera nadie más, lo ideal será moverse.
¿Se imagina un paisaje desértico y con formas extrañas en la mitad de este paraíso tropical? En el norte sí es posible y se llama Caatinga.
En este único bosque seco tropical se pueden encontrar más de mil tipos de plantas, 178 mamíferos, 591 aves 79 anfibios y otros cientos de reptiles, entre ellos el armadihllo tatu bola, la mascota del mundial 2014.
Fue este paisaje semidesértico que inspiró a Mario Vargas Llosa a escribir su famoso libro El fin del mundo, donde se relata un extraño mito de salvación, que se realizaba en tiempos antiguos.
Desde Natal son muchísimas formas de recorrerlo, pero la notable es hacerlo al más puro estilo marroquí: En camello. Hace años un suizo bajo el hechizo de Yemanjá, se instaló y trajo 20 camellos desde Siria. Hoy por 60 reales se puede pasear a lo Robert De Niro o Richard Gere, quienes se asoman de vez en cuando por este lugar, según cuentan los locales.

COMO LLEGAR

Maceio: Vuelos diarios LAN y/o TAM desde Santiago, con conexión en Sao Paulo o Río de Janeiro. NATAL. Vuelos diarios LAN y/o TAM desde Santiago, con conexión en Sao Paulo o Río de Janeiro.