No hay duda de que los vikingos se ablandaron con los siglos. En Bergen, Noruega, se respira Navidad en cada esquina. Campanadas y risas infantiles son parte del paisaje en el último mes del año, donde cada habitante ayuda a crear la ciudad de galletas de jengibre más grande del mundo. Una réplica de la localidad que, en años anteriores, ya ha alcanzado los 380 metros cuadrados.

La ciudad dulce, conocida como Pepperkakebyen se instala desde mitad de noviembre hasta Año Nuevo, en el centro de Bergen, en la plaza Sentralbadet. La tradición comenzó en 1991 y hasta ahora se ha realizado de forma ininterrumpida, uniendo ya varias generaciones.

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La pasión con la que celebran esta fecha se remonta al pasado. La fiesta del Yule conmemoraba el solsticio de invierno, y una de las tradiciones era adornar un tronco para luego quemarlo. Ese sería uno de los orígenes del ábol navideño.
Además de tradiciones nórdicas y ciudades de azúcar, Bergen tiene más que ofrecer. Y hay que comenzar por una de sus mayores atracciones: el muelle de Bryggen. Es más, lo recomendable es que ésta sea la puerta de entrada a la ciudad. La mejor forma para hacerlo es en crucero. Existe un centenar de combinaciones posibles, pero las más destacadas son desde Copenhague o Islandia y así aprovechar de recorrer la costa noruega.

Al llegar a Bryggen, la postal de bienvenida es un murallón de coloridas casas que mantienen una simbólica arquitectura del siglo XIV, merecedora del título de Patrimonio de la Humanidad desde 1979. Toda la costa está asentada en un fiordo y es adornada con luces multicolores durante la fecha, mientras que el aroma de las especialidades de la casa se encuentra cerca y llaman a degustar lo mejor de la gastronomía local.

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CULTURA ESCANDINAVA

Si se visita durante diciembre, la idea es probar una de las preparaciones emblemáticas: el pinnekjøtt es el plato de fondo navideño por excelencia, delgadas costillas de cerdo cocinadas al vapor sobre ramas de abedul y casi siempre acompañado de papas cocidas. Otro de los clásicos es Lutefisk, aunque puede parecer simple: pescado seco dejado en agua junto a soda cáustica. Una antigua receta para conservar la comida que sigue siendo parte de la dieta de los berguenses.

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Preparando las ansias navideñas, visita obligada es la infaltable obra Putti Plutti Pott & Santa’s beard, de Per Asplin, en la sala Grieghallen. Tan clásico como para nosotros es el Cascanueces, para ellos lo es la obra de Per Asplin que relata la historia del nieto del Viejo Pascuero y cómo debe devolverle la barba a su abuelo, si no no habrá Navidad.

Siguiendo con los panoramas familiares, el primer domingo de diciembre el lago Lille Lungegårdsvann se ilumina toda una noche por el Festival de las luces. Turistas y lugareños se reúnen con antorchas para ser testigos de un espectáculo de fuegos artificiales que compite con las auroras boreales del Noruega norteño.

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Si la intención es adentrarse en la geografía local, la mejor opción es tomar un tour por ferrocarril hacia Vosso. 100 kilómetros de recorrido en nueve horas donde conocerá el fiordo de Nærøyfjord y la indómita naturaleza escandinava.
Al volver a Bergen, es bueno tener en cuenta la ferviente emoción con la que celebran esta fiesta. Todos los sitios turísticos avisan que el 24 de diciembre las tiendas cierran desde las 15:00 horas, prolongando el descanso hasta el día 27.