Crucé la frontera a pie, tal película de inmigrante. Ahí figuraba con mi mochila Doite al hombro lista para entrar a territorio camboyano. Nos trataban de vender visas en todos lados, nos aseguraban que al no tener los formularios no podíamos cruzar. Mucha gente caía en sus engaños, pero nosotros afortunadamente nos libramos de esas pillerías.

Lo primero que llama la atención en el lugar, son los mendigos, niños empolvados, madres embarazadas pidiendo comida, oficiales risueños, mancos, ancianos en las últimas, negocios de comida y alcohol, perros cojos y con tiña, vendedores de joyas e incluso un lujoso casino con lámparas del cristal. El olor me recordó por breves minutos a la India, dicen que el olfato es el sentido que más despierta la memoria.

En el cruce de Poipet, me dio la impresión de que había tráfico de lo que uno quisiera. Se podía respirar en el aire el ambiente turbio, pero no tengo la certeza porque no lo vi.

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Al cruzar tomamos un auto para llegar hasta Siemp Reap, pero mi impresión era tal, que pedí al “taxista” que esperara unos minutos para que yo sacara fotos. Me bajé del auto con mi gran cámara que no pasa desapercibida y comencé a fotografiar a los niños que jugaban. A los pocos segundos llegaron sus mamás, algunas nunca habían visto una cámara digital y otras nunca se habían fotografiado con sus hijos. Terminé haciendo una sesión de fotos express hasta que llegó un grupo de hombres un un tanto “patudos”, entonces decidí seguir mi camino y subirme al auto. En ese pequeño trayecto al menos ocho niños me seguían pidiendo dinero o fotografías.

Llegar a Cambodia ya había sido un asombro. Poco y nada sabía de este país, había escuchado de la gran masacre de Pol Pot, y que las elecciones presidenciales nuevamente las había ganado el Presidente Lon Nol, a pesar de que a la mayoría no les simpatiza.

¡Phnom Penh imperdible!, la historia de Cambodia

Siempre he sido partidaria de conocer las capitales porque siento que son una especie de radiografía del país. Phnom Penh, la capital de Cambodia, es una ciudad de muchos contrastes. Mientras un mayordomo te recibe en una elegante y moderna relojería, la gris y polvorienta tienda del lado apesta con olor a podrido, los niños juegan a pie pelado y los padres con poleras arapientas reparan neumáticos.

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Por las calles o andas en tuk-tuk o te subes a un Range Rover. Cuesta encontrar el punto intermedio, y mientras pasan las horas te das cuenta de que esa es la realidad. Ni en India había visto a una recién nacida viviendo en la calle o a familias completas mendigando pan.

Imperdibles:

Recomiendo visitar Choeung Ek Genocidal Center, también conocido por The Killing Fields. Cerca de dos horas dura el desgarrador y silencioso recorrido por los campos de matanza, punto por punto una audio guía explica el contexto histórico de la peor matanza que la humanidad ha vivido. Los jemeres rojos, como fue llamado el ejército de Pol Pot, entraron a Cambodia con ideas maoístas, nacionalistas y comunistas al extremo. Entre los años 1975 y 1979, los jemeres rojos mataron a casi cuatro millones de habitantes en una población total de ocho millones. Las torturas son de una brutalidad indescriptible. Ir a este lugar te hace sentir el dolor de la época, se pueden escuchar testimonios reales de los mismos soldados o de gente camboyana que debía matar a sus pares por mandato. Rendir unos minutos de silencio y botar unas cuantas lágrimas es parte del tour.

Museo Toul Sleng:

Luego de visitar los campos nos fuimos al museo de torturas, un colegio de la elite que fue usado para torturar a los presos y sacarles información. Las salas están intactas con las camas metálicas y los instrumentos de tortura.

Personalmente fue mucho visitar ambos memoriales, así es que no estuve más de 20 minutos y decidí salir del complejo. Creo que con Choeung Ek es suficiente, es muy completo y te deja muy triste para seguir un día normal. A la salida del museo, tuve la suerte de compartir con uno de los presos sobrevivientes al régimen del terror. Luego supe que sólo habían sido siete los sobrevivientes…

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Koh Rong: ¿arena o nieve?

Es la arena más blanca que he visto en toda mi vida, incluso me llegaban a doler los ojos. Si eres amante de las playas, no puedes dejar de visitar este pequeño paraíso, además entre tanto templo y museo es bueno darse un recreo.

Koh Rong es una isla en el sur de Cambodia conocida por su alucinante belleza. Lo bueno –además de la isla– es que hay muchísimas actividades para hacer, como kayac, snorkelling, trekking y paseos en motos por el interior de la selva.
No voy a mentir, cuando me bajé del bote y pisé tierra había bastante basura y quise salir arrancando, pero me fui más lejos del pueblo y disfruté de esta maravilla.
Consejo útil: visitar esta isla sin luna llena para poder ver las noctilucas en la noche.

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