San Marino
Herencia de picapedrero

La serenísima República de San Marino —popular por sus estampillas y monedas de colección— está literalmente en la punta del monte Titano, un montículo de 739 metros de alto y 61 kilómetros cuadrados, donde habitan 32 mil personas. El único transporte público para llegar hasta alguno de sus siete poblados es un pequeño autobús que sale de la estación de la ciudad italiana de Rimini, cada vez que  llega el tren a la capital de la Emilia Romagna.

Pasando el letrero azul con las estrellas de Europa, que anuncia la frontera, se sale de Italia y comienza la escalada hacia el castillo de la Cesta, ubicado en el pueblo capital que está en la misma punta del Monte Titano.  Al subir por el intrincado camino de solo dos pistas no cuesta mucho imaginar cómo en el siglo IV, el fundador del país, Marino de Abra, un picapedrero cristiano que posteriormente fue canonizado, y trabajaba en la reconstrucción de Rimini, se escabulló junto a un grupo de cristianos huyendo del emperador Diocleciano y ya nunca más nadie pudo hacer que bajara de la cumbre. Así nació el país más antiguo de Europa.

Liechtenstein
Refugio oscuro

Cruzar el Rin frente a la ciudad suiza de Sargans lleva directamente al Principado de Liechtenstein (161 kilómetros cuadrados y 37 mil habitantes). Desde el cerro, que respalda todos los pequeños pueblos de la ribera, vigila omnipresente el Castillo de Vaduz. A sus pies decenas de bancos internacionales esperan a intermediarios y clientes

Sólo está habitado por los príncipes desde la Segunda Guerra Mundial. Antes estaba abandonado como todo el valle, que era sólo un bucólico remanso de pastores que se había independizado del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806.

Liechtenstein es uno de los principales paraísos fiscales de Europa desde que en 1938 Franz I abdicó a favor de su sobrino nieto Franz Joseph, padre del actual soberano, que se alió con la neutral Suiza y se dedicó a vender visas y estada a los judíos ricos que escapaban de Hitler a cambio de depósitos e inversiones, lanzando al país a su destino de banquero universal. “No somos un paraíso fiscal, somos un refugio seguro”, alega su primer ministro.

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Andorra
Paraíso de montala

Hasta hace diez años, los españoles se divertían yendo a Andorra a comprar productos sin impuestos. Las colas de automóviles en vacaciones o festivos provocaban tacos inmensos. Pero desde 2010 —cuando se les exigió transparentar sus negocios bancarios para entrar al Consejo de Europa y a Naciones Unidas— los precios son similares a los de España.

Sin embargo, para algunas de las grandes fortunas ir a depositar efectivo en sus bancos secretísimos, para no confesar de dónde lo han sacado, sigue siendo una costumbre. Aunque ahora no basta llegar con una maleta de dinero abrir una cuenta y que nadie pregunte nada. La policía francesa y española están detrás de cámaras y micrófonos indetectables.

Sin duda, el Principado —con 462 kilómetros cuadrados y 85 mil habitantes— a pesar de las restricciones, sobrevivirá. En medio de los Pirineos rodeado de bellas cumbres, estupendas canchas de ski y unos spa inolvidables, todavía lo visitan más de diez millones de turistas al año.

Monaco
La casa del monje Grimaldi

Mónaco, junto al Vaticano y Singapur es una de las tres ciudades-estado que quedan en el mundo. La gobierna la familia Grimaldi, desde su independencia de la República de Génova en 1297.

El principado —con dos kilómetros cuadrados y 37 mil habitantes— vive del turismo que atrae el casino, el Rally de Montecarlo y el Grand Prix de la Fórmula 1. El casino fue creado por el príncipe Carlos III, en 1857, cuando el juego estaba oficialmente prohibido en Francia e Italia lo que le permitió ganancias considerables para desarrollar el estado y sobre todo eliminar los impuestos de los inversores extranjeros que trajeron efectivo a manos llenas sin necesidad de declarar su origen. 

Mónaco significa monje y fue Francesco Grimaldi, el fundador de la dinastía quien se disfrazó como un monje franciscano para apoderarse del castillo con su primo Rainiero I, Señor de Cagnes, y una montonera. Por esta misma razón en el escudo de Mónaco aparecen dos monjes armados con espadas.