Aunque era un número que se veía muy lejano en el comienzo de mis 20, un día ese número llegó. Sinceramente no me importa la edad como numero o por sentir que me voy a poner vieja o algo así, por fortuna y las decisiones que he tomado he podido hacer de estos 30 años una vida llena de vida, de aventuras, de amores y desamores, de amistades profundas, de lazos maravillosos, de aprendizajes, de elecciones que me hacen estar orgullosa de quien soy hoy día.

Previo a estar de cumpleaños y por todo este devenir desde que llegué a Chile he estado muy reflexiva, debo reconocer que no siempre son los mejores pensamientos, a veces te encuentras desde el lado oscuro de la vereda y ese lado duele mucho, te cuestionas y te vuelves a cuestionar, y bien sabemos que la mente es tu mejor aliado o peor enemigo. Lo bueno de ese lugar oscuro es que la más pequeña chispa de luz puede iluminarte y clarificarte completamente.
Los 30 se volvieron un suceso porque supuestamente hay cosas que deberían haber pasado hasta aquí, eso que la sociedad esperaba de ti, eso que tal vez algunos esperaban de ti, eso que quizás yo misma esperé de mi en algún momento. Tengo claro que yo no soy una persona común en cuando a cánones sociales, yo decidí tomar el camino de la deriva, pero eso también a veces pesa, a veces duele y a veces te lo cuestionas, ¿Quién soy? ¿Qué tengo? (y no me refiero a cosas materiales), ¿Qué he hecho de mi vida? Se suponía que tenía que estar siendo actriz, ganando plata, en una relación estable con prospectos matrimoniales, tal vez hijos, porque sí, yo también pensé en algún momento de mis 20 que esa era yo y que así sería, bueno hoy ya sé que esa no soy yo. Soy otra, no mejor ni peor, pero con un estilo de vida diferente, que yo escogí pero que también asusta a ratos.

Como les conté en el post anterior no ha sido fácil estar de vuelta, hace unos días leí un post de un blog viajero que decía exactamente todo lo que he estado sintiendo. Decía que volver “a casa” era mucho más difícil que haber decidido irse en un principio, que fuerte resonaron esas palabras en mi corazón. Una amiga sin ni siquiera saber lo fuerte que me llegarían sus palabras me dijo: es que ahora te has transformado en una nómade en tu propio país, porque sigues estando en tránsito, de paso, donde sientes que no perteneces a nada ni a nadie, donde no son los otros los que han cambiado, eres tú la que ya no es igual, y aunque intentes explicarlo una y otra vez no hay palabras suficientes.

Fiorella-ok

En mi adolescencia y hasta mediados de los 20 siempre fui de esas personas que trataba de agradar, hacía muchos esfuerzos por mucha gente porque sentía que lo valía y supongo que porque llenaba mis propias carencias haciéndolo. Día a día me fui dando cuenta que eso no era así, y eso duele y decepciona, no porque “que pena que no me den lo que doy”, si no porque de verdad para mí el mundo funciona así: ayudándonos entre todos lo más posible. La vida se trata de hacer esfuerzos por los otros, el interés se demuestra en tiempo y en detalles, en ser empático con los demás, pero no puedo pretender que todos lo vieran así, hoy en día esa Fiorella ya no está más. Está dentro de mí, pero solo para esas personas que me suman, que no juzgan mi evolución y que están dispuest@s a hacer el esfuerzo. Sé que esto a algunas personas les choca, porque me volví un poco más indolente y fría y nunca fui así, pero es que ya no soy la misma, y de hecho sería terrible si lo fuera porque no estaría evolucionando.

A pesar de mi nueva “frialdad” sigo siendo una llorona que se emociona con un alumno diciéndome que el Yoga le ayuda a mejorar las cosas malas que tuvo su día, o que llora con una canción y por más Yoga que practique para volverme fuerte emocionalmente, esa es una parte de mí que sigue muy expuesta y realmente no sé si un día dejará de ser así. La diferencia creo es que antes lloraba más por lo que pensaba era injusto de la vida, hoy me emociono cuando las acciones de las personas me conmueven y claro también cuando las acciones de las personas se alejan demasiado de la realidad que yo entiendo. A veces creo que debería ser más fuerte emocionalmente, sí, pero creo que luego me perdono pensando que sentir las emociones a concho no me hace más débil, me hace aprender a lidiar con ellas y de a poco a seleccionarlas para que sean tu aliado y no tu enemigo.

Bienvenido el nuevo folio, que siento sigue trayendo más fuerte la búsqueda del balance y la identidad en todos los sentidos, en esa búsqueda las ganas de emigrar de Chile se han hecho sentir fuertemente de nuevo, y sinceramente espero encontrar una estabilidad dentro de esta constante inestabilidad; porque bien sabemos que, aunque mucho busquemos afuera nunca vamos a encontrar lo que está adentro. Espero poder seguir nutriéndome para compartir más lecciones del Mar, de los árboles, el río y las puestas de sol.
Más sobre mis aventuras en Instagram: @fioreyogini

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