Cada plano, cada escena, ya sea en exteriores o interiores, de la serie “The Young Pope” es un impacto estético, un regocijo para la vista del espectador. Es el sello minucioso de Paolo Sorrentino, el ganador del Oscar 2014 por la impresionante “La Gran Belleza”.

El director hace su estreno en la TV, siguiendo los pasos de reputados cineastas, de la mano de un elenco imposible más estelar: Jude Law, Diane Keaton, Javier Cámara, James Cromwell.
Sorrentino eligió para su debut en la pantalla chica un terreno que conoce: Roma. Más concretamente, El Vaticano. Porque esta es la historia de un Papa insospechado: un norteamericano de 47 años, Lenny Belardo, que ha escogido el nombre de Pío XIII.

Cuando parte la serie (10 capítulos), Belardo ya ha sido ungido y con toda la pompa y ceremonia del caso camina hacia el balcón para pronunciar su homilía frente a la multitud congregada en la Plaza San Pedro; se despacha un discurso delirante. Sonríe como modelo de ropa de marca y hace gestos a lo Evita. Los cambios revolucionarios que anuncia dejan perpleja y muda a la muchedumbre y a un par de cardenales desmayados.

En realidad, se trata de un sueño. A Belardo, o Pío XIII, le tomará su tiempo dar ese discurso. Y Sorrentino jugueteará bastante con elementos oníricos, flash-backs, imágenes no muy esclarecedoras y algunos gotas de surrealismo para ir develando qué ha ocurrido antes en la vida de su protagonista.

Lo que sí irá quedando claro en el primer capítulo es que este joven Papa parece comportarse como un niño caprichoso que acaba de heredar una corona, que fuma donde no se debe, desconcierta al mayordomo con su petición de desayuno y hace afirmaciones desconcertantes para luego decir que se trataba de una broma.

Pero Belardo es astuto, sagaz, sarcástico y puede llegar a ser algo sádico. Humillar a ciertos egos cardenalicios que lo rodean le provoca placer.Antes de que lo conozcan los fieles, dentro de palacio se habrá hecho de varios enemigos.

 “Soy intrigante, vengativo y tengo una memoria prodigiosa”, le espeta, con sus modos encantadores, al demudado cura confesor, a quien lo insta a compartir las cuitas de toda la curia que los rodea. Ni él ni nosotros sabemos si habla en serio.

Como si no fuera suficiente el shock, desecha a quienes por escalafón sentían que les correspondía ocupar el poderoso cargo de asistente personal, para dárselo a una monja. No una cualquiera, cierto: a Sor María (Diane Keaton), quien lo criara de pequeño.

Tras el desparpajo, el ineludible encanto que derrocha con su sola presencia y la actitud provocadora del nuevo Papa hay un niño melancólico, con un pasado que sus enemigos se encargarán de sacar a la luz. Salpicados de humor, ironía y sarcasmo los diálogos y situaciones son deliciosas.

Jude Law construye este elegante e impredecible tiranuelo de manera tan precisa y acertada que es capaz de confundir hasta al espectador. Y sí que lo hace: porque lo que aparenta ser en el primer episodio es exactamente lo contrario de lo que es. Este Francis Underwood del Vaticano y sus adláteres tienen mejores modales y se desplazan entre lo más refinado de la cultura occidental, pero la intriga y la pulsión por el poder los domina por igual.

Y Sorrentino parece haber comprendido que esto va por ahí.

FOX Premium.

Desde el domingo 12 a la medianoche.

Desde el lunes 13, la primera temporada completa de 10 capítulos en la App de Fox.

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