Es un fenómeno underground. No todo lo subterráneo tiene que ser cool. También lo son esas cosas que suceden bajo el radar, que crean un lenguaje que algunos entienden y, en el caso del matinal Mujeres Primero, un humor de los que pueden ver más allá de lo que pasa en pantalla. Mezcla de desconcierto y risa.  

No se trata de hablar de TV. Está en un canal, pero este espacio silenciosamente en un producto de culto. Es como El Mundo Según Wayne de los matutinos. Como la película, parece ser un show transmitido desde un sótano sin saber el fanatismo que despiertan ‘en la superficie’.

De su evidente precariedad aparecen propuestas inéditas, especialistas deslenguados y segmentos de moda. La pregunta es ¿ellos sabrán? ¿Verán la misma delicia que una sintoniza?

Ejemplos sobran. Lecciones de maquillaje para inventarse ‘calugas’ en el abdomen. Serias propuestas couture desde carritos de ropa de poliéster. El ginecólogo que, en plena discusión para despenalizar el aborto, da el dato de una página web que tiene opciones de mezclas de pastillas que hacen el mismo efecto de la píldora del día después. ¡Puro rock&roll!  Y todo ante la juguetona, pero ingenua mirada de las conductoras Antonella Ríos y Janine Leal (son Wayne y Garth).

Es un fenómeno que sólo se hace real en el reconocimiento del otro. Un “¡Yo también lo veo!” que surge de la boca de personajes impensados (por lo onderos, intelectuales, socialités o antiTV). No irá a ganar pronto un fondo CNTV, pero el programa tiene la mayor recompensa: sus fans no lo siguen, ¡lo aman! No es exageración. La confusión que generan en el recorrido matutino con el control remoto crea adicción. Uno no se queda pegado, pero tiene que revisarlo.

Un secreto. Placer culpable. Como el restorán chino en pleno centro cool de Providencia que transmite los partidos en HD y vende la cerveza en botellas de litro. Como el helado ‘de palito’ que se prefiere al sofisticado barquillo ulmo-chocolate belga. Como ‘ese’ brillo de labios escondido en la cartera de marca. Como esas cosas únicas que cruzan la frontera del culto a lo pop.  

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