Colgaba de la mano de Nicole Kidman con sus rulos y piel mate. Adorable. Simpaticón. Creció frente a los paparazzi desde el día en que sorpresivamente fue adoptado por la ganadora del Oscar y Tom Cruise. Pero hubo un período en que Connor (19) desapareció del mapa para reaparecer hace un par de años como un adolescente increíblemente atractivo, con una fila de chicas que esperaban salir con él. Un playboy sin necesidad de apellido luego de que se ubicara tras las perillas de los clubes más famosos de Hollywood como dj profesional, con escapadas jet set para animar fiestas internacionales. Aterrizó en Chile para ponernos a bailar  —ya un poco ‘tomado’ por la noche, con obvia necesidad de retornar al deporte— y demostró que tiene toda la onda. Su propia onda.

Hubo un momento en que saltamos de las celebridades a sus “infantes con estilo”, como Kingston (hijo del rockero Gavin Rossdale y Gwen Stefani) y Brooklyn (primogénito de David Beckham). Para qué decir de la prole de Brad Pitt con Angelina. Pero antes de ellos había una generación silenciosa que, como Connor, ahora despliega alas propias; independientes del célebre progenitor. Chicos hot que ocupan la TV, revistas, publicidad.

Uno con ADN irrenunciable de talento es Max Irons (28), cuyo padre es Jeremy Irons. Al igual que el ganador del Oscar y su mamá actriz, el guapísimo rubio —protagonista de la destapada serie The White Queen— tiene fans propias que con suerte ubican la película La misión.   

Scott Eastwood (28) dejó boquiabiertas a mujeres de todas las edades con una playera sesión de fotos que hacía aparecer los mejores días de sex symbol de su padre como una versión desmejorada. Ya tiene proyectos como actor. Obvio.

También en busca de camino propio está Chester Hanks (21), quien ya se cambió de nombre a Chet Haze. Nadie lo podría comparar con su papá estrella de Forrest Gump. Con unos abdominales de hierro, facciones marcadas y una mirada maliciosa, y hace música que está disponible en iTunes y un sexy video promocional en la web.

Detrás de las cámaras, el espejo de Jack Nicholson es su hijo Jay (22). Deja frías a las personas que se lo encuentran en los estudios hollywoodenses, cuando se pasea en los hangares y pasillos como asistente de dirección.

Al otro lado del Atlántico, James Jagger (29) sube a las tablas en papeles demandantes y es figura de las noches londinenses (como su padre Rolling Stones hace medio siglo), en clubes donde las chicas mueren por probar unos labios heredados de un mito.

Y pensar que hace poco se hablaba de los hermanitos Bridges.

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