Nadie sabe muy bien cómo nació Yerko Puchento: el periodista-caricatura que se colgó de la piel de otros reporteros de la farándula hace más de diez años siempre a través de la señal de Canal 13. Acostumbrado a abrir los fuegos de la polémica, no le importa dejar por el suelo al hijo de la Presidenta, a los políticos coludidos bajo las sombras de la corrupción y hasta saca roncha a sus propios compañeros de estación televisiva. Entre tantos vaivenes, dice que ha perdido muchas cosas, menos la memoria. Está orgulloso de su origen. “Soy hijo de una vedette con un general del Ejército. Pasé mi infancia en Villa Baviera y mi adolescencia en el Bim Bam Bum… A los 20 años me entere en el lecho de muerte de mi madre que era hijo de Luksic”, dice enjuagando lágrimas hilarantes de tragicomedia. 

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—Yerko, ¿por qué cambió su habitual rutina de humor y ahora se va en picada contra la clase política?

—Cambia lo superficial, cambia también lo profundo y así como todo cambia que yo cambie no es extraño (y lanza lejos su pañuelo lacrimógeno en señal de fortaleza).

—¿Está contento en el país que estamos viviendo?

—La verdad es que me gusta más el país que imagino, el que seremos cuando nos dejen tener matrimonio igualitario ¡ahora! Sí, ya lo dije y qué. 

—Ahora puede explayarse libremente sin peligro de amonestaciones. ¿Quiénes tienen que caer?

—Orale cabrón. Prende esa pinche grabadora y nos fuimos güey. Tienen que caer desde la torre Paulmann todos los que se coludieron para subir el precio de los buses en Semana Santa. También los que vendían agua en Chañaral a veinte lucas, los que manejan con el celular en la mano, los que les piden boletas a los parientes para declarar menos, los que cometen errores involuntarios, los que se juntan con dueños de bancos para tramitar créditos express,  los que derraman petróleo en nuestras costas y desaparecen como si nada y silbando. Y, sobre todo, esos parlamentarios que siguen permitiendo que un libro pague IVA y salga más caro que una botella de pisco. Por eso estamos como el loly… Uyyy. Lo tenía hace rato en la punta de la lengua. Ahhh… Ya entregamos la luz, el agua, el gas. Lo último es que también entreguemos las revistas.

—Hay mucha rabia en usted… ¿En qué momento se convirtió en un guerrillero para defender el pueblo? ¿Es cierto que tuvo entrenamiento en la selva?

—Tuve muchos años de entrenamiento en el Congo, donde si te agachai te podían quitar la vida. Después fui a Camboya, lo que me permitió trabajar en Chile con muchas camboyanas. Ay qué pelador. ¡Calla Yerko, calla!

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—Pero hizo el servicio militar en Chile también.

—El servicio lo hice al interior de Villa Baviera. Era un grupo selecto y de elite. Recuerdo que estaba con Pamela Jiles, Carlos Pinto y Fernando Solabarrieta que lloraba todo el día.

—¿Qué es lo más difícil de estar en la trinchera,  durmiendo con soldados en campamentos sucios? Por qué no vuelve al glamour mejor.

—Yo fui parte de Patria y Libertad. Compartí muchas trincheras con Pablo Rodríguez y Checho Hirane. Fueron tiempos difíciles, de noches sin dormir. Nuestra única distracción era cuando nos visitaba la Paty Maldonado y guitarreábamos con el Mamo Contreras y Rodolfo Navech. Después ingresé a la Democracia Cristiana motivado por un amigo cura. Luego caché que él no debía ser cura ni yo DC. Se llamaba Karadima.

—¿Conoce a Fidel Castro?

—Sí, claro. Fui con Lavín la primera vez y volvimos con la idea de poner la escuela de teatro en la Universidad del Desarrollo. Y después Max Marambio me regaló unos pasajes que no iba a ocupar y regresé a la isla.

Seguir sus pasos no es fácil. Tal como si fuera un mosquetero que esconde su personalidad con maquillaje y disfraz, esta vez fragmenta sus tiempos para enfrentar el lente y las preguntas de CARAS. Camino a Canal 13, entre bambalinas y antes de su presentación en Vértigo, lo acompañamos en su alocada carrera por soltar las carcajadas de una teleaudiencia que lo tiene con más de 21 puntos de rating cada jueves. Mientras en el escenario es el propio actor Daniel Alcaíno quien da forma a un renovado Yerko, está el trabajo del libretista Jorge López Smith. Ambos repasan la actualidad y van hilvanando un relato que después sigue su construcción incluso en vivo. Mientras Puchento aparece libre y acechante frente a las cámaras, un audífono lo mantiene siempre conectado a una ‘bóveda’ de locución. Desde ahí es el mismo López quien va dirigiendo la pauta, desclasificando chistes, cambiando el tenor de las intervenciones. En rigor, este monstruo tiene dos padres que han logrado destronar a las teleseries turcas de la competencia y encender las arenas políticas con acidez de comedia desbocada. Ni tan de izquierda ni tan de derecha, se asume y por lo mismo su lucha tiene lema de justicia social. “Sí señor. Firme junto al pueblo. Hay que decirlo. Eramos el jaguar de América y nos fuimos al hoyo junto a los 33 mineros. Mi general Pinochet nos dejó un país próspero y pujante. Después caímos en los Foxley, Eyzaguirre y Velasco. Pero llegar a este ministro Arenas que juntaba las chauchas para tomar la micro fue descender del zenit al nadir… Si no saben lo que significa, busquen en Wikipedia”, arremete sin compasión.

—Dígame cuándo comenzó este caos político. ¿Quiénes son los responsables de este descalabro?

—Tiene que haber sido cuando los españoles se juntaron con los indios… Jajajaja. No, son bromas. Yo creo que todo empezó a cagar cuando un día 11 de septiembre de 1541 Michimalonco quemó Santiago, porque desde entonces nos vienen cuenteando con la reconstrucción.

Su discurso habla de una nueva valentía revolucionaria. ¿En qué momento cambió la dirección de su lengua filosa? ¿Le pasó algo?

—(Contesta con mirada angelical y religiosa) La verdad es que recibí un llamado de la ‘Señora’ y todo cambió. Ay, se me salió otra vez. De eso no puedo hablar. Calla Yerko, calla.

—Con tanto desparpajo, parece no tenerle miedo a nada… Pero algo debe detenerlo. ¿A quien le teme de verdad?

—Le temo a Crespita Rodríguez, a encontrarme en el sicólogo con Dávalos, a salir en la lista de Soquimich, a tener un romance con Ponce Lerou y a embalarme con él. También me da miedo confesarme a solas con el cura Barros. ¡Ay qué miedo!

—¿Ha leído a Pedro Lemebel?

—En la universidad una vez un profesor bien comunista nos hizo leer sus libros y me fascinó su lenguaje finamente barroco. Aunque confieso que siento un placer culpable por Pablo Simonetti. Sí, ya lo dije y qué… Es que me recuerda mucho a Jaime Bayly con quien fuimos pareja.

—Seguramente algo tiene que decir de las políticas culturales del país.

—Lamentablemente después de la salida de Luciano (Cruz-Coke), el Ministerio de Cultura se llenó de rotos. Ojalá algún día la Paris Parade pase por las calles Zapadores y Guanaco. Ahí recién les voy a creer.

—¿Por qué decidió alguna vez ser el Yerko de zapatos de charol y chaqueta de lentejuelas?

—Mmm. Al principio partí usando un terno de terciopelo negro que le quedó chico a Lucho Jara. Después apareció el exquisito de Ricardo Oyarzún que me hizo brillar como un rubí. Hoy estoy en las manos talentosas de Andrea Figueroa que, con tres chauchas que le pasa el canal, es capaz de dejar mino a Ramón Llao.

Al principio, sus flechas siempre apuntaban al mundo de la farándula. Nadie olvida sus ácidos comentarios contra las ‘calcetineras’ que buscaban éxito a través de los ídolos de la selección de fútbol, su fijación por las ‘dotes intelectuales’ de varias bellezas de la pantalla chica o sus disparos contra TVN, el canal que según él en cualquier momento será con suerte noticia de obituario. Cansado de una opinología floja y en desuso, ahora mueve su lengua al compás del fusil y sus municiones tienen como blanco seguro a la clase gobernante, a los coludidos y al entorno inmediato de la Presidenta Bachelet.

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—¿Cómo cree que se llevan a estas alturas el ministro Peñailillo con Sebastián Dávalos?

—Ahora no sé. Pero era notoria la bronca que le tenía Peñailillo al Epidemia. Cuando se enteró de lo que pasaba quedó con los pelos de punta.

—Cuando se refirió al Caso Caval y los 2.500 guatones lo nombró como el ‘Epidemia con aros’. ¿No se le pasó la mano?

Sí. Creo que fui muy duro y ofensivo… Le pido disculpas publicas al Epidemia por compararlo con Dávalos.

—Aparte de los terrenos en Machalí y la pulsera vip de Lollapalooza, ¿cuáles serían los próximos ‘davalazos’ según sus predicciones?

—Cualquier cosa, aunque ahora también hay que estar ojo al charqui con todo el poder adquisitivo que ha mostrado en este último tiempo Julio César Rodríguez: autos de lujo, ropa europea, restoranes y mujeres jóvenes. O hizo pacto con el diablo o está metido en Soquimich.

—¿Qué tendría que hacer Dávalos para que usted lo deje tranquilo?

—Tendría que depositar el 20% de sus ganancias en la cuenta 1861434825 del banco de mi papi a nombre de Daniel López, que es la sociedad de unos amigos.

—¿Qué le llevaría a la cárcel a cada uno de los implicados en el Caso Penta?

—El mismo pendrive que les pillaron ¡Pero con mis rutinas!

—¿Estuvo de acuerdo con el veredicto de tribunales?

—Por supuesto. Esos fallos son como las órdenes que le da la Diana Bolocco a Cristián Sánchez: el condenado sólo tiene que acatar… jajaja. Qué malo soy.

—¿Cuál hubiera sido una sanción realmente ejemplificadora?

—Los hubiera puesto a trabajar en el peaje a Viña para Semana Santa. La gente los hubiera empapelado a chuchadas. Pero mejor idea es que formaran una banda musical. Luego los llevaría al festival Monstruos del rock en el teatro Caupolicán y dejaría que los cabros los escupan todo lo que dura el recital.

—¿Ha probado la marihuana?

—Una vez la probé, pero se me apareció Jaime Guzmán y prometí que nunca más.

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—¿Y es verdad que Yerko va al mismo dentista de Farkas?

—Primero fue Kathy Barriga la que me dio el dato. Yo agarré papa y, para que me hicieran el descuento, se lo recomendé a Antonella Ríos. Ella se lo dio a Tatón y ahí se chacreó la cosa, porque el blanqueamiento no está en el Plan Auge todavía.

—Usted dijo que Cecilia Bolocco debería reemplazar en Vértigo a su hermana Diana que se va de prenatal. ¿Qué tiene nuestra Miss Universo que no tengan las demás?

—Ella nació con ese qué sé yo, ¿viste? Por eso llegó a ser primera dama en Argentina (sic). Ella no discrimina a nadie por su apariencia, edad, caracho, prontuario… Por eso se casó con Dulcito. Y Menem es Menem. ¡Los corruptos de Penta son cabros chicos al lado suyo!

—Si pudiera cambiar el escudo nacional, ¿como sería?

—Sacaría el huemul y el cóndor. Pondría en un lado al Epidemia con aros, en otro al Choclo Délano y en el texto de abajo diría: ‘Me enteré por la prensa’.

—Dávalos se juntó con el dueño del banco y luego dijo que era como si usted se juntara con el dueño del canal. “Un mal ejemplo”,  remató. ¿No le llamaron la atención?

—¡A mí no! ¡Al dueño del canal sí!

—¿No tiene miedo a quedarse sin trabajo? ¿En cuál cargo se imagina en el futuro?  

—¡Como arzobispo de Osorno! De todas maneras. Me gustan los cargos donde la gente expresa su cariño.

—¿Cuáles serían las campañas que impulsaría si fuera candidato presidencial?

—Haría sólo tres campañas: Presta el cuerpo con Ena. Sonrisa de epidemia con el guatón Dávalos y Raspando la olla con Iván Moreira.

—Son tiempos complicados… Finalmente si tuviera que lanzar su carrera presidencial, ¿a quién le pediría plata para financiar su campaña?

—¡A Penta nica! Aceptaría el aporte de la geisha porque es plata ganada con sudor y lágrimas, también la plata de Parived  que ha sido ganada con sudor y lágrimas, pero de Tonka.

—Para cerrar: ¿si Yerko cae en combate cuál sería su epitafio? ¿Cómo quiere que lo recuerde el pueblo de Chile?

—Me gustaría que mi lápida dijera: Aquí yace Yerko: Para que nunca más en este país un huevón tenga que vestirse de maricón para decir las cosas como hombre.