Lo de ellos fue verse y enamorarse. Aun así, no pudieron dar rienda suelta de inmediato a su amor por un pequeño gran detalle: Yann Yvin (51) tenía entonces una polola con quien convivía hace ya varios años. Era 1992. El primer encuentro fue en un hotel de Marruecos, hasta donde ambos llegaron de vacaciones. Valérie Flat (48, ingeniero comercial) viajaba con su hermana, mientras que el chef estaba en una especie de luna de miel junto a su pareja.

Coincidieron varias veces en las clases de tenis que ofrecía el recinto, y era tal la atracción entre ambos, que el profesor pensaba que eran pareja y los hacía jugar juntos. “Su ex novia algo intuyó, ya que de repente dejó de ir a la playa y terminó todas las mañanas sentada en una banca observándonos”, recuerda Valérie con su aún marcado francés, a pesar de haber vivido casi dos décadas en Chile.

Entre encuentros de pasillo e intercambio de miradas, llegó el día en que Yann debía retornar a Francia, por lo que decidió jugársela. Esa última noche al ver a Valérie en la discotheque, se acercó para despedirse con un beso en la boca, a escondidas —por supuesto— de su pareja. “Fue un beso robado, le puse la mejilla ¡y él me lo dio en la boca”, recuerda esta espigada francesa de sonrisa amplia, franca y sencilla; cualidades que conquistaron al ex MasterChef.

“Necesitaba una señal, ver su reacción… y sentí que le gustó”, explica él. Por eso apenas llegó de regreso a la capital francesa, rompió con su polola y envió a Valérie un fax al hotel de Marruecos con un dibujo de la Torre Eiffel y su teléfono para que lo contactara. “Dejó nuestro futuro en mis manos —aclara ella—. Me hice de rogar un poco… Al llegar a París esperé un par de días, lo llamé y le puse la condición que si yo entraba en su vida, debía salir la otra”.

“Como buen chef, en nuestra primera cita, en vez de flores, ¡me trajo zapallos de todos colores!”, rememora Valérie muerta de la risa, dando muestra de su sentido del humor. Tres salidas bastaron para darse cuenta de lo parecido que eran e iniciar un romance que ya lleva 24 años, con dos hijos Valentine (19) y Adrien (18) y una vida itinerante por el mundo que los tuvo 18 años en Chile —donde abrieron ocho restoranes y él se transformó en un codiciado hombre de TV— para instalarse en mayo del año pasado en Montreal (Canadá), donde la hija mayor de ambos estudió artes circenses con Le Cirque du Soleil y el menor cursa college.

La idea era partir juntos al país del norte como un proyecto familiar, sin embargo, los compromisos televisivos de Yann, primero con MasterChef y ahora como conductor del renovado matinal de TVN Muy buenos días, echaron por tierra los planes. Valérie debió instalarse sola con sus niños, mientras Yann iba y venía. Su nuevo contrato en Televisión Nacional le ha impedido moverse, sobre todo en esta primera etapa. Ahora es ella quien lo visita cada cierto tiempo.

Si él se reconoce patiperro, desapegado, que no echa raíces y vive buscando emociones nuevas; su mujer, no se queda atrás. “El es una montaña rusa y yo igual, soy de sangre aventurera; de lo contrario, no podríamos estar juntos. Me fui de mi casa a los 18, partí a estudiar a Estados Unidos, no me gusta quedarme en un mismo lugar. Y cuando uno de los dos afloja, él otro empuja. Eso sí, en nuestro último ‘plan Canadá’, Yann no se subió al bote y debí hacerme cargo sola. Fue un cambio drástico también para los niños, por lo que he tenido que ser coach, mamá, sicóloga… Se criaron en Chile, ¡son mamones!”.

En su primer año en Montreal, Valérie estudió inmigración canadiense. Su idea es montar allá y acá una oficina de consultoría que ayude a los extranjeros a sacar visa. En el tiempo que vivió en nuestro país abrió una tienda para Hermès, trabajó en la embajada canadiense y fue el brazo derecho de su marido en sus restoranes. Y aunque todo indicaba que aquí llevaban una vida tranquila —con Yann, además, triunfando en TV—, aún así decidieron dejarlo todo y partir de cero.

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Ambos sienten que aquí cumplieron un ciclo. “Nuestros hijos prácticamente ya se fueron, venía la etapa de estar solos…, pero veo que no es el panorama actual”, le sigue reclamando ella a su marido. El explica: “Me dejo llevar por el viento y por los proyectos que me llegan. Recibí la oferta de TVN y opté por quedarme un año más aquí. Tendremos una vida separada, pero no lejana”.

Trabajaron tantos años como banqueteros de matrimonios, que —confiesan— terminaron “chatos”. Esa sería una de las razones por lo que no se han casado. “¿Organizar el mío?, ¡no me entra en la cabeza! —asegura él—. Además, en lo cotidiano, no cambia nada. Creemos más en la confianza mutua que en un anillo”.

—¿Y ya se acostumbró Valérie a la repentina fama de su pareja?

—No me importa pa’ na’. Lo bueno que ocurrió justo cuando nos íbamos de Chile; mis hijos querían mantener un perfil bajo. A mí tampoco me conocían… hasta esta entrevista (ríe). Su nueva imagen pública no ha cambiado nuestra dinámica. En el condominio continúo saliendo en pijama a botar la basura, saludo a los vecinos…

—Yann: Y yo sigo yendo todos los lunes al supermercado. Estos meses solo, no tuve nana, hacía todo yo en la casa.

—Valérie: A ver, definamos ¿qué significa ‘todo yo’?

—Yann: Bueno, la limpieza, lavar la ropa, planchar, hacer las compras, encargarme del jardinero, limpiar la piscina, atender al perro…

—Valérie: Es verdad, aprendió. Eso sí es desordenado, es más ‘artístico’; yo soy maniática con el orden.

—¿Estaba consciente usted Valérie del arrastre que él tiene con las mujeres?

—No sé qué significan los celos. Más que le dieran besos, me daba rabia que él les mandara besos a sus fans por las redes. ¡¿En qué minuto me mandó a mí?!, ¡nada!, ¡ni uno!

—Yann: Es que la gente me pedía…

—Valérie: ¡Ah!, ¿entonces tengo que pedirte por Twitter que me mandes uno? En el día a día no hay seducción…

—¡¿Pero cómo Yann?!, si todo este tiempo usted se ha vendido como un completo seductor.

—La seducción va más allá, empezando por nuestros hijos, la pareja, compañeros de trabajo. En la escuela hotelera este concepto te lo inculcan desde el primer día, vives en modo seducción, que va desde presentar un plato, poner una mesa, recibir a la gente.

—Ya, y con su pareja, ¿por dónde pasa la seducción?

—Valérie: Sí, ¿por dónde? —inquiere ella al chef—. Por mi parte, le preparo platos especiales…

—Yann: Es verdad que el día a día mata cualquier acto de seducción en la pareja, hay que recordarlo todo el tiempo. No porque en casa no te pidan besos, debes olvidarte de darlos. Es cierto lo que dices Valérie.

—El reclamo fue firme, sin rodeos.

—Valérie: Entre nosotros la cosa es sin pinzas. Eso sí, ninguno es rencoroso ni conflictivo.

—Yann: No, es una pérdida de energía y tiempo. No va por ahí la vida.

Tienen sus diferencias, aun así dicen ser muy partners. “Yo soy sencilla, no me maquillo y con suerte voy dos veces al año a la peluquería. Yann, en cambio, tiene su lado femenino desarrollado; es sensible, artístico, le gusta vestir bien, con decirte que a él le encargo la decoración de la casa y él es quien muchas veces me compra la ropa”, revela la francesa.

Suelen viajar, cocinar juntos, bailar tap y la improvisación es su sello. “Si vamos de vacaciones, arrendamos un auto y seguimos derecho nomás, hasta donde nos lleven las ruedas”, dice él. “Hemos pasado noches enteras con los niños en el auto buscando hotel. Parece que improvisamos demasiado, como que ya no estamos en edad para eso, ¿no?”, se cuestiona ella riendo.

—¿Vivir distanciados, pasa la cuenta de alguna manera?

—Valérie: Nos encargamos de que no ocurra. Todas las noches comemos juntos en el podcaste, como digo yo. Con los niños nos instalamos en la mesa cada uno con su plato, Yann con el suyo, prendemos el computador y conversamos vía Skype de lo que hicimos en el día.

—Yann: Con las nuevas formas de comunicarse no se nota la distancia, aunque extraño eso sí los fines de semana. Es triste ver la cama fría y vacía. Por eso me lleno de trabajo y me acuesto temprano, así compenso la falta de piel que necesito día a día.

Tratándose de un hombre noctámbulo, Valérie aún no puede creer que hoy —por su nuevo rol de conductor del matinal Muy buenos días de TVN— a las 10 PM el chef ya figure durmiendo. “Y antes, ¡yo era la fome! Hoy está convertido en un abuelito”.

—Yann: Tengo que preparar mi pauta —se defiende—. Pero es verdad. Por mi trabajo en hotelería, durante muchos años me acosté de madrugada, y hoy me levanto a las 5:30 AM; eso ya es novedoso.

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—¿Fue sorpresiva la propuesta de conducir el matinal de TVN, Yann?

—Absolutamente. Estaba en Canadá armando mi nido, cada día con menos ganas de volver a MasterChef. Me aburrí, hice tres temporadas; había cumplido un ciclo, no estaba motivado. Fue entonces cuando me llamaron para integrarme al matinal. Me entusiasmó que fuera un desafío más grande, con una dinámica variada, donde no sería solo el chef. Desde que salí de la cocina me planteé abrirme a otras experiencias, y el hecho de que no fuera lo mío, el no saber hacerlo, fue una motivación extra.

—¿Nunca temió no cumplir con las expectativas?

—Tuve susto, todas las mañanas llego al canal con la guata apretada. Es un programa en vivo, de cuatro horas, haciendo algo que jamás imaginé. Cada día tengo que rearmarme para afrontarlo, pero los desafíos son para superarlos. Y no ensayamos antes de partir, ¡me tiré a los leones nomás! Conocí al equipo en la marcha. No revisé otros matinales ni nada para no influenciarme, quería ser solo yo. El primer mes me costó, después ya me fui soltando. Me di cuenta, eso sí, de que los temas que suelen tratar son muy locales…

—A veces se le ve medio perdido.

—Si me hablan de un caso que ocurrió hace dos años, ¡no lo conozco! Tengo ese conflicto como extranjero de pensar que están pasando tantas cosas más importantes en el mundo, que encuentro que aquí nos quedamos pegados en un dato de un árbol… Eso me descoloca… Chile está encerrado entre mar y cordillera, y en el matinal se siente eso que el país no quiere salir de sus fronteras.

—¿Y tiene espacio para plantearlo?, ¿lo escuchan?

—¡Por supuesto! Están considerando esta visión de alguien que ve desde afuera los conflictos de Chile, que habla de frente aunque eso choque, pero que genera debate. Eso es lo que me interesa, los problemas sociales, de inmigración, cambio climático, la cocina… Hay temas que me apasionan y otros que no. Me pasó que nunca había escuchado hablar de Juan Gabriel, y cuando murió, ¡nos quedamos una semana pegados comentando de él! Ahí soy honesto, digo que no lo conozco y me pongo en el rol de espectador. No me complica sentir que no sé sobre algo y preguntar. Por lo general, la pregunta ‘huevona’ la hago yo nomás, ¡listo!

—Valérie: Está bien, ¿para qué improvisar de algo si no sabes? Rellenar por rellenar, 
no vale la pena.

—¿Apoyó esta apuesta de su pareja?

—Por favor, ¡adelante!, le dije. En Canadá él no tenía nada concreto; como estuvo allá poco tiempo, no alcanzó a recorrer lo suficiente para ver cuáles eran los mejores lugares para abrir un restorán. Y le advertí que no se le ocurriera hacerlo para después irse y dejarme sola a cargo. Tomó una buena decisión y lo ha hecho bien, aunque al principio me ponía muy nerviosa; era nuevo para él. Lo veía y pensaba: ‘pobrecitooo’, sobre todo cuando le tocaban temas que él desconocía, ¡no hablaba! Muchas veces incluso pensé que su micrófono estaba malo.

Christopher Carpentier dijo que a usted Yann solo le interesa la fama en televisión.

—No tengo planes de hacer carrera. Si mi contrato se acaba mañana, no me complica; esto es un anexo en mi vida, no mi meta final. La fama sube y baja, nadie puede proyectar su vida en la tele, menos yo que no soy de ahí. Me quedan miles de cosas por hacer todavía.

—¿Me va a decir que no le complicaría prescindir de los millonarios sueldos que la TV paga a sus rostros?

—Si eres dueño de un restorán tienes un sueldo; si lo vendes, ganas un buen billete. En la tele ganas un sueldo, pero si te vas, no recibes nada. Al final es lo mismo, no ha cambiado nada nuestro estilo de vida. No tengo más ni menos plata que antes. Tampoco me considero un rostro, no me gusta la palabra animador; es muy prematuro. Además Javiera (Contador) hace tan bien la pega. Me apoyo en ella; aún tengo un lado de espectador.

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—Pero está claro que el canal espera de usted un rol más protagónico para subir el rating, ¿no siente esa presión?

—No siento esa responsabilidad porque desde un principio planteé que no soy hombre de televisión. Tampoco alguien tan importante como para liderar ese proyecto. Entré por la puerta chica y veamos cómo nos recibe la gente; al final, el público decide. No me pongo ningún marco y el canal tampoco me lo exigió. Esta es una maratón; estamos en ese proceso. No hay presiones ni hablamos de rating.

—Sin embargo, se dice que la llegada de Cristián Sánchez fue por una mala evaluación suya por parte de los ejecutivos.

—No, son cahuines mediáticos de calidad dudosa. Al contrario, los jefes del proyecto me han dicho que están conformes. No me llamaron para reemplazar a alguien, sino para que fuera yo y a eso me he dedicado, a disfrutar del espacio que me dan, a conocer más a Chile. Cristián llega a sumar energía, buena onda y su entrada no ha hecho replantearme nada. Yo estoy bien, tranquilo y con otros proyectos en TVN.

—¿No es cierto, entonces, que tiene ahora mayores exigencias y que le habrían puesto hasta un coach para soltarse?

—Las exigencias son propias de la TV y comunes para todos, con el fin de llevarnos al primer lugar. Lo del coach es cierto, pero no sólo para mí, sino para el panel que, según entiendo, nos ayudará a conocernos más y a ser más cómplices en pantalla.

—Y con su espíritu inquieto, ¿tendrá la paciencia de correr la maratón completa sin desmotivarse en el camino?

—Es un desafío interesante que no me aburre, aunque también tengo ganas de hacer otras cosas más personales, como un proyecto social a través de viajes. Es una ventana que, incluso, se puede abrir en el mismo matinal. Me entusiasma partir a distintos lugares de Chile y desayunar con pescadores, artesanos, con la gente más humilde. Hacer, por ejemplo, un restorán gratis para darle a aquellas personas que han perdido hasta su dignidad humana, la posibilidad de ser servidas en una mesa. Se sabe que los supermercados botan toneladas de comida, mientras miles se mueren de hambre. Quiero hacer algo bien hecho y organizado para recuperar esos alimentos que suelen desperdiciarse antes de vencer. Tendré que ir a tocar la puerta del gobierno y de la empresa privada. Es algo factible de hacer, sólo requiere gastar energías. Mi momento comunicacional lo usaré para estos proyectos y sueños.

—Por lo visto, está proyectando su futuro en Chile.

—Valérie: En el día a día se verá, pero está claro que nuestros hijos querrán en algún momento volver.

—Yann: El viento lo dirá. Sería muy agradable una vida entre Chile y Canadá, tener la obligación de regresar y también de mirar este país a la distancia. Cuando regresas, ver de nuevo esa maldita cordillera, es demasiado placentero. Vayas donde vayas, sientes que te hace falta. Lo único que tengo claro, es que con Valérie queremos terminar en un lugar con mar, sol y un barquito. Con eso estamos listos.