Es famoso porque lo apodan “La voz de Dios”. Y no sólo porque interpretó al creador en la comedia Todopoderoso, sino porque aparece en calidad de deus ex machina en muchas otras producciones. La hermosa voz barítono y calma con un vibrato sublime de Morgan Freeman (79) es siempre solicitada para documentales y series. Esta temporada su ‘tono divino’ se une a su presencia durante La historia de Dios, que el canal NatGeo exhibe desde el mes pasado. Una especie de diario en un viaje espiritual que explora la relación humana con la divina en todo el mundo.

“No me considero religioso, ya no voy a la iglesia”, cuenta el ganador del Oscar. “Sin embargo, me asocian con una fuerza superior. Sí soy una persona espiritual, medito diariamente, pero, por favor, basta de esta cosa de ‘La voz de Dios’… ¡No quiero que se me vaya a la cabeza!”, implora con una sonrisa.

Freeman tiene mucho humor y juega como si se burlara de todo, sin embargo, es extremadamente serio y disciplinado con su trabajo. Fuera de cámara es productor ejecutivo de la serie Madame Secretary y tiene una lista de películas por estrenar, como el remake de la épica Ben-Hur. Lo único que lo frena —y que está a la vista— es un guante ortopédico que oculta una mano semiparalizada por el publicitado accidente automovilístico que protagonizó en 2008.

A punto de cumplir 80, sigue muy en boga, incluso entre los jóvenes. Al igual que Dios…

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—Después de este largo viaje hacia las religiones, ¿encontró a Dios?

—Creo que es difícil de encontrar. Hallé lo divino que hay en todos nosotros. Pero observo, soy muy curioso y una de las más grandes preguntas sobre la vida es la muerte…, y lo que viene después de eso. Todo eso está incluido en nuestras ideas de Dios y la religión.

—¿Intenta responder a esa pregunta?

—Varía. Para muchos Dios es la respuesta, para mí El es la pregunta. En este tema la ciencia y la religión se llevan bien: el big-bang coexiste con el creacionismo, la teoría de la evolución con el dogma.

—Viajó desde Texas hasta la India, de Jerusalén a Roma y Turquía para el programa. ¿Qué momentos son los más memorables?

—Recuerdo vivamente Bodaya (India) y el árbol de Bodhi. El maestro zen estaba en su clase,  se acercó y me dijo: Me gustas. Vio algo especial, tal vez mi sonrisa. Otro fue en Nuevo México con los Navajo durante la Kimoda, una especie de Bat Mitzvah tribal. Ahí una niña de 13 años pasa día y noche corriendo, mientras cosecha y cocina para estar en contacto con la ‘primera mujer’. Una búsqueda de la divinidad muy fuerte y conmovedora.

—¿Ha buscado lo divino en usted?

—Mi búsqueda comenzó y terminó cuando tenía 13 años; era parte de un club llamado IAH (“Soy suyo”). Leo la Biblia y aprendí que Dios está en todas partes, incluso, dentro de mí. Solía ​​ir a la iglesia bautista cada domingo, al igual que todos los negros de Mississippi, de donde soy. Esas misas son entretenidas: los coros, la música, los pastores con los gritos de sus sermones, la gente desmayándose. ¡Así comenzó mi pasión por la actuación y el melodrama!

—¿Qué lecciones ha aprendido?

—No sé acerca de lecciones, sí tuve un montón de estímulo al crecer. Era un buen chico e inteligente. Si eres así y vas al colegio, uno o dos profesores te van a guiar. Bueno, y eso me pasó.

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—Estará en una nueva versión de Ben Hur, ¿qué nos puede contar del proyecto?

—Interpreto a Hildarin, una especie de rico apostador en la Roma imperial. Es un criador de caballos de pura sangre y enseña a Ben Hur cómo montar carros. Es una adaptación muy precisa y fiel de la clásica de William Wyler en 1959 con gran cantidad de efectos digitales.

—¿Qué hace en su tiempo libre?

—Solía navegar en el Caribe en mi amado barco. Por mi edad y el problema de mi mano, reemplacé aquello con visitas a mi granja en Mississippi. Pero estoy siempre en movimiento. No tengo mucho tiempo de inactividad.

—¿A quiénes recuerda como mentores?

—Aprendí mucho de Stacy Keach y Viveca Lindford, con quienes estuve en mi primera obra off Broadway cuando era un veinteañero. Antes de ellos no había trabajado con actores de ese calibre. Aprendí que actuar es un proceso de entrega: das y tomas. Es como el karma en el Budismo. Nadie te enseña actuar mejor que otros actores.

—¿Tiene algún personaje pendiente?

—Si no fuera tan viejo diría Bass Reeves, un comisario en el Oklahoma de 1870, la única vez que en Estados Unidos primó la meritocracia. Actualmente me gusta ser productor y abuelo, ¡aunque temo que en el momento en que deje de moverme voy a morir!