Kore no debe medir más de metro y medio. De pelaje blanco inmaculado, en sus alas se mezclan distintas tonalidades de café y azules. Pronto cumplirá dos años y es parte de la primera camada de halcones peregrinos de la Patagonia nacidos en cautiverio. Su nombre significa “alba” en lengua selkman y es una suerte de hija de Felipe, a la que él nunca llegó a conocer. Su nacimiento al igual que el del resto de sus siete hermanos se convirtió en una verdadera obsesión para el animador. Un proyecto de largo aliento que lo motivó desde que el adiestrador y estudioso Cristián González se lo presentó por primera vez.

“Me acuerdo que le mostré unas imágenes y quedó impactado. No sabía que existía esta especie y la encontró preciosa. Ahí surgió la idea de traer algunos para que se reprodujeran en una zona segura y generar un stock para luego liberarlos”, explica González desde su parcela ubicada en la medialuna de San Guillermo, en Chicureo. Apenas a un kilómetro de los terrenos que el conductor habitó desde mediados de los noventa y donde hoy viven sus hermanos Francisco y Soledad.

Wp-vuelo-de-halcones-450

“Con mi familia pensábamos partir al sur pero Felipe insistió tanto que terminamos invirtiendo todos los ahorros en esta parcela”, dice, mientras se abre paso por el criadero donde conviven peucos, halcones y lechuzas con perros y gatos. A su alrededor, cada uno de los especímenes exhiben su singular belleza, pero es Alberta la que más sobresale. La halcón regalona de Felipe luce imponente como en los tiempos en que posaba junto a su dueño en las páginas de las revistas. Mirar esta escena es presenciar el sueño hecho realidad de dos amigos que se lanzaron a una aventura casi épica.

El primer encuentro que el creador de Luciano Bello tuvo con un halcón fue en su niñez mientras encumbraba un volantín en el campo. Desde entonces, su fascinación por las aves rapaces fue total. “La presencia potente que tenía Felipe en este lugar –dice González mirando a su alrededor– tenía que ver con esa cosa de sacarle el máximo de partido a todo. Le gustaba levantarse antes del amanecer y subir el cerro junto a los perros, pasar a ver los huevos de una águila y con suerte divisar algún halcón en los cielos”, revela. Testigo privilegiado de lo que Felipe hizo por otras personas, asegura que su presencia se siente a cada momento y reflexiona: “El vivía en un permanente desapego. Vivía relajado pero muy pendiente de su entorno. La logística se la veía su asistente, pero él se desvivía por los detalles, más aún cuando uno le contaba un problema. Una vez se me escaparon unos halcones y sin querer lo llamé por teléfono en medio de la desesperación. El se encontraba en cama y con fiebre, del canal lo habían mandado de vuelta de lo enfermo que estaba, pero en cuanto se enteró partió inmediatamente a ayudarme”.

“Lo pasábamos tan bien con él que después de su muerte todo lo que normalmente hacíamos lo encontrábamos fome. El mundo de los pájaros es súper solitario y nuestra amistad fue tan transparente que era imposible no extrañarlo. Me acuerdo de los viajes que hicimos a la Patagonia antes de recibir la autorización del SAG para traer a los primeros dos ejemplares”, evoca, con una sonrisa. “Nos reíamos harto de eso. Felipe era súper acampado y no se amilanaba con nada. Teníamos que bajar los acantilados y recorrer kilómetros y kilómetros a pie buscando las parejas de los halcones y cuando por fin las encontrábamos celebrábamos con gritos y abrazos”, relata, mientras sobre su guante Kore posa sus patas color amarillo y mira nerviosa sin dejar de mover la cabeza.

La partida de Felipe lo golpeó pero ocurrió algo inesperado y mágico. “Lo normal es que los polluelos nazcan al cuarto o quinto año porque durante los primeros años los halcones son muy nerviosos y no tienen la paciencia para estar echados fecundando los huevos. Por eso, si bien había entusiasmo no teníamos grandes expectativas de tener resultados ese 2011, el año del accidente. Felipe había partido hacía poco, estábamos en pleno luto, cuando una mañana fuimos a mirar y sentimos el ruido que hacen las crías al romper el cascarón. Fue una inyección de energía para seguir adelante porque literalmente nos estábamos yendo para abajo”, rememora con la emoción en los ojos.

Wp-felipe-road-450

En distintos niveles, Felipe estuvo siempre dispuesto a tenderle una mano a sus amigos. A veces con dinero para salir de algún apuro económico o financiar algún proyecto y otras con la contención que brindan las palabras. Y aunque esa ayuda traía implícito una petición de discreción absoluta, hoy a cuatro años del accidente que le costó la vida, la periodista Fátima Castro cuenta por primera vez su experiencia con quien fuera más que su mentor y amigo. “En la medida que podía ayudaba porque de verdad le hacía muy feliz apoyar a la gente”,  dice mientras prende el primer cigarrillo del encuentro. Hace un par de años que trabaja en la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer, Prodemu. Un destino que nada imaginaba cuando conoció al conductor en los pasillos de TVN. A finales de los noventa ella era una veinteañera recién salida de la universidad que buscaba abrirse paso en la televisión. Apasionada por los animales y con una personalidad extrovertida llegó al mítico equipo del “Pase lo que Pase” e inmediatamente hizo buenas migas con Felipe. Aunque no fue sino después de una intensa reunión de pauta, en la que sus notas fueron cuestionadas, cuando comenzó a tejer los lazos de una amistad comprometida e intensa que la acompañó hasta ese viernes 2 de septiembre cuando la vida de los 21 tripulantes del CASA 212 se apagó en las gélidas aguas del Archipiélago Juan Fernández. “Cuando terminó la reunión y todos se fueron me llevó a un rincón y con una ternura increíble me dio algunos consejos para hacerlo mejor. Se tomó el tiempo de explicarme cosas que uno entiende después de años de rodaje”, recuerda. 

No es secreto para nadie que fue en ese programa donde el también actor encontró el espacio que siempre había querido tener. Ahí, no sólo desplegó sus talentos en la pantalla sino que tuvo luego la visión de potenciar a figuras como Tonka Tomicic y Julián Elfenbein con una generosidad poco habitual en el medio. 

Para Fátima fue el confidente al que la periodista podía llamar a la hora que necesitara sólo para conversar. La amiga con la que regaloneaba y sostenía extensas pláticas en torno a la vida y el amor. Fue invitado de honor en su matrimonio y cuando ella y su pareja decidieron abrir un restorán, Camiroaga no dudó en ayudarla con el financiamiento. La conocía tan bien que no tenía duda de que el préstamo volvería a sus manos. Tal y como ocurrió, justo en el plazo estipulado, vía Rosa Elena Aravena. “Nos faltaba el dinero así que llamé a Felipe y me acuerdo como si fuera hoy. Le conté que había una posibilidad de abrir algo pero que estábamos en búsqueda del dinero y me dijo inmediatamente que sí. No lo pensó ni un segundo y nos invitó a su departamento a celebrar. Nos sirvió un whisky y nos dijo ‘cuéntenme todo’. Y ahí nosotros le explicamos y gozaba. De verdad que quería que nos fuera bien y se comprometió a hacer sus eventos ahí”.

El lugar fue bautizado como Fraterno. Estaba en la calle General del Canto, a pasos de la avenida Providencia, y aunque no fue un proyecto exitoso, Felipe honró su promesa y eligió el recinto para organizar ahí todos sus eventos y cumpleaños. Hasta ahí lo seguía la incipiente prensa de farándula que ya lo había elegido como uno de sus personajes favoritos. Fátima y su pareja lo protegían del acoso, mientras él respondía con cariños y mimos.

Cuando el Fraterno cerró sus puertas y el matrimonio llegó a su fin, la perra de la pareja —una hermosa pastora alemán que fue bautizada con el nombre de Uru— pasó a engrosar la gran cantidad de perros y cachorros que vivía con el animador en la parcela de Colina. “Como yo no tenía dónde tenerla, Felipe se hizo cargo. Fue un momento doloroso porque era como desprenderse de una hija. Pero no podría haber estado mejor en ningún otro lado”, reflexiona la periodista, quien casi dos décadas atrás ya había sufrido el impacto de otro accidente aéreo que también enlutó al país entero. En 1996, de regreso de unas idílicas vacaciones en Ecuador, junto a un grupo de amigas, estuvo a punto de ser una pasajera más del Faucett 251 que se estrelló en las montañas peruanas cobrando la vida de 117 pasajeros y 6 tripulantes. Esa experiencia le dio una sabiduría para enfrentar la muerte que le sirvió tras el shock inicial de esa tarde del 2 de septiembre de 2011. “La vida es aquí y ahora y de verdad pienso que Felipe se fue feliz. Como un verdadero rockstar”, afirma, al tiempo que confiesa que hoy su manera de conectarse con él es a través de los animales. “Nos pasa a muchos que sentimos su presencia de manera muy potente”.

Wp-sra-felipe-cami-450

Marisol aún no se recupera del terremoto que sacudió su vida en 2002, cuando sus dos hijos menores fueron abusados por el pedófilo Rafael Maureira Trujillo más conocido como “Zacarach”. El líder de la red de pornografía infantil conocida como Paidos aprovechó la ausencia de la entonces dirigente vecinal de La Pintana para secuestrar a los niños de su domicilio y llevarlos a una cabaña del litoral central. Ahí el delincuente, que hoy permanece recluido en la Cárcel de Alta Seguridad, drogó a los menores mientras las cámaras de Contacto grababan los abusos. Ese fue el inicio del calvario que vive hasta el día de hoy y en el que la ayuda que recibió de parte del rostro emblemático de la estación pública fue clave para salir adelante.

Desde que esta mujer, quien no da su apellido para proteger a sus hijos de una nueva victimización, saltó a la luz pública, Felipe se conmovió con su historia. En su tribuna matinal empatizó con ella cada vez que la noticia la tuvo como protagonista. Como la vez que Marisol golpeó al pedófilo Zacarach luego de que la justicia le dio la libertad. Cuando las cámaras se apagaban Felipe mostraba aún más preocupación por conocer el estado en que se encontraban sus hijos y por saber cómo estaba ella. Incluso, en más de una oportunidad, en esas breves pero intensas conversaciones en algún rincón del estudio que hoy lleva su nombre, le dijo que se sintiera en confianza de pedirle lo que necesitara.

“Cuando iba al Buenos días a todos me entrevistaba Roberto Bruce. Las notas casi siempre las hacíamos en una salita, pero cuando terminábamos él me decía ya viene Felipe a saludarla. Y ahí llegaba él. Tan cariñoso, tan humano y tan de piel”, recuerda la dirigente sentada en una plaza en Colina. Hasta ahí llegó luego de que la Policía de Investigaciones la sacara de su casa junto a toda su familia para evitar algún tipo de represalia de la red de pederastas Paidos. 

“Lo había perdido todo porque dejé mi hogar y nunca pude volver porque la policía me decía que era peligroso. Fue entonces cuando en alguna entrevista dije que lo único que necesitaba era trabajar y que tenía una posibilidad de comenzar a vender sopaipillas. A los pocos días la periodista del programa Paula Ovalle, hoy editora general, me invita a tomar desayuno y me dice Felipe te manda esto. Era la plata para que comprara un carrito. Yo no lo podía creer. Más allá del dinero, me sorprendía que con todas las cosas que escuchaba y todas las actividades que tenía en su vida, se acordara de mí”, recuerda emocionada mientras le caen las lágrimas. 

“El siempre se tomaba el tiempo para escucharme, para tomarme la mano y aconsejarme. Era tan cercano como en la televisión. Cada vez que nos encontrábamos lo primero que hacía era preguntarme por los niños y ofrecerme ayuda, pero nunca hablamos del dinero que me dio. En la última conversación que tuvimos le conté que no iba a ir más al canal porque quería un cambio en mi vida. Ya no quería tomar más medicamentos que me mantuvieran dopada, porque lo que me importaba era recuperar la claridad mental. Entonces, él me miró y dijo: ‘pero eso no te hace bien, tienes que tratarte para salir adelante’. Siempre pienso que si le hubiera hecho caso podría haber salido de esta maldita depresión”, reflexiona.

Con lo que ganó con la venta de sopaipillas no sólo pudo salir adelante sino además juntó un pequeño capital que le sirvió para poner un puesto de pinturas en la feria de su comuna. “Fue muy bueno no sólo conmigo. Hay cantidad de historias en la zona que hablan de su generosidad”, asegura.  

Marisol no se equivoca. La solidaridad del hijo de Jorge Camiroaga y María Luz Fernández fue un secreto a voces, que el propio animador se encargó de bajarle el perfil con el silencio más sepulcral. Sin embargo, tras su muerte, algunas de esas historias reflotaron como breves homenajes para quien vivió con el acelerador a fondo. 

Wp-museo-rostro-felipe-450

Fueron los días en que el entonces director de TVN Mauro Valdés se comprometía frente a los trabajadores en honrar la memoria de los cinco integrantes del Buenos días a todos desaparecidos. En el hoy polémico estacionamiento, el ejecutivo dijo a quien lo quisiera escuchar que ese lugar era para recordar y honrar su memoria. Por eso, es que cuando a fines de julio comenzó a circular la versión de que el espacio sería destinado para el estacionamiento de discapacitados, las críticas estallaron con fuerza. Desde el periodista Claudio Fariña, quien irónicamente comentó que con la ola de despidos lo que más sobra son estacionamientos hasta el ex rostro de la estación, Jordi Castell, quien comparó la medida con una eventual remoción del memorial de los detenidos desaparecidos.  

“Los más antiguos fuimos los que más reclamamos porque desde un primer momento ese lugar fue concebido como un espacio donde los trabajadores pudieran no sólo ir a recordar a los que ya no están sino también para refugiarse en busca de un momento de reflexión o simplemente rememorar. En algún minuto se habló hasta de una capilla”, afirma la dirigente del Sindicato 2 de TVN, Lorena Castro. “Hay gente que le da lo mismo y los menos han llegado a decir que es de mala suerte, pero son nuevos que no tienen ningún compromiso sentimental con el canal”.  

Como secretaria del estelar “Animal Nocturno” compartió interminables jornadas con el animador. “Uno veía como se relacionaba con los técnicos y las maquilladoras y claramente era distinto. No tenía ese ego desbordado que uno ve tanto en televisión. Era vanidoso y coqueto pero siempre desde el humor”, recuerda desde su oficina, plagada de retratos de Camiroaga, a pocos metros de la oficina de la secretaria del matinal, desde donde han desaparecido todas las fotos que hasta el año pasado adornaban el lugar. 

“No se trata que no recordemos a nuestros amigos, los llevamos en el corazón como el primer día que se fueron, pero hay que salir adelante. Las fotos y recuerdos no se han guardado, la idea es reservar un espacio para que estén en un solo lugar. Son parte de las directrices que entregó el nuevo productor ejecutivo del espacio Felipe Vera cuando llegó. Este es un equipo súper abatido. Tuvimos un momento en que las licencias por depresión no paraban. Pero, ahora estamos levantando la cabeza”, explica una integrante del programa que prefiere el anonimato. 

Wp-souvenirs-felipe-c-450

A 275 kilómetros al sur de la capital la realidad es otra. Ahí, en el paraíso infantil de los hermanos Camiroaga, donde eran cuidados por sus tías Mina y Nenita, el culto a la figura del hombre crece y crece. En el Museo de Villa Alegre, donde hay dos salas dedicadas a su recuerdo, pronto empezarán las refacciones para ampliar el espacio. Y es que sencillamente ya no daban abasto para recibir a los visitantes de todo el país que vienen a honrar su memoria, en especial desde septiembre hasta fines del verano. Lo mismo ocurre en la cripta del cementerio local, donde siempre hay flores frescas. Ahí, las halconas, esas fans incondicionales que organizan eventos de beneficencia en su memoria, se mezclan con familiares y amigos que no dejan de sorprenderse por la devoción popular.

Muy cerca está el jardín infantil Petetín. Una verdadera institución en la zona con más de 44 años de existencia. Felipe se comprometió a apadrinarla después de que la directora del recinto se lo pidiera el día en que recibió el premio de Hijo Ilustre de Villa Alegre. Sin que él se diera cuenta, le metió una nota en el bolsillo de su chaqueta mientras los asistentes se agolpaban a su alrededor para tomarse fotografías. Cuando llegó a su casa y la leyó, Felipe inmediatamente llamó y comprometió su ayuda. Pero luego vino el viaje al archipiélago Juan Fernández y su partida. Sin embargo, cuando TVN supo la historia no dudo en hacerse cargo y luego, la familia del animador visitó el lugar en su representación. Los niños jugaban sin percatarse de su presencia. Tal y como tantas veces lo hizo Felipe en sus largas jornadas veraniegas cuando se perdía en el campo y algún huaso tenía que partir a buscarlo al río donde le gustaba bañarse solo en compañía del cantar de los pájaros.