Fue uno de los momentos más épicos del girl power en la pantalla chica. Tanto así, que en 2013 la revista norteamericana TV Guide lo calificó como uno de los 60 episodios televisivos más memorables de la historia. 

Ocurrió a finales de 2006, en plena grabación de The Tyra Show, el talk show conducido por la top model y antiguo ángel de Victoria’s Secret, Tyra Banks (41). La cosa fue más o menos así: mientras estaba en una playa australiana, un paparazzi tomó unas fotos suyas poco favorecedoras en traje de baño, creando un verdadero revuelo mediático, con crueles burlas por su supuesto sobrepeso.

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Frontal como es, Banks decidió poner el tema en el tapete, presentándose ante la audiencia con el mismo traje de baño que tenía puesto cuando fue fotografiada, mientras atrás suyo la pantalla mostraba la controversial imagen. La comparación era chocante. En persona Tyra lucía como una mujer saludable y atractiva, muy distinta a la fotografía que era sólo eso: una mala foto, sacada desde un ángulo poco favorecedor. 

Pero lo más elocuente fueron sus palabras —dichas con lágrimas en los ojos— que quedaron grabadas en la cultura popular: “Si tuviese mala autoestima, probablemente estaría matándome de hambre en este momento. Eso es exactamente lo que les sucede a miles de mujeres. Por eso, a todas aquellas personas que nos han hecho sentir mal por cómo luce nuestro cuerpo, les digo: ¡Besen mi gordo trasero!”.

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Un adjetivo gráfico, rara vez empleado por una top model (excepto si se refiere a su cuenta bancaria). Es justamente esta normalidad la que Tyra ha capitalizado a su favor, con un ejército de fanáticos que aprecian su sencillez y sentido del humor, siguiendo cada uno de sus pasos con devoción. Prueba de ello es su victoria indiscutida en el listado de las maniquíes más populares en redes sociales (basándose en la sumatoria de seguidores en Facebook, Twitter e Instagram), publicado por la revista Vogue. Sus más de 12  millones de fans superan con creces a los de Adriana Lima (3,5 millones) y Heidi Klum (2,8 millones), quienes la siguen en un segundo y tercer lugar.

Fueron sus mismos followers la fuente de inspiración para crear su nueva línea de maquillaje, TYRA beauty (www.tyra.com), lanzada a principios de noviembre. En entrevista al Huffington Post, confesó: “En una ocasión subí a Instagram una foto sólo de mis labios con un lipstick fucsia brillante. A los pocos minutos me llegaron miles de mensajes de chicas diciéndome que les había encantado, preguntándome qué labial era y dónde podían conseguirlo. Entonces pensé que tenía que hacer algo al respecto”. 

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Ese ‘algo’ es una serie de productos bajo el concepto de “Beautytainment”, sumatoria de las palabras belleza y entretenimiento. No es la primera vez que Tyra inventa una palabra. Su expresión “smize” se viralizó cuando les indicaba cómo sonreír con los ojos a las concursantes del programa America’s Next Top Model, donde es conductora y productora ejecutiva.

Y como ha demostrado ser toda una mujer de negocios —su nombre ya es una marca registrada de por sí—, decidió enrolarse ni más ni menos que en la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, en el programa de Administración para CEOS y dueños de compañías. “Al principio me sentí muy intimidada por el nivel académico, incluso me preparé tomando clases con un profesor de contabilidad de la Universidad de Columbia. Quería asegurarme de que si me iba a atrever con este emprendimiento contaría con todas las herramientas para crearlo, lanzarlo, construirlo, liderarlo y hacerlo crecer”.

Una tarea no menor en el ya saturado mundo de la cosmética, pero basta conocer un poco a Tyra para saber que nunca la ha asustado un desafío…

Si Tyra Banks tiene una obsesión con la aceptación del propio cuerpo, y con promover la inclusión sin importar el peso o el color de piel, es cosa de explorar su biografía para entender el porqué.

Nacida en Inglewood, California, su padre trabajaba en computación y su madre era fotógrafa médica. Se divorciaron cuando aún era muy pequeña, por lo que según ella no fue traumático.

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Desde niña amó la buena mesa, pero siempre realizando actividad física para mantenerse saludable. “Me enseñaron a amar la comida, no a temerle”, ha afirmado en más de una ocasión.

Al comienzo de su vida escolar pertenecía al grupo de chicas populares, pero experimentó la otra cara de la moneda cuando entró a enseñanza media al Inmaculate Heart High School de L.A. Ahí fue víctima de bullying cuando dio el “estirón”, siendo mucho más alta y flaca que el resto de sus compañeras. “Jirafa” y “Cabeza de Ampolleta” eran sólo algunos de los sobrenombres con los que la molestaban.

Pese a lo mal que lo pasó, Banks ha contado que la experiencia le sirvió mucho, porque aprendió la importancia de la compasión en el trato con sus pares.

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A los 17 años terminó su etapa como “patito feo”, dando paso al cisne alto, curvilíneo, de piel color caramelo y fulgurantes ojos verdes que más tarde se tomaría las portadas y billboards de todo el mundo.

Tuvo que luchar por hacerse un espacio, ya que en la mayoría de las agencias de modelaje se negaban a contratarla por considerarla muy étnica. Su golpe de suerte llegó en 1990 de la mano de la agencia Elite, la que la integró a sus filas. Al año siguiente fue la estrella de la Paris Fashion Week, desfilando para 25 diseñadores de la talla de Christian Dior, Dolce & Gabbana, Armani y Oscar de la Renta.

Pero a mediados de los noventa comenzó a subir de peso y, negándose a pasar hambre para estar a la altura de las maniquís de pasarela, decidió volver a EE.UU. e incursionar en el modelaje comercial, donde las curvas eran más bienvenidas.

“Me ganaba la vida pesando más de 13 kilos que una modelo estándar. Ahí fue cuando me hice famosa. Según Victoria’s Secret, lograba vender más ropa interior que cualquier otra chica”, confesó años después al periódico británico The Guardian

Por eso no es de extrañar que fuese la primera modelo afroamericana en firmar un lucrativo contrato con la popular marca de lencería. 

En 1996 nuevamente fue pionera entre las maniquís de color, ocupando la portada del especial de trajes de baño de la icónica revista Sports Illustrated.

Estos dos eventos la catapultarían al Olimpo del modelaje. Sin embargo, ella no olvidaría sus orígenes como una otrora adolescente insegura y acomplejada por su aspecto. Por eso en 1998 publicó su libro Tyra’s Beauty Inside & Out, un manual de autoayuda y tips de belleza, seguido de la fundación TZONE, que promueve la autoestima positiva en adolescentes y que continúa funcionando hasta el día de hoy.

Consciente de que su tiempo como modelo era limitado, astutamente optó por diversificarse saltando al cine y la TV. Primero con papeles secundarios en películas como Coyote Ugly (2000), y luego ingresando al mundo televisivo como creadora y conductora del reality America’s Next Top Model (2003). Demás está decir que el show cuenta con un alto rating, y que en él Tyra lucha como abanderada para poner fin a cualquier tipo de discriminación. Sin ir más lejos, este 2014 salió en defensa de un concursante gay víctima de comentarios homofóbicos por parte de un compañero, a quien amonestó en público. También ha apoyado a Chantelle Brown-Young, la joven modelo con vitíligo.

A lo largo de su carrera son muchas las ofertas que Tyra ha recibido de distintas firmas para asociar su nombre a un producto. Tantas, que como dijo en una entrevista reciente “Si hubiese aceptado probablemente estaría recostada descansando en una isla tropical, sin jamás volver a tener que trabajar”. 

Pero si no es el dinero ¿entonces qué es lo que la mueve? En una palabra: legado y nombre de marca, basándose en la experiencia de su ídolo, Walt Disney: “Realmente quiero instaurar un nombre que signifique algo una vez que yo no esté. Es lo que sucede con Disneyland, hay todo un concepto de permanencia tras su estrategia de negocios. Tanto así, que cuando los niños visitan los parques, no tienen idea que se llaman así por su creador”.

La supermodelo escogió el maquillaje porque es un tema que la apasiona. Fiel a su estilo honesto, en la página web de su línea admite que jamás habría sido una supermodelo de no ser por el makeup. “Al inicio de mi carrera me quejé con mi madre de que no tenía los pómulos como Christie Turlington. Entonces ella me dijo ‘¿Por qué te quejas? ¡Maquíllatelos!’. Y eso es lo que he hecho. Para mí el maquillaje es una manera de emparejar la cancha”.