La primera temporada de “True Detective”, esa en que Matthew McConaughy y Woody Harrelson hicieran el mejor trabajo actoral de sus vidas, marcó un antes y un después en el mundo de las series televisivas. Casi como Breaking Bad, aunque por distintas cualidades.

“TD” 1 tuvo la audacia de construir un relato cuyo único elemento seductor era un delgado hilo de atmósfera tensa, en largos diálogos o interrogatorios en oficinas, en los que no era mucho lo que se decía. O más bien, era muy poco lo que se nos informaba al espectador.

A punta de curiosidad -qué maestría para conseguirlo- uno seguía viendo al barrigón y encorbatado detective (Harrelson) medio balanceándose en su silla, respondiendo a tirones las preguntas de lo que finalmente uno comprendía era el departamento de asuntos internos de la Policía. En otro escenario, un ex detective (McConaughy) desaseado, de pelo largo y mal aspecto, respondía a su vez el interrogatorio, con cierta desidia.

La compleja historia de cómo esta pareja de oficiales -dos seres desadaptados a su propia manera- consiguió atrapar a un repugnante asesino en serie en los pantanos de Louisianna se nos fue develando de una manera cruelmente lenta.
Se hablaba de un nuevo estilo, slow serie. Y claro, mentar la palabra “lenta” equivale a un sacrilegio en el mundo del “entertainment”.
El genio detrás de ello, Nic Pizzolato, sigue al frente en esta segunda temporada (los directores van rotando). Pero TD2 ya no puede jugar al “slow serie”.Ese chiste ya se contó.

Por eso es que esta nueva versión no dejará atónito a nadie. No al menos en ese sentido de audacia innovadora que vimos en la primera.
Lo que se nos ofrece ahora es una muy buena serie policial negra (¡no hay como el cinema noir!) -no más, ¡no menos!-, que promete seguirlo siendo, por cuanto la historia, el crimen y los protagonistas que han lanzado al ruedo tienen la suficiente sazón como para que el espectador sepa que, de todas maneras, no está ante un cuento cualquiera.

Ahora estamos en California, en la ficticia Vinci, inspirada en Vernon, una ciudad industrial con apenas un poco más de un centenar de habitantes pero casi dos mil industrias y una historia de corrupción de antigua data. (Allí, y en otros barrios elegantes de L.A., se grabó).

Frank Semyon (Vince Vaughn), el millonario turbio del caso, está por cerrar un negocio de millones de dólares, pero su socio no se aparece por ninguna parte. (Su mujer, Jordan, es encarnada por la actriz inglesa Kelly Reilly, Caroline en “Orgullo y prejuicio”; la hija del cura en “Calvario”).

Mientras, se nos va presentando la colección de “freaks” que tendremos por compañía: Ray Velcoro (Collin Farrell, ¡al fin acertando con un personaje atractivo!), un detective alcohólico y patológicamente violento; Ani Bezzerries, sheriff de Monterrey (Rachel McAdams), una chica dura, aficionada al juego y al alcohol, con un padre hippie y una hermana estrella porno; Paul Woodrugh (Taylor Kitsch), un policía motoquero, cuya polola es la ardiente Emily (Adria Arjona, hija del cantante).
Este singular grupo de oficiales tendrá a su cargo el intrincado crimen que da la partida a la serie.
Promete.

Al menos, hasta el momento, le tengo fe.

¿Cuándo? Domingo, 22 hrs. por HBO.
Repetición primer capítulo: viernes 26, 22 hrs.
Con Vince Vaughn, Colin Farrell, Rachel McAdams.
Creada por Nic Pizzolato.

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