Sin vestirnos en uniforme naranja, pero temprano y con varios grados bajo cero un bus sale de Manhattan para llevarnos directo a prisión. En menos de media hora ya se cierra la pesada reja de seguridad y parte el encierro. Bueno, no en la famosa cárcel televisiva de Litchfield sino que en los estudios Astoria de Queens, donde se recrea la famosa penitenciaría que habitan las reclusas de la premiada serie de Netflix Orange is the New Black (OITNB).

La quinta temporada del programa aborda tres días de un violento motín gatillado por las malas condiciones del lugar y muerte de la querida reclusa Poussey Washington (Samira Wiley). Todavía graban los momentos finales del nuevo ciclo y la tensión se siente. Nos dirigen a una sala con ventanas enrejadas de la que no podemos salir por horas para resguardar la trama y sólo tenemos ‘horario de visitas’, en la que llegan a saludar internas como Dayanara (Dascha Polanco), Cindy (Adrienne Moore), Gloria (Selenis Leyva) y la líder de la revuelta Taystee (Danielle Brooks).

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Es sin duda el ciclo más político. Y en una escapada individual silenciosa entre guirnaldas y tótems de libros (como memorial a la voluntaria de la biblioteca Poussey), los laberínticos pasillos dan a camarotes desarmados, la cafetería hecha un desastre, una cocina abandonada y la sala de vigilancia sin guardias alertas. Son momentos dramáticos y se nota desde la oscuridad de nuestra posición, al ver a Natasha Lyonne (Nicky) pedir guía emocional al director Jesse Peretz (un preferido en series lideradas por mujeres como Girls, Divorce y la reciente Glow) en una escena de gran intensidad. En el suelo la espera entre lágrimas la delirante italiana Lorna Morello (Yael Stone).

Un espionaje en calidad de infiltrada que cierra con la entrada en silla de ruedas de la más carismática de las reclusas desde el debut del show, Crazy Eyes (Uzo Aduba). Personaje que inserta su propio e imaginativo mundo en Litchfield. Ya de regreso al encierro inicial, aparece la mujer detrás de este popular personaje.

“Uno de mis deseos de Año Nuevo fue ser más atrevida. Caminar sin miedo”, son las primeras palabras de Aduba (36). Y quienes estamos frente a ella y la vemos con su uniforme carcelario, pelo rizado en dreadlocks e inconfundible voz ronca la escuchamos con suspicacia. ¿Temerosa la mujer que dio vida a la audaz e impredecible Suzanne Warren, conocida a nivel planetario por los fans por su apodo televisivo de Crazy Eyes? Cuesta creerlo.

La actriz —llena de premios por el papel y con una carrera teatral y en la música— intuye la incredulidad. Por eso explica en la iluminada sala celda: “Cuando me toca hacer una escena en OITNB, ella saca mi mayor audacia para verse y sentirse intensa, además de ruidosa. Y lo he ido practicando en otros trabajos porque algo que aprendí en esta serie es convertirme en una mujer más notoria. No en el sentido agresivo sino que desde la convicción. Algo que ya cruza de lo profesional a mi vida diaria”. 

—¿Y si le hubieran dado la oportunidad de elegir otro personaje?

—Es que desde el inicio reconocí en Suzanne su capacidad de amar, algo que yo había experimentado. Me enseñó que está bien, aunque salgas con el corazón roto. Admiro su optimismo e intensidad. Puedo decir que hoy eso es parte de mí. No sé si lo logro, pero trato. Aduba está convencida de que un elemento del éxito de la serie es internet. “Hizo accesible cosas y que parecían tan lejanas y distintas a nosotros. Pero este medio (en este caso Netflix) mostró que teníamos más en común de lo que pensábamos”.

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—¿Cómo Crazy Eyes cambió su vida?

—Es algo que nos ha pasado a todas. Gracias a esta serie han aparecido proyectos más rápido de lo que sucede en esta profesión. Orange abrió las puertas para que nuestra actuación sea vista, además de ser un espacio para aquellas que tienen una pasión política.

—Empezó como actriz invitada en OITNB y ganó un Emmy. Para la segunda temporada ya era parte del elenco estable y se llevó otro. Los medios la definen como “el corazón de la serie”. ¿Hacia dónde va ahora?

—Al final del día sólo me siento afortunada porque puedo hacer lo que siempre quise en la vida: contra historias y representar a mujeres con diferentes rostros e ideas. Y es maravilloso poder proyectar el futuro gracias a Suzanne, ¡alguien que es tan distinta y fuera de cualquier casilla tradicional! Jamás pensé que llegaría a mi situación actual. O sea, agradecía si me llegaban a llamar para un nuevo episodio de Orange. A partir de ahora quiero ser parte de proyectos con historias que parecen desaparecidas hasta que las vemos. Relatos con mujeres dinámicas, diversas en edad, talla, raza y religión. Sería maravilloso ver una expansión de eso en películas.

—¿Va a volver a cantar?

—Obvio. ¡Absolutamente! Quiero hacerlo todo. Ese es mi sueño.