Se acomoda la peluca frente al espejo, le retocan el maquillaje y corre a la tarima sobre la que posa para las últimas fotos. Baila, salta, levanta los brazos y ríe. “¡Esto es fiesta. Es alegría, pasarlo bien… Hay que festejar!”, grita. Faltan semanas para que Tonka Tomicic cumpla 40 y planea una celebración pequeña, pero importante, más bien un viaje del que no quiere dar muchas pistas. Sólo cuenta que es un regalo de su amigo Leonardo Farkas al que asistirán 15 personas, en Grecia, con baile, sol y mar… “¡Celebraré en grande. Brindaré, bailaré, besaré y amaré!”, enfatiza.

Advierte que los 40 no le pesan, al contrario está más liviana que nunca. “Te juro que pienso que tengo 28. He hecho el ejercicio de preguntarle a mucha gente por la edad y todos sienten que tienen menos años de los que dice el carné. Y curiosamente las personas que se ven más jóvenes son las que sicológicamente se sienten menores. Yo me creo de 28”.

Quizás es porque a esa edad su vida cambió para siempre. Estaba saliendo de una relación de 14 años (con Ives Duvauchelle), había estudiado diseño, pero ejercía como modelo y le llegaban las oportunidades en televisión, primero como panelista en MTV, luego Mega, Canal 13 y finalmente en TVN. “El destino se confabuló —porque no lo busqué, no tenía el interés ni la intención— para que entrara a un terreno que era totalmente desconocido para mí, que me ha abierto un montón de posibilidades y me ha obligado a crecer infinitamente. Era como tener 18, fue una época de apertura al mundo”.

Desde entonces la hemos visto transitar de la pasarela a la pantalla, transformarse en animadora del matinal Buenos días a todos junto a Felipe Camiroaga, estar al frente del Festival de Viña, casarse con Marco Antonio López, convertirse en la mujer fuerte de Canal 13 y en figura de la televisión chilena. “Es como si hubiese sido ayer y al mismo tiempo como si fueran 100 años, qué dicotomía más grande. Cierro los ojos y me veo animando con Felipe, vuelvo a cerrar los ojos y estoy junto a Martín… Es como si pasaran varias vidas en una por la cantidad de cosas que he experimentado, porque he tenido que crecer mucho”.

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—Los 40 son un hito en la vida de todos.
—No me identifico con eso. Siento que tengo otro ritmo, otro mundo y trato de vivir así. El tiempo es relativo, se expande, se contrae. La sincronía con el reloj es una relación con la sociedad y los estigmas que nos van poniendo a todos día a día. No siento el peso de mi cumpleaños.

—Pero eso es irreal, tu trabajo, la vida en conjunto están regidos por horarios.

—Estoy en un programa que parte a las 8:00 am y tiene tres minutos de pausas entre medio, todo está cronometrado, el reloj nos gobierna, pero esa es la expresión del trabajo. Mi vida es absolutamente al revés… Tengo compromisos y horarios, es verdad, pero no sincronizo con las edades, no me relaciono con los 30, 40, ni los 70 y sus estereotipos. No me interesa entrar en ese ritmo ni en ese segundero, porque va directo al cajón, así de simple… aunque todos vamos directo a eso…, pero trato de vivir el día a día, me esfuerzo en eso, a pesar de que los entornos tienden a encauzarme en ese tic tac…

—¿Hablas de muerte?

—Sí, pero no le tengo miedo en todo caso.

—¿Te imaginas vieja?
—Una persona me dijo que iba a tener una vida larga, pero a mí más que vivir mucho me interesa vivir la vida, ¡es tan simple y difícil, vivir el ahora!

Los años sí pasaron y Tonka sí cambió desde que se asomó tímidamente en los sets. Se volvió más desconfiada, ha protegido con fuerza su intimidad y cada vez es más difícil entrar en su mundo. “He tenido que sacar aspectos de mi personalidad que ahora, con distancia, pienso que estaban más dormidos”, explica.

—¿Por ejemplo?
—Tengo más ego, más personalidad. Una mujer a los 28 piensa que está entera, pero yo sentía que me faltaba mucho, estaba empezando. Ahora recién me siento más completa, una mujer armada —claro en constante evolución—, pero más potente y con capacidad de decir que no sin culpas.

—Dejaste las culpas.

—Las he trabajado harto. Es rico decir que no y sentirse al día con uno y también expresar que sí con convicción, no por sentirme obligada.

—¿Antes eras una ‘yes woman’?
—Es que al principio cuesta mucho manifestar la verdadera personalidad, las emociones, los matices que uno tiene.

—¿Te refieres en la televisión?
—Hablo de mi vida en general, porque la tele es una expresión de mi vida. Yo no tengo un personaje en pantalla, una versión mejorada sí porque hay que hablar bien, siempre me preparo para el trabajo.

 

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—Sobre el ego, ¿cómo aprendiste a sacarlo?
—Uno tiene que potenciar su personalidad, las características positivas, conocer las negativas, las debilidades, así me paro mejor en cualquier terreno, para eso sirve el ego. Para ello hay que vivir y tener experiencia… Lo bonito de ver mujeres grandes en la televisión es que tenemos más que decir, que entregar, más que aportar, más verdad.

—¿Parece que cambiaron tus miedos hoy?
—Hay menos miedos. Yo diría que soy más valiente, tengo más arrojo. Soy más osada en el plano personal. Hago cosas que antes no me atrevía, es como haber deformado un poco el propio molde. Con los años vamos poniéndonos más rígidos, yo lucho contra eso, no quiero de pronto darme cuenta de que he reducido mi espacio dentro de mí… quiero correr mis límites personales siempre.

—¿Qué osadías has hecho por ejemplo?
—Hace algún tiempo estaba con mi marido y unos amigos en el extranjero y ellos querían ir a un show solo para hombres. Como no pensaba quedarme fuera del panorama, se me ocurrió ser uno más de ellos; me tomé el pelo, me prestaron sus ropas, ropa interior incluida (le puse un poquito de relleno), me pinté una especie de barba con máscara de pestañas y como era de noche y estaba muy oscuro ¡pasé piola! Nadie se dio cuenta. Nos reímos mucho, me decían que me parecía a Michael Jackson.

Lanza una carcajada y agrega otra anécdota:
—En otro viaje estaba con mi marido en un conocido hotel de París y a lo lejos, en el bar Hemingway, vi a un hombre alto que me era muy familiar. De pronto lo reconocí y me acerqué patudamente y le dije: ‘How are you?’, en mi rústico inglés. El me vio tan segura que se nos acercó, saludó y me preguntó de dónde nos conocíamos. Le dije: ‘De ahora’, nos reímos mucho, porque fue muy divertida la situación. Era Tim Burton.

—Ahora eres más atrevida en lo personal, pero tienes más que perder.
—Es verdad, hoy calculo. Cuando uno entra en el reloj social, aparecen los miedos porque el sistema exige etapas, pero no engancho en ello. Por eso, a lo mejor, me casé tarde y aún no tengo hijos. Tal vez no es que tenga menos miedos, pero soy consciente y cuando caigo en el reloj clásico, me doy cuenta y salgo rápidamente.

—Pero el reloj biológico existe, no es mental, el cuerpo envejece y para el tema de los hijos, eso es real, ¿no te importa o no piensas tener niños?
—El reloj biológico marca nuestra vida como mujeres y sobre todo si hay deseos de ser madre biológicamente. No sé aún si Dios me bendiga con esa maravilla —la biológica—, lo que estoy segura es que no me perdería en esta vida la posibilidad de ser madre.

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A favor del tiempo hay que decir que Tonka se empoderó. Dejó atrás la timidez y aprendió a manejarse en distintos mundos. La TV es el trabajo que quiere y le gusta, pero su vida está fuera, con sus afectos, los amigos, la familia. Hace dos años se casó con Marco Antonio López, su novio por largo tiempo. “Ha sido un viaje bello, me siento tremendamente agradecida de lo vivido y de haber encontrado —o de habernos encontrado— un compañero increíble, que solo me ha empujado a ser más yo con luces y sombras. Un hombre inteligente, de gran corazón y mágico”.

Aclara que esta separación entre lo íntimo y lo privado no significa estar en una burbuja, que tiene los sentidos bien puestos en la realidad aunque cree que hay hilos invisibles que conectan los sucesos, las personas… “No quiero que piensen que vivo desconectada del mundo, estoy empapada de lo que pasa”, se apura en explicar.
Los años y la experiencia, más el ego firme le han dado seguridad para dar su opinión en pantalla, defender una postura y protestar si algo le parece mal.
“Cuando partí me preocupaba mucho hacer bien el trabajo, me esforzaba por ello principalmente. Con los años y al dominar un poco más ‘la carroza’, he desarrollado otros aspectos de mi personalidad que me permiten jugar y zambullirme en áreas distintas. Lo que más me importa son mis seres queridos, mis amores, mi hogar, mi marido, mis animales, mi mamá, mi hermana, la familia de Marco Antonio, ellos son lo que me mueven en la vida”.

—¿Por eso le haces el quite a las entrevistas?

—Cuatro horas diarias es una cuota importante de exposición, donde no sólo hablamos de la contingencia y experiencias de otros sino que también se expresan las propias sutilmente, lo digo porque muchas veces cuando me piden entrevistas pienso: ‘y ¿qué más puedo decir?’. Y claro, no me interesa compartir lo más rico que tengo, mis tesoros, lo que me mueve día a día, lo que me hace sentir plena, el lugar de lo íntimo, oscurito y silencioso está a salvo ahí y no me gusta sacarlo.

—Cada día manifiestas más opinión en tu animación. ¿Te han dado más libertad ahora?

—Uno evoluciona. Me siento más completa. Más allá de los temas uno trasluce al ser humano que es. No es que ahora tenga más ‘chipe libre’, uno crece en el trabajo y es un reflejo también de mi vida y de cómo me relaciono con todo.

—Está clara la importancia de tu intimidad, ¿es por esto que participas menos en TV que otras figuras. No ambicionas hacer otra cosa?

—No tengo ansiedad de más televisión. Me gusta lo que hago, donde trabajo, me siento privilegiada por las condiciones laborales que tengo, ¿qué más puedo pedir? Cuatro horas todos los días es la cuota perfecta, ¿para qué más? Sería un exceso y aburriría a todos.

—Fuera de la TV, ¿con qué causas te comprometes?

—Sobre las cosas que hago por otros no hablo. Como dicen en mi casa: ‘viene de muy cerca la recomendación’ y conste que no creo en ese dicho de ‘que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha’, ese es un invento de algunos tacaños para pasar piola. Cualquier cosa que diga a mi favor respondiendo sonaría a propaganda y me carga la autopropaganda. Mi manera es descubrirme paulatinamente, los libros abiertos no son mi estilo, paso a paso, momento a momento. Debo decirte, eso sí, que me oscurece el alma el abuso con los que no tienen forma de defenderse, los niños, por sobre todas las cosas, la soledad, la violencia e injusticia a ellos, me provoca tristeza, rabia, impotencia. Todo ser que no tenga la voz o no sea escuchado en nuestra sociedad, las minorías, los animales, que por muchos son mirados en menos. A veces siento un llamado interior a hacer algo por transformar lo que nos queda de este planeta, pero aún no sé cómo.

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—¿Estamos de aniversario, cómo vez los 28 años que vienen?
—¡Ni me los imagino! En lo personal espero sentirme cada día más plena, más como un océano profundo y calmo. Creo que algún día diré adiós a la televisión, no sé cuándo, ni cómo, por el momento no es tema para mí.

—Te sientes de 28, CARAS sí está cumpliendo esa edad, ¿cómo ves a la revista?

—¡Cumplen 28. Es mucho y muy poco a la vez! Imagino a CARAS siempre al día con Chile y el mundo, no sólo en los temas sino en la manera como son planteados editorial y gráficamente. Son un grupo que debe saber mezclar la sabiduría, experiencia y las nuevas generaciones que son las que nos obligan a cambiar una y otra vez. Debo confesar que soy una encariñada del papel, pese a que lo digital gana terreno cada día más.¡¡Espero que la revista siga creciendo y que en el futuro sea un súper, súper clásico; una revista impresa, una de papel, como me encanta!!