Tener más privilegios que el Presidente de Estados Unidos es algo de lo que pocos pueden jactarse. Pero luego de firmar un alto de contratos de confidencialidad, sortear aeropuertos cerrados por hielos y evitar ser calcinados por dragones (aterradora experiencia sci-fi), CARAS lo logró. Check! 

Meses antes del estreno —y de la boca de sus propios protagonistas— escuchamos lo que viene este domingo en la quinta temporada de Game of  Thrones. La serie a la que Barack Obama le declara devoción por las redes sociales y que llega a la Casa Blanca previo a que debute en HBO, como cortesía de la cadena al líder del “mundo libre”. Tienen asegurada con él confidencialidad… Y desde estas coordenadas tampoco mataremos la magia.

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La historia, que primero fue sensación en papel gracias a las novelas de George R. R. Martin, saltó a la categoría de fenómeno planetario en TV desde 2011. A partir de ese año, la superproducción sobre un mundo fantástico con nobles de siete reinos en una lucha de poder (que no se aleja de la violencia e intrigas de la realidad) e inserta en un universo con guiños medievales, ha roto récords de audiencia para el canal y es trending topic mundial de Twitter con cada capítulo. Todos quieren reclamar la soberanía del trono de hierro, el mismo al que la propia reina Isabel II mostró respeto.

En esta lucha se alzan dos héroes adorados por los fans: Daenerys Targaryen y Jon Snow. La primera es más conocida por sus títulos de Khaleesi (reina/líder) o Madre de Dragones, o por ser la sexy libertadora de esclavos y oprimidos. En cambio el hijo bastardo de Lord Edward Stark atrae al público por su corazón noble y perseverancia en un constante viaje.

Sin notoriedad previa al programa, hoy los ingleses Emilia Clarke y Kit Harington son megaestrellas, presa de los paparazzi (los mismos que tratan de pasar inadvertidos a las afueras del hotel londinense donde conversamos) y apuestas jóvenes en Hollywood. Y ahí están, expectantes. Ella con un pelo trigueño que no tiene nada que ver con su seductor look rubio y muerta de la risa ante cualquier anécdota. El, en cambio, es más cercano a la imagen de su personaje: intenso, con el gesto sufrido y pausado. Sólo lo descoloca su mamá al teléfono.

Fuera de este mundo mágico, la joven se prepara para ver cómo la recibe la crítica y el público por su versión de Sarah Connor en la nueva Terminator.  El se desdobla en el modelaje como rostro de la firma Jimmy Choo y cuenta los días para desaparecer en un largo viaje.

—¿Cómo viene esta temporada?

—Emilia: Grandiosa. Daenerys tiene más desarrollo desde el estreno. Enfrenta muchos desafíos y ya no cuenta con un ‘asesor’, por lo que toma decisiones sola. Además, es un ciclo marcado por los dragones, por lo que se pondrán a prueba mis habilidades maternales.

—Kit: Sin ser específico, puedo contarte que tendré una nueva figura masculina como guía. Sí, ríete. Otro personaje más dándome consejos. Pero esta vez, Jon se rebela y dirá: Ya no te voy a escuchar. Seré yo mismo desde ahora.

—¿Qué ha cambiado desde toda la locura desatada en las primeras temporadas?

—Emilia: Este quinto ciclo se ha vivido con una cierta ‘normalidad’. Puedo ver este proyecto sin la efervescencia externa y absorberlo por lo que es. Y en lo personal, también hay una diferencia: antes de Game of Thrones no había participado en nada. Desde que estoy en la serie ya cuento con otros títulos paralelos (Dom Hemingway, Terminator Genesys).

—Kit: No imagino a Game of Thrones más popular de lo que es: tan grande y global. De impresionarme pasé a sentir mucho amor de los fans.

—En esta distancia, ¿ves a tu personaje como un icono de feminismo?

—Emilia: Absolutamente. Es una mujer fuerte que lidera una visión de reinado.

—Y que tampoco se disculpa.

—Emilia: Mmmm, sí. Aunque no veo por qué tiene que pedir perdón a nadie. Cuando ves crecer a una figura como Daenerys —que ha tenido que luchar tanto y salir victoriosa—, admiras esa clase de fortaleza. Y si eso puede inspirar a otras, es un referente positivo.

—¿Crees que las mujeres enfrentan el poder de manera diferente?

—Emilia: Sí.

—¿Algún modelo de la vida real?

—Emilia: Sólo en la primera temporada estudié el trabajo de Cate Blanchett en Elizabeth. Los protagónicos femeninos en esta saga son especiales: tienen la sensibilidad de una mujer y una fuerza masculina. Cuando empecé el segundo ciclo un amigo me preguntó: ¿Por qué necesitas revisar más referentes? Haz crecer el personaje que ya creaste. Y tenía un buen punto. Desde ese momento abracé como mía a Daenerys con otro nivel de confianza. Además, nadie se le puede comparar. ¡Es un ser muy particular! Todos los años cambia.

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—¿Piensas cómo será el momento en que dejes a Daenerys?

—Emilia: Los otros proyectos paralelos me preparan para ese instante. Allí podré decir: Esta es mi estapa GoT y esta otra es post GoT. Esos trabajos me ayudan a hacer, de a poco, el espacio de la despedida.

—Con Terminator cruzaste a Hollywood, ¿sentiste las demandas en términos de estándares de belleza?

—Emilia: Sí, es Hollywood.

—¿Qué te pidieron?

—Emilia: Nada directo. Pero te ves rodeada todo el tiempo de mujeres increíblemente hermosas. Ahí te das cuenta de que no hay nada más atractivo que la confianza. Eso se transmite en una foto o prueba de cámara.

—En tu caso, siempre te preguntan sobre tu melena y barba.

—Kit: Me gustaría pensar en mí como algo más que eso (ríe). Quizás estoy equivocado y soy sólo un corte de pelo.

—Eres muy joven e inicias tu carrera en TV y cine desde el rol de protagonista. ¿Cómo lo manejas?

—Kit: Toda la razón. En la escuela de teatro siempre me elegían para ser el niño de 11 años. Era el chico, jamás el protagonista masculino. O sea, bajo esta barba tengo cara de guagua. Pasar de eso a figura de GoT es algo que nunca imaginé.

—Y que se replicará en la cinta Spooks.

—Kit: Sí. Ha sido interesante. Me veo en un montón de cosas, no sólo actuando. Me intriga la idea de producir. Creo firmemente que a lo largo de la vida puedes desarrollarte en una serie de carreras y plataformas distintas. Y en mi caso, eso me serviría para mantener fresca mi actuación. Ya tengo 29 años y entro a los 30.

—Súper viejo…

—Kit: (Ríe) Tengo muchas ambiciones y cosas que quiero lograr. Todavía son ideas que están en mi cabeza.

—Emilia dice que sin la peluca no la reconocen, ¿Cuál es tu técnica?

—Kit: Me afeito. Más allá de las bromas, de esa forma —más un corte de pelo— paso inadvertido.

—¿Te aproblema la fama?

—Kit: Al inicio me encantaba que me reconocieran y pararan en la calle. La novedad era exquisita. Pero a esta altura puedo decir que actúo gratis y me pagan por perder mi anonimato. Así lo veo hoy. Pero sabía en lo que me metía. Hasta ahora lo he sabido manejar.

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—¿Y afecta tu vida amorosa?

—Kit: Mmmm. ¡Ufff! Sí (señala categórico después de varios segundos). Sólo te puedo decir es que si llegas a ser exitoso es complicado mantener una relación, a menos que sea con alguien con quien viajas. O sea, el año pasado sólo estuve dos meses en Londres. Y eso estresa. También… (lo interrumpe su celular). Lo siento, (mira la pantalla). ¡Ah, es mi mamá! Veamos qué me dice su mensaje. Recuerda: Dentista el lunes a las 10 (no se aguanta las carcajadas). Como decía, la gente ya sabe quién eres y es difícil empezar de la nada con una pareja.

—¿Incómodo?

—Kit: Asumo que Games of Thrones es lo famoso. No yo.

—Pero firmas para modelar como rostro en las campañas de Jimmy Choo.

—Kit: Sí, pero no haces las cosas simplemente por dinero.

—En este caso, ¿para qué?

—Kit: Para tener el siguiente trabajo… Los afiches de Jimmy Choo están en los aeropuertos, donde me pueden ver productores y directores. Así estás constantemente en sus cabezas.

—¿Hoy estás usando Jimmy Choo?

—Kit: No (ríe y muestra sus suelas).

—En cuanto a la exposición en la serie, ¿tanto desnudo es todavía necesario?

—Emilia: Game of Thrones trata de impactar. Pero más que una declaración de principios, los desnudos pasan por el mundo que hemos creado. Es una serie enfocada totalmente hacia el poder y hay mucho de éste en el sexo.

—Una de las ‘quejas’ de las fans es que hay poco desnudo masculino.

—Kit: Sí están en la serie. Vemos a hombres a torso desnudo todo el tiempo… Es sólo que las mujeres tienen más atributos que nosotros (ríe). Pero yo no tengo problemas con esas escenas. También hay que considerar que los personajes femeninos usan más su sexualidad como un arma. Y eso es interesante. No siento que exista un espíritu voyerista, todo está justificado.

—¿Te asusta al leer en las novelas de George R. R. Martin por qué te exigirán?

—Emilia: Todo lo contrario, digo ¡esto hay que hacerlo!

—¿Alguna vez te ha impactado la dirección que toma la historia?

—Kit: A veces. No es un secreto que se genera polémica. Todos tienen opiniones frente a momentos de la serie, incluido el elenco, que no siempre está de acuerdo. Y me parece grandioso, porque acerca la ficción con lo que muchas veces sucede en la vida real. Cada punto de vista pone a prueba a las personas.

—¿Leíste los libros?

—Kit: Sólo cuatro de los cinco publicados. Para esta quinta temporada no quise tener ningún adelanto y abordar la historia como un fan más de la serie. No tengo ninguna duda de que George R. R. Martin ya sabe cómo termina la historia—estoy seguro de que los productores saben de su plan—. Apuesto ciegamente en su imaginación y genialidad de narrativa para concluir una historia que dejará a todos satisfechos. Estoy impaciente por ver ese final.

Game of Thrones tiene al público participando en un puzzle. ¿Qué ocurre cuando tienes un rol tan determinante?

—Kit: No veo mi parte como la llave que resuelva un enigma. Mi mirada es más tradicional y cercana a un relato heroico: Jon Snow es un joven que parte de viaje para salvar al mundo. Aunque es innegable que a los fanáticos una de las cosas que le atrae de la saga es su complejidad. La serie no trata a la audiencia de idiota. HBO tiene un sello en ese plano.

—Ves a Daenerys en el trono.

—Emilia: Sería una gran líder. Pero también me gustaría que lo lograra Arya.

—A la serie le gusta eliminar a personajes adorados por los fans. ¿Cómo te gustaría que te mataran?

—Emilia: Quiero explotar. Si lo van a hacer, que sea espectacular.