Con la figura y actitud de Celine Dion, además de la barba de pirata, Conchita Wurst llegó, cantó y triunfó. En la edición 2014 del histórico concurso musical Eurovisión, el representante de Austria no sólo se llevó el primer lugar, sino que también elevó el sello de extravagancia a uno de los eventos musicales más queridos y con más rarezas del Viejo Continente.

Thomas Neuwirth —nombre verdadero de Conchita— combina perfecto con este ‘placer culpable’ de más de 150 millones de personas que lo sintonizan en su final. Europa puede marcar coordenadas culturales y de pensamiento a nivel occidental, pero desde hace más de medio siglo muere por las excentricidades que llegan al escenario de este evento.

Quizás el austriaco (un veinteañero que en 2011 decidió reinventarse como transformista, luego de fracasar como ídolo juvenil) se inspiró en otra de las ganadoras de Eurovisión para su performance: la propia Dion, quien con los colores de la bandera suiza ganó en 1988 con el tema Ne partez pas sans moi. También habrá sacado cuentas estratégicas, ya que las mujeres triplican en trofeos a los hombres (¡una pena que Bonnie Tyler no figurara entre las favoritas del año pasado!).

Sí, es verdad que de este festival aparecieron clásicos como Eres Tú, de Mocedades (1973); Waterloo, de ABBA (1974) y Nel Blu Dipinto Di Blu —Volare—, de Domenico Modugno (1958). Hits que aumentan el estatus mítico de Eurovisión. La apuesta es que Conchita, con su balada y barba, también haga historia. Gracias a YouTube y Twitter ya da zancadas en esa ruta. Sin duda, millones en su cuenta tiene asegurados

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