Los relatos criminales eran habituales en la mesa familiar. Con un padre fiscal, desde niña la vida tras las rejas era vista como el infierno por Taylor Schilling. Pero las veleidosas vueltas de la vida la ubican, a días de cumplir 30 años, como la reclusa más famosa de la pantalla. 

Tal como esa niña de buena cuna, ante la cámara interpreta la historia real de Piper Kerman. Una burguesa que pasa una temporada en la cárcel luego de involucrarse en un sofisticado modelo de tráfico de drogas con su novia. Así, de estar comprometida con un hombre tradicional en una casa de los suburbios, tiene que hacer un “paréntesis” legal para usar el uniforme naranja y compartir sus días con criminales.

El libro con la experiencia de Kerman atrajo a la creadora de Weeds, Jenji Kohan. Escritora ya familiarizada con los relatos de doble vida y necesidad de adrenalina que esconden muchas mujeres. Así debutó el año pasado Orange is the New Black por Netflix. En esa plataforma de películas y series superó en repoducciones a otro título estrella de la compañía: House of Cards.

Al contrario de series carcelarias recientes —como Oz y Capadocia— este show mezcla el drama del encierro con un sentido del humor agudo. Un abanico de historias de los integrantes de la población penitenciaria (incluyendo a administrativos y guardias) que crean un lazo emotivo con el espectador.  

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Sí, hay violencia. Sí, hay sexo entre mujeres. Sí, hay abuso de poder. Todas las postales habituales de la cárcel. Pero las actuaciones sublimes, diversidad y profundidad de las biografías de sus personajes catapultaron al programa a las grandes ligas. Un hecho concreto de su estatus es que una de sus actrices, Laverne Cox, se convirtió en la primera transexual en ocupar la portada de la revista Time.

Todo ese mundo que vemos desde los ojos de Piper Chapman. Desde Londres su protagonista Taylor Schilling habla con CARAS del fenómeno y la evolución de su personaje. Como adelanto, ya no persigue galllinas, pues su objetivo en el segundo ciclo (que debutó con sus trece capítulos en Netflix) son las cucarachas… Sus días de frágil rubia también ya pasaron.

—¿Siente que esta serie es como Breaking Bad para mujeres? ¿Que todas aspiran, en algún momento, a tomar el lado oscuro?

—Es muy halagador llegar a ser comparado con ese programa en una versión femenina. ¡Es increíble! Pienso que cada mujer tiene tantas aristas diferentes, que llegan a ser únicas. Por eso es tan especial verlos a todos (a través de las distintas “presidiarias”). Es excepcional que estén hoy en pantalla.

—No es común ver antihéroes en versión femenina. 

—Es muy cool interpretar a una mujer que es tan ambigua. Algunas de las características de Piper no son amigables. Es real e interesante.

—¿Qué ha aprendido de Piper?

—La importancia de expresar tu verdad. Saber quién eres. También la capacidad de resistir y que una vive en constantes negociaciones. Con Piper empecé a preguntarme en quién realmente soy versus cómo quiero que me vea el mundo. Mi personaje lidia con aquello y recién comienza a tener respuestas. Está dejando caer las máscaras. 

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—¿Cómo es trabajar con un modelo real, como Piper Kerman?

—La conocí desde el primer episodio. Es un recurso no sólo para mí, sino que también para el elenco y el equipo de producción. Sus historias y mirada nos benefician a todos.

—Después de  Sex and the City, las cadenas de TV trataron de llenar ese vacío con show de heroínas regias y glamorosas: desde Desperate Housewives a Gossip Girl.  ¿Por qué cree que su show, que es muy distinto al de Sarah Jessica Parker, ha tenido tanto éxito entre las mujeres?

—Creo que los programas que mencionas hacen un retrato femenino muy específico. Y me parece claustrofóbica la idea de un tipo de mujer y amigas que sólo se interesan en zapatos y hombres. Ciertamente para mí aquello es muy sofocante. Hay espacio para tener un punto de vista y compartir otro tipo de cosas que nos pasan. No quiero ser tan dura, muchas chicas en Orange Is the New Black se preocupan un montón de zapatos y hombres, pero también abordan otros temas que son tan o más valiosos.

Schilling aborda con naturalidad las condiciones carcelarias. Tuvo que aprender del tema para mover a su personaje en ese mundo.

—Ha conocido muchos códigos penitenciarios. En ese marco, si tuviera que escoger una “esposa de prisión” entre las mujeres de Hollywood, ¿quién sería?

—¡Uffff! Mujer, esa es una pregunta muy difícil. (Momento de largo silencio.) No sé quién sería mi “esposa de prisión”. Lo siento…

El abanico para jugar es eterno: desde Angelina, pasando por Lupita a Meryl. Quizá, todavía se asoma esa clásica hija de fiscal. O la Piper quisquillosa y burguesa que todavía le importa cómo la ve el mundo.