Llega en moto. ¡Sí, en moto! No le importó que la azotara el viento en una de las mañanas récord de frío en Santiago. Soledad Onetto (37, casada con Rodrigo Alonso, sin hijos) se baja de su Vespa blanca, casco en mano, frente a su oficina en Providencia, ubicada estratégicamente a pasos de cafés, bares y librerías por los que deambula a diario. También a pocas cuadras de Radio Cooperativa, donde sale al aire con su programa GPS. Ahora tendrá que sumar kilómetros a las dos ruedas y aplicar velocidad con su debut en Ahora Noticias, de Mega, a mediados de agosto. El informativo que la tendrá de vuelta en el prime y como única protagonista ante la cámara.

¿Su revancha? En el papel aparece así, luego de que en febrero de 2011 la removieran de Teletrece para reemplazarla por Constanza Santa María. Tras su animación en 2009 y 2010 del Festival de Viña, ejecutivos señalaron en off que la periodista se había desperfilado. La querían derivar al área de entretención, propuesta que ella rechazó de plano. Acusó no cumplimiento de contrato y fue a arbitraje judicial con la ex señal católica, el que terminó en un acuerdo confidencial y su partida de Inés Matte Urrejola después de nueve años.

Superestrella de Twitter con más de un millón de seguidores, no acusa ansiedad. A pesar de que enfrenta un nuevo desafío: subir en rating a un noticiero que actualmente se encuentra en el cuarto lugar. Asumió otra “velocidad”. No sólo la de su motocicleta, sino la del ritmo propio. Se nota cuando camina por la costanera Andrés Bello, a cara lavada y en jeans. En las noticias reaparece tras su paso en el mismo canal con el late En pauta, que la tuvo llegando a su casa a las 3am por casi un año. Otra señal del valor del tiempo propio. Hoy, los diarios se le pueden apilar, pero no la lectura de novelas que devora en su oficina o los sábados por la mañana.

—¿Le acomoda conducir sola?
—Mucho. Es un desafío gigantesco y tengo ganas de abordarlo. Pero no estoy sola. La conducción es en solitario, pero hay un equipo periodístico tremendo.

Ahora Noticias se construye como una gran puesta en escena. Habrá un gigantesco muro audiovisual que apoyará cada una de las notas. “Hay una intención en cómo queremos contar la noticia, para que esto no se transforme en una nota-lead (presentación del titular y dato)”, explica. “Lo otro muy novedoso en la TV chilena –continúa– es que alguien conduzca noticias en solitario y que, además, sea mujer. Te va a sonar muy grandilocuente, pero quiero decirlo con toda la sencillez del mundo, es como Anderson Cooper (uno de los rostros estrellas de CNN). Hombre que veo, reviso y releo. Me encanta esa posición que tiene el set, de dominio, porque hay muchísima gente detrás”.

Wp-onetto-193—No es la primera vez sola en las noticias.
—En las mañanas de Canal 13 me tocó un gran período sola, antes lo hice en el Pulso de Medianoche (Rock&Pop). Algo quería decir el destino… El pasado va construyendo el presente. Y va a ser necesario ver Ahora Noticias por su escenografía, no existe en la competencia algo así.
Todavía están definiendo el formato. Onetto tendrá la misión de “simplificar todo; mi regla en la vida es ‘menos es más’. Más allá de que esto sea ABC1, C2, C3, D. Pienso que el público que llega a ver las noticias de la noche ya sabe, al menos, nueve de los 10 titulares que vas a presentar”.

—¿Estas noticias serán de una hora, es decir hasta las 22.00 hrs?
—No, van a seguir extendiéndose. La competencia de la industria televisiva nos impide reducirlas drásticamente.

—¿Hasta qué hora le gustan los informativos?
—Me parece que hasta las 10 de la noche somos capaces de entregar un mejor producto televisivo. Más minimalista, más cedazo de toda la información del día.

(…)

En el ambiente periodístico, el anuncio de su conducción en el noticiero desató una ola de comentarios. ¿La razón? Ahora Noticias la reencuentra, con el hombre que le hizo la cruz como rostro central en Teletrece: Jorge Cabezas, quien asume como gerente de servicios informativos de Mega.

—¿Chile es chico?
—Sí, y ahí aplican todos esos clichés que pueden llegar a aparecer. Con el mismo sentido del humor, te puedo decir que ya sabía de su llegada.

—¿La invitación al informativo fue antes de que llegara Cabezas?
—Sí. No lo tomes como una respuesta políticamente correcta, pero he aprendido que los proyectos no son de una persona. Tampoco de dos. No quiero que siga personalizándose este noticiero en Jorge Cabezas y Soledad Onetto. Hay un equipo. Entiendo lo que pasa, pero es una discusión de la cual quiero salirme.

—¿Quedan cicatrices de la salida del 13?
—Insisto, hay que mirar hacia delante, construir. Es un proyecto desafiante para ambos.

(…)

—Siempre se va a hablar de la salida de Teletrece de Onetto.
—Tienes razón, pero no en el sentido de un antes y un después en mi carrera, sino que un antes y un después en la forma de cómo deben hacerse las cosas. Y en eso no cambio ni una sola coma de lo que dije en ese momento. Creo que tomé una decisión súper valiente, además en un mercado que es de este porte (hace con los dedos el gesto de ‘pequeño’), donde los costos podrían haber sido muy altos. Fue algo muy meditado y me sentí apoyada por todo mi círculo. No me arrepiento en lo más mínimo. Venía desde la convicción de que mi trabajo valía. Una labor de muchos años, no de meses. De entrega y desvelos. Hice valer ese capital. Después pude seguir y me llené de energía.

—¿Cree que su versatilidad fue castigada en Canal 13?
—Absolutamente ¿no? Es difícil hablar de eso, ya que para mí siempre ha sido tan natural. Tienes una forma de ejercer el periodismo, otro lo realiza de otra manera. Anderson Cooper nuevamente se aparece como fantasma: tremendamente preparado y bien guiado, pero hace y dice lo que siente.

—¿Va a trabajar en otros programas para el canal?
—Estamos grabando el Cara & Sello. No seré la única conductora. Iré a terreno a reportear el tema de la educación.Hace doce años, declaraba que “ser atractiva es un arma de doble filo”. Hoy se sonroja y muere de risa cuando se le recuerda el titular. Era la partida en Mega y desde esa fecha tuvo que defender su platinado, “en variadas entrevistas…”. El año pasado regresó a la misma señal conduciendo En pauta con un tono mucho más oscuro en el pelo. Algo que parece banal, pero tuvo muchas lecturas. Entre ellas, que quería reaparecer más seria.

Wp-Onetto-193-2—¿Levantó la bandera del platinado y se rindió?
—¿La bandera blanca? Tiene una explicación mucho más simple. Y voy a cometer una infidencia aplicando humor: incluso el Presidente me preguntó por qué (ya no era rubia). ¡Qué poco glamoroso lo que voy a contar! Llevaba mucho tiempo haciéndome visos y decidí dejar descansar este pobre pelo.

(…)

En el certamen viñamarino animó con Felipe Camiroaga, del que se preparan dos biografías. “Me pidieron entrevistas para uno —el que preparan Cristián Farías y Cecilia Gutiérrez—, pero no accedí. Tuve el honor de conocer a Felipe y sé que lo que más resguardaba era su intimidad.

—¿Qué le pasó cuando salió el informe del accidente?
—A lo mejor es súper duro lo que te voy a decir, pero también creo que los accidentes se producen.

—¿El destino?
—Sí. Me pareció súper injusta la discusión en torno a las responsabilidades de dos personas que ya no estaban. Que se ventilaran las notas del piloto y la capacidad de ella, eso me dolió. Lo encontré triste. Legítimo, por supuesto, son investigaciones periodísticas, pero tristes. Ellos se subieron y el destino fue ese.

Tras la muerte de Camiroaga, la periodista escribió una columna en La Segunda. En privado, vivió la tristeza revisando continuamente los cuatro álbumes con fotos de ellos juntos. “Me acordaba de cada momento, cada detalle, cada palabra”.

—¿Va a leer las biografías?
—No creo. Me ha tenido bastante molesta la discusión en torno a su vida personal. No quiero que me pregunten más sobre quién era el amor de su vida, qué sentía, con quién estaba. ¿Quiénes somos nosotros para elucubrar sobre algo?

—Es atractivo periodísticamente.
—Tal vez te daría una opinión mucho más desprejuiciada si no lo hubiese conocido. Ya muerto no tiene la posibilidad de defenderse. Ahora ya estaba navegando plácido y aprovechando sus espacios, que es lo que yo hago ahora: tomarme el tiempo, disfrutar un café, revisando a mis amigos.

—¿Esa reflexión viene con su muerte?
—Una mezcla de todo, el bajarme de la pelota…. (se detiene y retoma). No me bajé de la pelota, me salí. Porque vivía dentro de la pelota. El día en que tomé la decisión coincidieron varias cosas en la vida: Entre ellas mirar con un poquito más de calma. Antes —voy a dar un ejemplo que lo grafica bien—, cuando trabajaba en Full Canal, Rock & Pop, en Cara & Sello terminaba y —fuese a la hora que fuese— y me instalaba con el VHS para retroceder, avanzar y mirar lo que había dicho, cómo y en qué tono.

Eran sus primeros pasos en TV, período en que también partió otro emprendimiento paralelo. Cuando todavía era una estudiante universitaria, Soledad Onetto ya coqueteaba con el mundo privado. Muy ordenadita, según ella misma cuenta, pedía reuniones y aparecía con su cuaderno a conversar con altos ejecutivos. Así llegó a realizar el informativo del Banco Santiago. Hoy el espíritu lo formaliza con una empresa –Onetto Producciones– que lleva una década en el mercado. En clave fashion, también quiere traer una línea de joyas.

—¿Cuántas personas trabajan con Ud.?
—Yo y yo (da una carcajada). Son asuntos excesivamente discretos. Hago trabajos personales donde ayudo en temas de comunicación. No es un training de entrevistas, se trata más en cómo motivar, qué se quiere decir.

—¿Cómo llegan a Ud.?
—Porque los conozco hace muchos años, además entrevisto a mucha gente. Es una mezcla, la vida misma, trabajo con ellos en distintas áreas que me gustan: minería, telecomunicación, energía.

(…)

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—Con el noticiero, ¿qué pasará con Soledad Onetto empresa?
—Tengo tiempo para hacerlo todo (ríe)… Intento. Hay que ordenar agenda.

—¿Cuántas horas va a estar en el canal?
—Después de la radio (18.00) me voy a Mega. Obviamente más todo lo que pueda hacer en la mañana y estaré comunicada. Debo decir con toda franqueza que estuve muchísimos años, ¡muchísimos!, desde las ocho de la mañana en Canal 13. Cosa que la gente no sabe y no le importa, ni valora, sólo aquellos que están trabajando. Llegaba en la mañana y a las nueve de la noche estaba agotada. La energía es una sola, ya no estás tan concentrada. En esos días sí me sentía muy orgullosa de la fórmula. Y lo hacía notar. Son cosas que una va abandonando porque, la verdad, no tiene ni una importancia. El trabajo del noticiero central, el público lo nota desde las nueve hasta el momento que se termina. Es ahí cuando te necesitan full concentración. Creo que tienes que tener otras cosas: conversaciones, un poco de calle, algo de café y mucho de deporte para que se te oxigene el cerebro.

—¿Qué sintió cuando vio Cisne negro?
—­¡Ay, cómo sabes! Fue terrible. Además, fui con mi gran compañera de la vida, con la persona que transito en todas partes, en luces y sombras: mi mamá. Ella estuvo en una etapa en que traté de ser bailarina profesional. Me acompañaba todos los días a la escuela y yo era la más bajita, la que no tenía condiciones. La que bailaba bien, pero que efectivamente era chiquita y más gordita que el resto. Las bailarinas son en exceso delgadas –que es lo que retrata la película– y yo no estaba dispuesta a llegar hasta esos extremos y mi mamá menos. Entonces fue exquisito ver la película tomadas de la mano. Creo que el ballet en mi vida se resume a eso: “Traté, pero no lo logré”, porque iba más allá de mi naturaleza.

—¿Recuerda las últimas palabras de la actriz Natalie Portman? Perfection (‘Fue perfecto’).
—Sí, perfection…Aquello me siguió durante muchos años. Siento que me he liberado, tengo visos todavía de eso. Me quedan y tampoco quiero liberarme del todo, porque es innegable en un área donde siento que las cosas han salido bien: he puesto bastante disciplina y tratado de llevar muchas de ellas a la perfección. Pero, evidentemente, 37 años después te puedo decir que la perfección no existe. No hay que buscarla, ni detenerse en ella.

(…)

—Estando tan arriba en lo profesional, ¿ha pasado por un período oscuro?

—No, gracias a Dios.

—¿Qué no estaría dispuesta a arriesgar?
—La salud.

—¿Y la privacidad?
—También aprendí lecciones. Es un ámbito que protejo y del cual ya no tengo nada más que comentar.

—¿Tampoco de la maternidad?
—Decidí que nunca más voy a hablar públicamente de eso, por una razón muy simple: jamás calibré que involucras a más personas. Cuando estás en esta exposición, no te das cuenta de que eso toca a otros.

—¿Siente que hoy se mueve libremente?
—Me siento moderna, me siento libre. Me siento acojonada como mujer.

—¿Sin dar explicaciones?
—Sin explicaciones a nada. Ni una, no me ando defendiendo.