Le ha ido tan bien a Pobre rico —la teleserie de TVN, que protagoniza como el popular Freddy— que se extendió hasta marzo.

Flaco, desgarbado y de ojos grandes, Simón Pesutic (19) se pasea entre los estudios de TVN. Da la impresión de que se siente un poco fuera de contexto entre grandes figuras como Francisco Reyes o Amparo Noguera. Una especie de pollo en corral ajeno. Aunque ni tanto.
Hijo de Mauricio Pesutic y de la periodista Verónica Neuman (quien durante años trabajó en el área de espectáculos de TVN), tras la separación de sus padres partió con su mamá a vivir a Viña del Mar. “La verdad es que siempre soñé con ser actor”, dice este admirador de Ricardo Darín y que se desvela por hacer cine.

“QuieroHacerCine.cl/URGENTE”, se lee de hecho en su Twitter. Con más de 9 mil seguidores, en su presentación tuitera cita un poema de Jorge Teillier: “Palabras, palabras —un poco de aire movido por los labios—, palabras para ocultar tal vez lo único cierto: que respiramos y dejamos de respirar”.
“Uso la red social para defraudar a mis seguidores… Es que lo que escribo no responde al público que tengo. Más que poeta, me gusta mucho la retórica, escribir, y me expreso con lo que me pasa, y el que entiende, entiende y el que no, nomás…”, afirma.
Estaba en cuarto medio cuando lo llamaron para un casting; así debutó como un personaje clave en los capítulos finales de El laberinto de Alicia (TVN). Entusiasmado con la idea de convertirse en actor, estaba matriculado en actuación cuando lo citaron para una nueva prueba de cámara, esta vez, para interpretar al ‘pelusa’ Freddy en Pobre rico, la teleserie hit de TVN. Y tuvo que congelar la carrera.

SOBRE SU PADRE, TIENE EMOCIONES ENCONTRADAS. Espera con ganas el momento en que les toque grabar una escena a los dos solos. “Sueño con  un cara a cara con mi papá”. Aunque por ser hijo de Mauricio Pesutic también se ha sentido mirado con recelo.
“No es fácil, hay un estigma. Pero me la banco. Este es un país chaquetero y me incluyo; si viese al hijo del gerente general trabajando en su misma empresa también pensaría que lo contrataron gracias a las influencias. Claro que una cosa es estar y la otra es mantenerse; ahí a lo mejor podría llegar a marcar una diferencia. Y las bocas que hablan de mí se van a quedar abiertas y se llenarán de moscas”.
—¿Lo han discriminado?
—Lo he sentido en el trato, las formas, las miradas. Nadie me lo ha dicho nunca directamente. Igual es penca, pero lo asumo. El que quiera criticar, que me vea primero.
Así es Simón Pesutic. Intenso, apasionado. Para su personaje en TVN, un rico nacido en cuna pobre (el típico caso de las guaguas cambiadas) cuenta que lo desarrolló sobre la base de intuición e instinto… “Al principio estaba muy nervioso, no sabía para dónde iba la micro. No tengo las herramientas para construir a un tipo demasiado complejo y la TV tampoco te da tiempo; un par de lecturas y pum, altiro a los leones”.
Pero lo fue ‘puliendo’, en gran parte gracias a los famosos dichos que le han dado un carácter especial al ‘rucio’ Freddy. “Me doy el trabajo de llegar a mi casa, leer la escena del día siguiente y modificar los textos. Los dichos son en un ciento por ciento míos: heavy metal power ranger; bájate del pony, baja las corcheas, flor fly (que es típica de mi papá). Pero es una pega doble”.
—Uno de los temas que aborda esta teleserie es la desigualdad. ¿Qué cosas le indignan particularmente?
—La gracia es que tiene mucha contingencia, cosas que están pasando aquí y ahora. Aunque frente a los temas de educación y salud, me considero súper ignorante; sé que las cosas no están bien, que hay desigualdad; estudié en un colegio privado, los Sagrados Corazones de Viña, y me doy cuenta de las diferencias que existen en cuanto al aprendizaje, a la PSU… Este es un país muy injusto, donde los ricos cada vez son más ricos y los pobres más pobres. Y aunque se hacen anuncios y propuestas, siento que nada ha cambiado mucho, que todo sigue igual. Eso sí hemos crecido en cuanto a conciencia social y a la capacidad para manifestarnos; a eso le temen los poderosos: a un pueblo educado, que sabe, que puede alegar y es consciente de lo que pasa. Ya no estamos en los tiempos de Calvino en que se determinaba que el que nacía rico moría rico y el pobre, igual… ¡no poh! Hoy todos quieren surgir y es natural. Antes eran más reprimidos, hoy están saliendo a la calle.
—¿Entonces está conectado con las cosas que pasan?
—En el último tiempo ni siquiera veo las noticias; llego a la casa, estudio y me acuesto. Soy bien introvertido, puedo opinar mucho y actuar bien poco. Lo admito. Tampoco significa que no sea consciente de lo que pasa; a lo mejor es un error, pero soy súper individualista, me preocupo mucho de mí y de los que me rodean, más allá no entro, no tengo demasiado amor por el prójimo…
—¿Qué lo mueve entonces?
—Mis sueños y poder cumplirlos. En lo profesional, más que ser un actor conocido quiero ser reconocido. Y luego vivir de lo que me gusta. También viajar gracias a mi trabajo. Mi ídolo es Ricardo Darín, un weón que viaja por todo el mundo haciendo películas y le va increíble, lo llaman todos los directores de Latinoamérica. De hecho, me encantaría hacer cine.

NO TOMA, NO FUMA MARIHUANA Y ESTÁ EN CONTRA DE LAS DROGAS. “Es que soy tímido; no me gusta la adrenalina de lo prohibido; le tengo mucho miedo… Prefiero algo en casa, con gente conocida. Ni siquiera armo el carrete, llego a la fiesta, y ojalá esté buena”.
—¿Le sacó canas verdes a su mamá?
—Para nada. En la edad del pavo tal vez peleé mucho pero no era tan complicado. Además que ella también es permisiva, así es que tenía que ser algo muy grande para que se molestara.
—¿Cómo le ha ido con ser conocido?
—Me pasan muchas cosas con eso. Me da pudor, vergüenza. La tele idealiza a las personas, y a mí eso no me queda; no me considero una persona perfecta ni bacán ni nada. Es una ficción lo que ocurre ahí dentro. De hecho, la gente me dice: oye, pero tú no hablas como en la tele… ¡No poh! Quieren que sea como el personaje y nada que ver.
—¿Es totalmente opuesto a Freddy?
—Tengo sensibilidades parecidas, pero no soy tan tirao al dulce ni me creo tan choro. Soy un weón sensible, que llora fácil, que se emociona y que lo pasa mal con complejos absurdos que yo mismo me invento. Muy de energías, de lugares y de personas. Toda esa amalgama crea un todo común que me atrae o no. Si voy a comer a un restorán y no tiene onda me deprimo altiro. Soy híper sensible.
—¿Y con las mujeres también es tímido?
—No tanto (se ríe), pero no me va muy bien; no están todas locas por mí, pero cuando una me gusta casi siempre es recíproco. En eso tengo suerte, porque soy bien quisquilloso, no bailo con la fea; para mí tiene que ser inteligente, talentosa, me matan las mujeres talentosas.

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