Hay algo en los climas fríos. Algo que vuelca la vida hacia dentro, hacia una intimidad celosa que atesora los secretos y la propia biografía, como quien monta un museo único que solo es posible visitar a solas.

Mucho de eso tienen los detectives y policías creados por la televisión inglesa y escandinava. La danesa Sara en The Killing; el sueco Wallander y la británica Jane Tennison de Prime Suspect, son buenos ejemplos de la tensión entre la trama de un caso y la vida misma de los protagonistas encargados de resolverlos. Hombres y mujeres en precario equilibro frente a la amenaza de la derrota. River, la serie inglesa estrenada por Netflix, lleva esa tensión hasta un límite nuevo: la del policía que no encuentra consuelo ni siquiera en la satisfacción del caso resuelto.

John River —sueco de nacimiento— es un detective de la policía de Londres que investiga el asesinato de su compañera, Jackie Stevenson. River fue testigo del momento en que su amiga recibió el disparo y sigue las pistas a pesar de que sus superiores le han pedido alejarse de la investigación, descansar y acudir a un siquiatra. Cada día que pasa es más evidente que River arrastra un daño que lo aísla del mundo y lo deja en una especie de dimensión paralela, habitada por fantasmas que le hablan, lo increpan y por momentos, lo guían.

En la medida que los capítulos avanzan, la figura de River va cobrando consistencia y carne, más allá de sus peculiaridades, en paralelo a las pistas que recoge para dar con el asesino de su compañera. Cada capítulo es un paso más hacia la verdad. Su biografía, sin embargo, apenas queda esbozada en el reflejo de sus relaciones más cercanas.

El personaje en sí mismo es un caso que los espectadores debemos resolver atendiendo una trama afinada con una brutal delicadeza y ambientada en un Londres de barrios desangelados y boliches de poca monta. Una postal naturalista para una producción con un tono intensamente melancólico. El retrato de un hombre desamparado que se mantiene en pie a pesar de todo y que incluso es capaz de dar con los culpables de los crímenes secundarios que presenta cada episodio.

La serie está hecha sobre los silencios como una manera de resguardo y la fragilidad de las relaciones, pero también explora de manera indirecta la violencia agazapada en los vínculos familiares y la posibilidad cierta de herir a quienes deberíamos cuidar.

Quizás el único momento de quiebre frente a la derrota, es cuando River debe enfrentar el enojo de la mujer de su nuevo compañero, al que ha ignorado sistemáticamente. Ella le enrostra la manera en que su marido se ha ocupado de River, ha tratado de protegerlo, agradarlo y acompañarlo, sin recibir a cambio la gratitud que se merece. En ese punto el protagonista parece reaccionar frente a la realidad y abandonar por un momento su mundo paralelo habitado de fantasmas.
River es una de las grandes series de la temporada, una propuesta despiadada, pero por sobre todo, una historia profundamente triste contada con inteligencia.