Desde el Festival de Viña 2008, cuando cerraba una etapa de conducción en que volaba, bailaba y hacía rutinas de humor en el escenario de la Quinta Vergara, que a Sergio Lagos no se le veía tan relajado frente a la cámara. Pero luego pasó a otra fase: la cara de póker como conductor de los reality shows, ¿Quién quiere ser millonario? y Mi nombre es. Hasta dar el giro en 2014 y volver a la risa y la adrenalina del ‘en vivo’ con La movida del Mundial

Este brillo coincide con dejar atrás temporadas de nubes grises sobre su cabeza. La más ‘cargada’ y pública: el arresto de su hermano Manuel el año pasado por tráfico de marihuana. Fueron 67 días de encarcelamiento que lo tuvieron en otro protagonismo: personal y político.

Hoy recibe a CARAS  en su estudio en calle Santa María. Rodeado de guitarras y frente a las perillas de grabación conversa ‘hacia atrás’, pero también  ‘hacia adelante’. En el pasado está el drama familiar. En el futuro su nuevo disco Cosmos (que sigue a Irreversible), dos programas de TV que prepara de manera independiente y la modificación de la polémica Ley 20.000.

Son sus últimas horas en Chile antes de unas vacaciones familiares y un paso como roadie de su mujer Nicole, en un show que ella dará en Los Angeles (California).

Sonríe sin la tensión de las cámaras.  Lo hace sólo porque está contento. “Fue divertido lo de La movida del Mundial. Compartir con Martín (Cárcamo) y Diana (Bolocco) fue increíble. Juntar a tres personajes no es fácil, pero nos resultó muy cómodo”. 

Wp-sergio-lagos-450

También siente el nuevo aire en la ex estación católica: “Puede ser una etapa muy poderosa, muy luminosa. Hay una nueva generación de gente a cargo, personas jóvenes con las que me siento súper empatado. Nunca había percibido con tanta urgencia que el canal empieza a reordenarse y para eso estoy dispuesto a todo…”.

—¿El 2013 es para olvidar?

—Digamos que en los últimos años tuvimos hartos temas…

—Poco antes… la muerte de tu suegra.

—Y la partida de dos de nuestros abuelos, las muertes del Pájaro (el periodista Rodrigo García) y Gustavo Sánchez. El proceso doloroso de mi suegra fue muy largo. Luego vino lo complejo y delicado del tema de mi hermano (Manuel), que nos tocó a todos. Y claro, mientras tanto, estaba la ambivalencia de la vida: la paternidad, los hijos, el amor, las canciones, la amistad, la familia.

En CARAS lo entrevistamos en 2012, a propósito de que estaba pronto a cumplir cuarenta. Edad clave. ¿Una muestra? Afuera de su estudio rockero está estacionado un auto familiar con sillas de niños en la parte trasera.

—¿Sientes que hay un antes y un después de esa edad? La vida te tiró unas señales…

—Sí, pero este tipo de situaciones le ocurren a todo el mundo. Nadie está exento a las dificultades, pérdidas y  problemas. La vida tiene mucho que ver con aquello. A pesar de lo difícil de los últimos años, también se solidificaron muchas cosas, las relaciones se hacen más potentes.  

—¿Qué te sorprendió?

—El año pasado, en medio de toda la locura, nos invitaron a Concepción para un acto en solidaridad por mi hermano. Partimos y cantamos como 25 canciones. Ahí te das cuenta que ese tipo de cosas son intangibles y te cubren, te fortalecen. Con un pequeño gesto puedes volver a dar vida y te inundas de energía.

—¿Qué sacas de todo ese proceso?

—Lo más impactante a un año —y un poco más  (del arresto de Manuel)— es que todo siga igual. Esto se cae a pedazos. Veo que no hay cambios: meten 400 personas a la semana detenidas por porte, consumo y cultivo (de marihuana).

—La Ley 20.000.

—No basta una renovación de la Cámara o una acción de sus diputados. ¡No! Esto es un decreto a través de un pronunciamiento presidencial. Y ya podría generar un montón de cambios. Lo que provoca esta ley en su ambigüedad es un montón de daño. Eso no sólo lo entiendo yo, también gran parte de este país. 

—¿Cómo fue mantener la compostura en los días de la detención de Manuel?

—Básicamente, ahí el primer punto de inflexión era mi hermano. El, a pesar de estar privado en libertad, nos alentaba a mantener una convicción total en lo que hacíamos y en lo que defendía. Mantuvo su amor propio en la peor circunstancia. Nunca quiso aceptar un juicio abreviado. Jamás dejó de preocuparse por nosotros, mucho más que de él. Siempre nos hizo sentir que no lo iban a doblegar. Esa sensación de que no nos iban a quitar la alegría. Sentir orgullo de lo que somos. Eso es un regalo.

—Pero nadie quiere ese tipo de regalos.

—No, pero aprendimos del cariño de otros y a empatarnos con una situación social que existe. Se homologó nuestra historia a la de mucha gente. Estamos hablando de 68 mil al año. Mi hermano me decía: ‘Sé que los tengo a ustedes, que tengo a mi familia, que tengo a mi mujer, que tengo a los músicos chilenos, que tengo a muchas personas que conozco y nos están apoyando. Estoy acá con gente que no tiene a nadie. La mayoría estaba absolutamente sola, entonces Manuel me señalaba: ‘A mí no me van a quebrar.

—En algún momento, ¿lo vieron como personal? ¿Ensañamiento?

—… No hago ninguna lectura en ese sentido. No hay ciencia alrededor de ello. Podría ser una interpretación, pero hay doscientas más…

—¿La tuviste en tu cabeza?

—Pero nunca la dejé correr. Y si fue así, como ejercicio, la llevamos hacia el otro lado: aprovechar nuestra dificultad para abrir el tema a una discusión pública nacional. Por eso pasamos de ser un boom noticioso de ‘espectáculo’ a un tema país. Siento que aportamos a la conversación en un nivel más serio. Discusión que espera un cambio. 

—¿Sin paranoia?

—Para nada.

—¿Qué te pareció el cambio de Francisca Florenzano antes de salir del Senda?

—Es el proceso de mucha gente en esta pasada…

—Ella, una de las más ‘duras’, partió dejando un decreto para sacar a la marihuana de la lista de drogas duras. 

—Perdóname, tuve la posibilidad de conversar con Jaime Orpis (senador y director de la fundación antidrogas Esperanza) en su minuto. Estuvimos en su casa con él y su señora por cuatro horas. En esa oportunidad el punto en discusión era que los consumidores no debían estar presos. Tema en que nos costó muchísimo ponernos de acuerdo, pero finalmente señaló que en esa máxima coincidía. Un par de meses después él con Fulvio Rossi presentan un proyecto. Siento que detrás de este tópico hay muchísima ignorancia y prejuicio,  afortunadamente, éstos se van debilitando. En Estados Unidos ya tienen una visión distinta, mucho más libertaria y abierta.

Wp-sergio-lagos-450-2

–Pero siempre bajo el paraguas ‘medicinal’.

—No, también hay recreativas. ¿En Europa? ¡Para qué hablar!  Lo importante es lo que pasa hoy: 400 personas a la semana son detenidas por la Ley 20.000 con total abandono de la presunción de inocencia, que es una máxima jurídica internacional asumida por Chile. O sea, entras como culpable y puedes estar dos o tres años preso sin juicio. Una violación flagrante a los derechos humanos. Estuve con Alberto Espina, que entiende perfecto las diferencias. Ellos nunca pusieron la marihuana en nivel de ‘droga dura’. Fue Bachelet en 2008. Entonces, es un total desconcierto, está sobrepasada la intención de la ley en la forma en que opera.

—¿Alguna vez pensaste que ibas a estar de lobbista?

—Me pasó de casualidad. Pero también me di cuenta de lo urgente y lo importante que es. De alguna manera, como periodista, siempre estuve haciendo algún ejercicio de opinión. Aunque entrar en la arena y llevar un tema a l conversación pública de una manera elevada, nunca me lo imaginé. Pero hay que ir haciéndonos cargo de las cosas que encontramos.

—En esta pelea también apoyas el Sativex (medicamento derivado de la cannabis). La última encuesta Senda habla que un 56,9% de los escolares consumen marihuana, ¿crees que eso va a perjudicar o abrir el debate?

—Todo aquello es parte de la misma discusión. No podría decir que la marihuana es inocua ni que hay que dejar que los chicos menores de 18 fumen libremente. No. Creo que esta es una sustancia como muchas otras, que debe tener ciertos controles y regulaciones. ¡Cómo no! Pero también hay que tener una libertad para poder observar. No quedarnos con un fantasma que se cae a pedazos. Y, por otro lado, tenemos legalizadas cosas que son mucho más complejas.

—Pero nos damos vuelta en hablar de marihuana medicinal, cuando todo el mundo, finalmente, quiere la recreativa.

—Pero hay casos y casos. Países que siempre dan escuela manejan esto con criterios mucho más amplios. Es un descriterio no permitir ayudar a gente enferma. A mí me preguntan mucho en cómo conseguir aceites de marihuana, porque alguien está con cáncer y no pudo seguir un tratamiento. Trataron, pero hay gente presa por fabricarlo. Hay un error enorme…

—Entonces, ¿por qué saltó alarmado el Colegio Médico con la nueva encuesta?

—Hay grupos que tienen distintas lecturas. Están aquellos, como el doctor Milton Flores, que apoyan la marihuana como una necesidad espiritual y en el ámbito de la conciencia individual. Hay otros que sostienen el uso de la cannabis como un elemento que debe ser incorporado en el servicio de salud y, por lo mismo, tiene que ser liberalizado. En uno de los países más empastillados como Chile, que no permitan la existencia de un ejercicio orgánico que trabaja como un ansiolítico, es una torpeza. Aunque lo que a mí más me preocupa, donde siento que hay una emergencia humanitaria feroz, es el nivel del daño social de la Ley 20.000. Esta, en su ambigüedad, ha permitido un daño inconmensurable. Y que resulta la peor estrategia de esta ‘política’ de drogas: asumir a un consumidor como delincuente, como traficante, como una persona que debe ser privada de libertad.

—Está el gesto de Florenzano al irse y la conversación con Orpis, pero afirmas que todo está igual.

—Eso es lo curioso. Acá hay que preguntarle a la Presidenta…

—¿Se corrió con el tema durante la campaña?

—No, lo habló.

—¿Pero evadió su responsabilidad de incluir a la marihuana entre las drogas duras?

—Sin duda. Es difícil plantear un tema así, pero efectivamente esto requiere una cuota de voluntad política real.

 —¿Cómo te preparas para hablar del tema con tus hijos (León y Celeste)?

—Con la misma naturalidad que lo habló mi madre conmigo cuando yo tenía 12 o 13 años. Directamente me dijo: ‘Existe a, b, c, f, g.  Creo de esto, lo siguiente y esto otro. He probado aquello y eso no. Creo que tú eres un tipo inteligente y vas a saber hacer responsablemente uso o no, más allá de lo que yo te diga’.

—Estamos en un Chile donde somos ‘pillos’.

—Sí, tal vez hemos tenido una historia que no nos ha permitido crecer.

—¿En Canal 13 te han mencionado algo por tu discurso sobre el tema?

—No, para nada. No sólo con este tema. Nunca me he sentido editorializado. Sí he tratado de ser muy respetuoso para no llevar al canal en mi mochila públicamente.

—¿Cómo está tu hermano en estos días?

—Bien, muy bien. Trabaja conmigo y con un montón de gente. Tiene una empresa que sigue caminando con muy buenas nuevas.

—¿Cambios?

—En absoluto. No nos han quitado la alegría