“Estoy en mi mejor momento”, suele responder Gonzalo Valenzuela (36) medio en broma cuando le preguntan cómo está, en alusión a una de las canciones del popular grupo chileno Los pata’ e cumbia, y que su amigo, el actor Nicolás Bottinelli lo tiene convencido de que fue compuesta para él. Pero más allá de las tallas, Valenzuela pareciera estar al fin pasando por una buena etapa personal, en la que ha ido encontrando un equilibrio, y las respuestas y explicaciones a una serie de interrogantes como la temprana muerte de sus padres, de su hermano y también de su pequeño hijo que falleció hace tres años; dolores que lo han marcado profundo, y que hasta hace poco le impedían fluir en sus distintas facetas. Cada una de sus grandes historias las ha ido grabando a fuego en su piel con imponentes y simbólicos tatuajes que descubrimos en la sesión de fotos. Aunque por pudor en un principio se negaba posar a torso desnudo, de a poco Gonzalo se fue soltando y entregándose al lente de Javiera Eyzaguirre, para terminar compartiendo parte de la historia de sus grabados —y que se niega a confesar en una entrevista— donde resaltan unas grandes alas, un árbol que se ramifica por su espalda hasta la cintura, unos pájaros emprendiendo el vuelo y la sentida frase Bendito es el fruto de tu vientre…

Tras casi una década radicado en Argentina donde hizo una exitosa carrera actoral, el 2013 aceptó por primera vez firmar contrato por dos años con TVN. Buscaba de esa manera ‘bajarse de la pelota’ un rato, dejar de ir de allá para acá y tener cierta estabilidad en su vida. Con su mujer, la actriz y modelo trasandina Juana Viale tras nueve años juntos, decidieron entonces radicarse en Chile, ya que veían aquí un lugar seguro para criar a sus hijos —Ambar (12), Silvestre (6) y Alí (2)— y, de paso, les permitía como pareja darse una nueva oportunidad tras una serie de crisis y escándalos por rumores de infidelidad, que tuvo como clímax la famosa foto de Juana besándose, embarazada, con el ex ministro de Economía Martín Lusteau (en 2011), y que copó los medios de lado y lado de la cordillera. Aunque lo peor vino después: ella perdió a ese niño al séptimo mes de gestación, sin embargo, de ese dolor renació la relación con Gonzalo, y al tiempo llegó un nuevo hijo.

W-Gonzalo-450

Así las cosas, a comienzos del año pasado la pareja se instaló en Santiago, matricularon a sus niños mayores en el colegio, y mientras ella barajaba distintos proyectos, Gonzalo grababa la nocturna Socias de Televisión Nacional. Todo parecía marchar sobre ruedas, sin embargo, a los pocos meses vino la ruptura definitiva que ninguno había reconocido… hasta esta entrevista. Fue la famosa abuela de Juana, Mirtha Legrand, que en enero pasado despejó las dudas señalando a la prensa trasandina que no entendía por qué la pareja no reconocía la separación.

En extremo cuidadoso con su intimidad, Gonzalo no escarba en las razones del quiebre, sin embargo, a lo largo de la conversación va entregando algunas pistas. “El límite de una relación es cuando no te hace bien”, diría más adelante. Es cauto, algo tímido, pero profundo y evita al extremo que se indague más allá… Para él, su ruptura con Viale no es sinónimo de fracaso. “Tuvimos un matrimonio precioso… Y si nos hicimos daño, nos equivocamos y si pasaron un millón de cosas, tiene que ver con la naturaleza del ser humano que es equivocarse y aprender. ¡Uno tiene derecho a errar! El que no lo entienda así, ¡está frito!”.

Con Juana Viale la relación es buena. El vive en su departamento que tenía antes de partir a Argentina, y ella en otro inmueble con sus tres niños. No hay nada de normas ni visitas establecidas en cuanto a los hijos. “La tenencia es compartida. Nos llevamos muy bien… Los suelo pasar a buscar, y ahí vemos en qué casa se quedan a dormir. Por el momento eso fluye muy bien”.

Valenzuela está fascinado con su vida en Chile y, por el momento —asegura— de aquí no se mueve. Está desarrollando varios proyectos con los cinco centro culturales Mori que hoy tiene en Vitacura, Parque Arauco, Bellavista, Mall Plaza y Viña (de los cuales es socio con Benjamín Vicuña y Cristóbal Vial), preparando un megaespectáculo de boxeo que pretende montar el 2015 y está entregado por completo al deporte que lo tiene bastante más delgado pero muy tonificado. Practica boxeo, golf, tenis, vóleibol, fútbol, snowboard, motocross enduro, y se ha ido metiendo en el mundo del póker, al punto que está desarrollando un programa de TV en Fox para Latinoamérica. “Es un deporte de mente muy entretenido. Participé en un torneo en Viña, y de 630 jugadores salí octavo… Llegué a la mesa final, y lo que transpiré, la adrenalina que viví me apasionó al punto que me puse a investigar, a leer libros y hoy estoy desarrollando varios proyectos”.

En estos días debutará además en No abras la puerta, la próxima nocturna de TVN donde por primera vez en Chile hará el papel del antihéroe. Será Juan Pablo Olavarría; un sicópata obsesivo y maltratador que al enterarse de que su ex mujer (Luz Valdivieso) —que logró zafarse de él— regresó al país, comienza a acosarla. Para el rol y entender qué pasa por la mente de estas personas, Gonzalo se ha reunido con varios sicólogos y siquiatras. “Es una patología, son tipos enfermos que pueden matar y no sienten nada. Esta teleserie puede ser un fenómeno, tocará un tema incómodo pero muy común que es la violencia física y sicológica que se ejerce en muchas familias… Esto viene de un machismo ancestral, sin embargo, con los movimientos feministas, la mujer también ha sido causante de violencia hacia sus parejas”.

—¿Estarían cobrando su revancha?

—Claro, y muchas ejercen violencia sicológica, que es simplemente decirle a alguien que es inútil, que no sirve, mirar en menos, creerse superior y se meten en unos laberintos que terminan muy mal, con grandes daños. Y eso muchas veces repercute en los niños que ven como normal que en sus familias griten o exista violencia. Esto no ocurre sólo en Chile, sino en todas las sociedades…

 

Wp-Gonzalo-450

—Se vino buscando cierta estabilidad, ¿cuándo y por qué sintió la necesidad de bajar las revoluciones?

—Es difícil a la larga no querer un equilibrio… En estos últimos años ya no tengo tantas ganas de buscar y probar cosas; necesitaba regresar, ver a mi gente, volver al Centro Mori. Tenía una vida súper movida, con distintas pegas, no sabía qué haría en seis meses, si al año siguiente estaría en Chile, Argentina, España, Italia; siempre viví así, era atractivo, pero cuando tienes hijos quieres estabilidad para ellos y para eso debes asentarte. Los niños están bien en sus colegios, la verdad, estoy feliz aquí.

—¿Se queda definitivamente entonces?

—Por el momento sí. Tengo un montón de proyectos que quiero desarrollar acá; Chile vive una etapa súper buena social y económicamente, en que la gente se puede proyectar, a diferencia de Argentina que los últimos años ha tenido situaciones complicadas en lo social, político, con los bancos, que genera incertidumbre. Esa diferencia con Chile me fascina y da seguridad. Aquí veo un pueblo tranquilo, aun cuando hay desigualdades y muchas cosas por resolver, pero la estabilidad aquí, insisto, es fascinante. En pocos lugares se vive así, y eso se valora cuando vives fuera.

—¿Le costó mucho convencer a Juana trasladarse con la familia?
—No. Nos vinimos juntos, entre medio nos separamos… Chile es amigable, y le ofrece a ella muchas oportunidades de trabajo, está contenta. Está todo súper tranquilo, y los niños, ¡la raja!, felices, entusiasmados. Hago un trabajo como papá súper personal con cada uno. A la mayor (hija de Juana) por su personalidad matea y disciplinada la metimos a la Alianza Francesa; con Silvestre, optamos por la educación Waldorf que me tiene encantado: le ha hecho increíble, probé en varios lugares, y al final encontramos su espacio. El es silvestre tal como dice su nombre.

—Me imagino que siempre estará el riesgo de que a su ex mujer le salga algún proyecto afuera, y tenga que partir con los niños…

—Sí, eso está siempre presente, y es algo que se discutirá en el momento. Con Juana tenemos un montón de propuestas en Argentina, pero por suerte ambos sabemos y estamos concientizados que lo más importante ya no es uno, lo que hace más fácil la toma de decisiones.

Niega haber partido por meses a un retiro espiritual al sur tras su separación. “¡Eso es mentira! Pero, ¿sabes?, ya no me ofusco ni me molesta, sólo me río de las fotonovelas que se inventan. Lo viví más karmáticamente en Argentina, fue más pesado… Sólo una vez enfrenté a un periodista argentino (Luis Ventura) porque ya era degenerado lo que hacía. Y hoy ese tipo ahora está en Buenos Aires todo cagado, con 50 demandas, en la ruina y con riesgo de ir preso, creo que anunció que se retira… Yo, en cambio, con trabajo y con una vida que me sigue dando puras alegrías”.


—Pero en defensa del periodismo, ustedes son personajes públicos, y se exponían con imágenes que hablaban por sí solas.

—Pero eso no permite mentir, no porque yo sea un personaje público y aparezca un día con barba, tienen que decir que me fui a un retiro espiritual, ¡es mentira!, eso es engañar y mentirle a la gente.

—¿Usted no ha contribuido a los rumores con su silencio?
—No vale la pena aclarar nada, nunca lo he hecho excepto esa vez; me desgasta. Que hablen lo que quieran, todo cae por su peso…Wp-Gonzalo-450-4

—¿Cómo está hoy tras su separación?

—He tenido grandes dolores en mi vida, pérdidas importantes, fracasos, mi ruptura matrimonial, pero aprendí a levantarme. Mi única manera es trabajar y dar cariño, lo único que quiero es querer y dar —aunque suene naif—, y eso se devuelve. Mi primer objetivo son mis niños porque para ellos también es dolorosa la separación. Y con Juana nos llevamos muy bien porque ellos son nuestra prioridad. El trabajo también me hace bien, lo mismo el deporte, entrenar, tener objetivos y cumplirlos.

—Ustedes tuvieron varias crisis…
(Interrumpe)

—No, nosotros nos separamos una vez (2009) como seis meses y ahora, nunca antes en estos nueve años. Todo el resto es mentira…

—¿Y ahora es definitivo?

—Nadie sabe qué es definitivo en la vida, pero por el momento está bien así…

—¿Qué reflexión hace sobre lo que fue su relación de pareja?

—Si hay algo que he aprendido en mis 36 años, y no sólo con esta relación, es que el amor existe, y eso te da fuerza para todo, para levantarse de nuevo, para seguir. Hay mucha gente que deja de creer, yo no; me encanta entregar y recibir. Por eso me levanto muy tranquilo, vamos a ver qué pasa…

—Pero habrá un aprendizaje, cosas que capaz no quiera repetir si se embarca en una nueva relación…
—No sé, depende de cada persona, la manera en que me relaciono contigo no es la misma en que lo hago con la fotógrafa o como lo hice con Juana o con otras ex parejas. Eso dependerá de con quién te relacionas, en qué momento de tu vida, a qué edad, con qué hambre de conseguir otras cosas. En los últimos nueve años pasé por etapas muy distintas, tenía muchas ganas de hacer cosas que nunca me imaginé que hoy ya no me quitarían el sueño…

—¿Cuánto les pesó tener una relación tan expuesta?

—No sé, porque no lo he vivido de otra manera, no tengo ese punto de comparación…

—¿Hay mea culpas porque su proyecto familiar no resultara?
—A mí me funcionó muy bien mi matrimonio, ahora si uno se basa en las reglas de la Iglesia Católica “de que es para toda la vida y hasta el lecho de muerte”, claro, fracasamos, pero no eran mis reglas.

—¿No cree en el matrimonio?

—No sé, no me he casado nunca… El nuestro fue un matrimonio muy lindo, de muchos años, de gran comunicación; no veo ningún fracaso. Y si nos hicimos daño, nos equivocamos y pasaron un millón de cosas, es parte de la naturaleza humana equivocarse y aprender. Es muy importante que la gente entienda que nadie nos puede quitar el derecho al error; quien no lo haga, no aprende.

—¿Cuál es su límite para no seguir en una relación?
—Cuando no te hace bien… La vida es más simple de lo que uno piensa.Wp-Gonzalo-450-5

—¿Cuándo no es feliz?
—Cuando no te hace bien. Es rarísimo ese concepto de felicidad, todavía no lo entiendo, porque yo no quiero ser feliz, quiero estar feliz.

—¿Está preparado para enamorarse de nuevo, formar una nueva familia?
—Tal vez, no sé, no hay nada más lindo que estar en pareja cuando estás enamorado. Y me encanta la familia, siempre he querido tener una y luché muchísimo por la que tengo. Perdí a la mía muy chico, tengo una necesidad muy grande de familia, y seguiré peleando por eso. Conocí a una persona de la que me enamoré, tuvimos hijos, lo pasamos la raja, y ya no estamos juntos; no sé qué pasará mañana ni pasado. Lo único que tengo claro es que todos los días me levanto con muchas ganas de hacer las cosas que hago; eso me importa, y trabajo para eso, para estar bien física y mentalmente, con buen ánimo, sin arriesgarse, autodestruirse ni hacer huevadas.

—¿Qué exige en una pareja hoy?
—Respeto, para eso hay que partir por respetarse uno. Y también cariño, si me lo dan, yo también doy.

Su objetivo personal es seguir estable, como hasta ahora. “Estoy muy contento con volver a cuidarme, eso ha estado rico”, comenta mientras sonríe algo tímido. Dice que por largo tiempo trató de abarcar muchas cosas, de preocuparse de otros, “ahora quiero partir por cuidarme mucho a mí, así podré cuidar de Alí, Silvestre y Ambar”.

—¿Qué quiere decir con empezar a cuidarse?

—Tiene de todo, ¿desde qué lugar quieres que lo hablemos: físico, mental, de la salud?

—De lo que es importante para usted hoy.
—Lo importante en este momento es encontrar respuestas a muchas cosas y trabajar sobre eso… Y me ha ido bien…

—¿Qué tipo de respuestas anda buscando?
—Para todo lo que hablamos: para entregar amor, recibir, para poder criar a los niños, estar bien en la pega, estudiar un personaje, hacer un programa de TV y espectáculo de teatro como los que estoy preparando… Cuando se traba la energía de algo, ¡se traba todo!, y eso ocurre cuando no tienes respuestas, que te ahogas… Yo he buscado respuestas desde niño, y cuando llegué a Chile el año pasado me di cuenta de que estaba más solo de lo que creía, y estuvo bueno entenderlo. Empecé a indagar en mí, a buscar explicaciones, a entender ciertas cosas y ha hecho que todo fluya. Estoy haciendo mis cosas muy contento, luego de haber pasado un proceso grande de buscar los por- qués … Lo mío pasaba por aceptar y aprender…

—¿Aceptar qué?

—Aceptar la muerte, el fracaso, las alegrías, los triunfos… Cuesta mucho aceptar la partida de seres queridos, ¡de un hijo!, eso te puede bloquear mucho, a menos que hagas un trabajo que te permita aceptarlo y sacar algo de eso. Me pasó con el éxito, yo era muy pendejo, de repente me vi en esa vorágine y me bloquee. Yo no quería ser un líder de opinión, no quería ese estigma, hasta que entendí que era lo que quería y que de mí dependía el camino a seguir, eso me abrió una puerta, y empecé a fluir porque me sentía muy acorralado, ¡no quería!

 

Wp-Gonza-3

—¿Y la pérdida de un hijo se acepta?
—Sí claro, es lo más fuerte, pero eso depende de cada uno.

—¿Como lo ha hecho usted?
—Entendiendo qué es ese gran dolor y en qué me ayudaba… No hay que tener miedo de investigar en uno, que es algo que nos entrega el trabajo actoral. La muerte de mis viejos fue terrible para mí, quedé huacho muy pendejo, sin ni uno, estudiando teatro, y eso me dio más fuerza para estar acá hoy día. Que no se malinterprete, pero uno puede llegar a agradecer los dolores, yo he llegado a hacerlo con las grandes tragedias de mi vida y aprendí otras cosas. Como te decía, la partida de mis padres me dio fuerzas para desarrollarme profesionalmente, salir adelante, ver los amigos que tenía, valorar la importancia de tener a tus viejos. Y hoy agarro a mis amigos y les digo: “Hueón, cuida a tu papá, cuida la relación con ellos por esto y por esto otro”, y veo que muchos abren los ojos.

—También debe ser un aprendizaje en su rol de padre…

—Imagínate, ¡un montón! , lo más importante en mi vida son mis niños. Lo único que intento es darles cariño, que estén bien, y no me interesa que sean ingenieros comerciales ni exitosos, sólo que jueguen, sean felices y que vayan aprendiendo porque tienen responsabilidades. En eso soy jodido, muy estricto en muchas cosas, pero, insisto, lo único que quiero es verlos sonreír. Y si tus hijos te dicen una vez que te aman, ¡no pidai más hueás!, ¡date por pagado! Silvestre se pasa todas las noches a mi cama, y cuando me abraza me dice en la oreja “te amo, te amo”. Con eso ni él ni yo necesitamos que se gane el premio a las mejores notas ni al mejor compañero.

—Difícil tenerlos al margen de una cultura tan exitista como la nuestra.
—Hay ciertos círculos, pero no toda la sociedad es así. Para mí la gente más exitosa que conozco son los que andan sonriendo, y a los que les va mejor, que andan en autos caros y tienen unas casas increíbles los veo más amargados, con hijos poco felices por la relación que tienen con sus padres. Al final el éxito no pasa por el poder monetario. Y ojo, no digo que la competencia sea mala, al contrario, los actores somos competitivos y los deportes que practico me apasionan y quiero ser el mejor. Tuve la oportunidad de ver jugar a Chile y España en Brasil, ni te explico el ambiente que se vivía; está bien competir en esos momentos, pero no puede atravesar ni marcar tu vida. Con el aprendizaje que tenido, hoy me basta con verle la cara a una persona para ver si es feliz o no.