En estos meses buscaron tener una niñita. Maribel quería que su pareja criara una guagua desde su nacimiento, por lo que hizo dos intentos de quedar embarazada a través de inseminación artificial, que no resultaron. Tras el primer fracaso, Cárdenas recuerda que su mujer quedó afectada. “No entendí su pena porque estoy feliz con nuestros hijos. Maribel cumple todos los requisitos , sin embargo, no se pudo. Yo no me imagino embarazada y por mi edad, es más complejo. Habría sido lindo que llegara una niñita, crecí rodeada de mujeres; pero insisto, tenemos una familia preciosa, no necesito nada más”.

En casa, los roles están definidos. Mientras Maribel es la mamá cariñosa, Scarleth pone las reglas y da los permisos. “Los hago estudiar, les ayudo con las tareas y les pongo desafíos, aunque muchas veces me he sorprendido acariciándolos. No era cariñosa, pero he aprendido y a ellos les encanta”. En medio de esta vida maravillosa, dice la periodista, fue que recibió el llamado del director del diario La Cuarta, para decirle que tenía en su poder su certificado de unión civil, publicando al día siguiente la noticia que se había casado con otra mujer. “No me parece que te pongan una pistola y obliguen a decir lo que no quieres. En algún minuto lo íbamos a contar con la misma naturalidad con que la vivimos, porque para nosotras es un orgullo”.

Tras dicha publicación, Cárdenas cuenta que debieron preparar a los niños. “No sabíamos lo que se venía. Entonces les contamos que salió en un diario que nos casamos y que formamos una familia. Ellos se iluminaron y dijeron: ‘¡bien!, ahora todos sabrán que tú eres nuestra mamá’. Aunque el más chiquitito señaló: ‘no sé si reír o llorar; estoy feliz, pero no sé qué van a decir mis compañeros. No quiero que nos molesten’. Debimos explicarles que, así como hay gente que nos quiere y nos cuida, habrá otros que no estarán de acuerdo, aun cuando la ley nos proteja. Y si les dicen algo, su mejor argumento es lo felices y tranquilos que están”. Para Maribel, aunque en Chile hemos avanzado en materia de discriminación, queda mucho por recorrer.

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“Desde el día uno le dije a la Charlyta que jamás podría tener una vida de la cual no me sintiera orgullosa o me obligue a decirle a mis hijos que hay que ocultar. No tengo por qué dar explicaciones, sin embargo, a raíz de lo que salió, sentimos que era el momento de decir sí, somos nosotras y para que los niños vean que no hay nada que esconder, solo sentirse orgullosos. Lo mejor es que les estamos entregando la libertad de que sean lo que quieran ser”. A Scarleth le llama la atención las mentiras y que algunos no acepten la felicidad de otros. Sus palabras apuntan al rumor que hace meses corre y que se ha viralizado por las redes, de que se había casado con Francisca Dávalos, la hija mayor de la Presidenta Michelle Bachelet. “Primero no la conozco, jamás he coincidido con ella en alguna actividad. Tendrá que ver con enemistades políticas con la Presidenta. Si hasta llegaron a decirme que por eso en la TV no me quieren, ¡cuando mis trabajos son por opción! Chile es terreno fértil para que las mentiras florezcan. Basta una mente retorcida y tontos útiles para que proliferen este tipo de rumores”. Asegura que la mala vibra no la alcanza ni daña la felicidad que tienen como familia.

“Los niños están en un colegio católico, fuimos a una reunión con el rector y al contarle nuestra historia, nos dijo: ‘qué cuestionamiento ético puedo hacerles si esto es amor, es una familia’. Nos agradeció por ayudar a abrir camino y me dijo que debía comenzar a ir a las reuniones de apoderados y actos del colegio”. Maribel Corcuera dice que hasta ahora no han sentido grandes costos por su valentía. “Quizá pueden verse ahora, después de esta entrevista, pero la ganancia siempre será mayor. Quienes me conocen dicen que me cambió la cara, que nunca me habían visto tan feliz”. Para los que no comparten su forma de vivir, Scarleth solo pide respeto para ellas y sus hijos. “Que entiendan que llevan una vida muy bonita y normal”. Y con la voz quebrada, confiesa: “Primera vez que siento miedo. Soy tan feliz, que no quiero que les pase algo; ¡me muero! Se combinó la alegría con el temor, que solo entienden los que han logrado ser tan feliz”, dice con lágrimas. Su mujer la abraza y con voz firme, le asegura: “Charlyta, ocurrirán cosas feas, quizás habrá pacientes míos o apoderados disconformes, pero ¡nadie romperá esto! Vida e historias tenemos las dos y tengo la certeza de que ésta, es para el resto de la vida”.

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