Jeans rasgados, tacones, camisas a cuadros, un pelo rubio largo y aspecto de Brigitte Bardot en su mejor época, Rita (Mille Dinesen) se pasea por los pasillos y las oficinas de la escuela donde hace clases y donde de vez en cuando va a la oficina del director a divertirse con un poco de sexo.

Rita no solo es una maestra que usa las normas únicamente para ponerlas al revés: es una mujer con la parada y la actitud de quien viene de vuelta en la vida, que circula con la sutileza de un elefante en una cristalería, temeraria y desparpajada, pragmática y ocurrente, que se permite ser y hacer lo que nadie más.

Es, en suma, una antiheroína fascinante. Y divertida.
Porque esta sorprendente serie mezcla espléndidamente interesantes conflictos humanos y familiares, a todo nivel de edades, con un humor que descoloca; ese que Rita, sin querer, siempre nos regalará con sus ocurrencias.

Alguna vez estuvo casada, fue madre a los 19, y sus tres hijos —uno de ellos alumno del colegio Islevgard donde ella enseña— saben cómo es y cómo no va a ser nunca Rita. “¿También era rara en esa época?”, le preguntan a alguien que la conoció joven.

Solo Helle, la representante del Consejo Escolar, es capaz de hacerle frente, en unos diálogos donde vuelan los cuchillos en forma de sarcasmo e ironía. ¡Vamos a ver quién es la que soporta quién!

Como le enrostra una pequeña sabelotodo, “¡actúas como si tuvieras 14!”.
Y sí: hace cosas, como fumar encerrada en los baños de sus alumnos y corrige los rayados que han dejado.
A esta rebelde sin causa todo lo que le suene talibán, la pone en actitud vikinga: los padres anti azúcar y comida sana y fome, “súperverdes”, su consuegra conspicua o lo que se le cruce.
Lo que sí sabe es por qué se convirtió en maestra: “Para proteger a los niños de sus padres”.
A los de ella, ¡quién sabe quién los protegió!
Imperdible.

En Netflix.
3 temporadas.

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