En blanco y negro, pero noté el cambio de marido. La introducción de La Hechizada mantenía los monitos y en los créditos seguía de actor un señor llamado Dick. Hasta que, de repente, cambió de apellido (York por Sargent). El nuevo Darrin Stephens podía ser un poco más buenmozo  y tan cascarrabias como su predecesor, pero no era el divertido ‘Durwood’ (como lo bautizó su suegra Endora). Frustración. No había derecho a reclamo: sintonizaba la comedia varias décadas más tarde y tampoco existía muro ni timeline de red social para alegar y descargarme directamente con un show del otro hemisferio.

Fue mi debut como ‘tevita con necesidad de alegato por el reemplazo de un protagónico en una serie.  

Aunque la industria del entretenimiento, de una u otra manera, siempre se las arregla ante salidas de actores. Hasta pueden ganar premios. Como Charlie Sheen, quien se llevó el Globo de Oro por ocupar el rol estelar de Michael J. Fox en Spin City. Suerte que el malportado artista no pudo legar en este siglo a su reemplazante en Two and a Half Men, Ashton Kutcher. Así, el anecdotario está lleno de trueques más o menos afortunados. Desde Hollywood a la criolla Carmela en todas sus versiones de La pérgola de las flores.

Otro riesgo es con alteración de ‘jugadores’ verdaderos. No personajes de lápiz y papel. Esos rostros que con su nombre definen un programa. El más reciente cambio que tiene a todos opinando es el de la comediante Kathy Griffin en el lugar de Joan Rivers, quien al morir dejó tambaleando la continuidad de Fashion Police. Una leyenda demasiado potente para cualquiera que quisiera mantener ese papel y en plena temporada de alfombras rojas. 

Para qué decir con la guerra de personajes por la mesa de talk shows estadounidenses. Legendaria fue la disputa de Jay Leno y David Letterman por el puesto de Johnny Carson, historia que hasta sacó telefilme.

Tema nada lejano para la TV chilena. Acá la fanaticada tampoco es fácil de complacer. Como lo demuestran los matinales y su juego de ‘sillas musicales’, donde las conductoras se llevan la presión. Mujeres con temple de acero.  

Aunque el escenario nacional que ha visto más pasión por su figura central es el Festival de Viña. Después de casi tres décadas controlando al monstruo, Antonio Vodanovic partió en 2004 y al año siguiente dejó una semana de pesadilla al venezolano Ricardo Montaner, que tomó el micrófono por él. El verano siguiente Sergio Lagos subió a la Quinta y recibió algunos gritos que pedían al croata, pero rápido hizo su juego, retornando en la edición siguiente entre aplausos de la galería.

Pero todavía existe ‘el reemplazo’. Un cambio mayor sin pistas: Don Francisco. Ya ni siquiera por Sábados gigantes, que en su emisión santiaguina tuvo a tantos autoproclamados ‘herederos’ de Kreutzberger. El programa salió del aire y Chile no se vino abajo. Otro tema es la Teletón. Pero no me preocuparía, ‘Mario’ es eterno.