Lo que tiene de atractivo Rebellion es lo mismo que la puede hacer compleja para el espectador: gira en torno a una época de la historia de Irlanda de la que sabemos poco por este lado del planeta, la de la sublevación antibritánica de la Pascua de 1916.

“Las Cenizas de Angela”, “En el nombre del padre”, “71”, solo por nombrar tres películas recientes (unas más que otras), nos han mostrado el conflicto de la Irlanda católica, pauperizada por las políticas de dominación de Inglaterra, y que tuvo su punto álgido en el tristemente conocido “bloody sunday” que Bono convirtió en canción. Son los años 60, 70, los de plena actividad del IRA (Ejército Republicano Irlandés), que luego se subdividiría en varias facciones. La de la Irlanda del Norte y la del Sur. La de Belfast y Dublín, dos universos aparte, que ya venían de antes causando las grandes migraciones hacia Estados Unidos.

Pero lo que ocurrió justo al estallar la Primera Guerra Mundial —y que por cierto es el antecedente de todo lo anterior— no había asomado hasta ahora, salvo en “Michael Collins”.
Y eso es lo que llama la atención de esta serie… y también lo que hace que su su primer capítulo pueda resultar no tan sencillo de seguir.
Pero la serie no pretende ser un documental y cuenta este trozo de historia a través de una ficción.

Comienza en julio de 1914 en Dublín. Una alegre y colorida escena se sucede en un teatro.

Tras ello, los irlandeses se enteran que Inglaterra ha entrado en la Primera Guerra Mundial. El hecho termina por fracturar una sociedad dividida entre quienes quieren permanecer bajo soberanía británica con parlamento propio y quienes quieren la independencia total.

Los violentos hechos que se irán sucediendo a lo largo de los 5 capítulos de la primera temporada los iremos conociendo a través de las vivencias de tres mujeres decididas y modernas, de diferentes sectores de la sociedad: Elisabeth Butler, estudiante de medicina, perteneciente a una poderosa familia de banqueros de Dublín; Francis O’Flaherty, una huérfana que sobrevive dando clases de gaélico; y May Lancey, una provinciana que ha llegado a la capital a trabajar en las oficinas del Gobierno británico.
Aunque les signifique dramáticos cambios y renuncias en sus vidas, cada una de ellas terminará luchando por sus ideales.
Lo mas seductor de esta serie es que nos hace asomarnos a significativos sucesos poco difundidos, despertando la curiosidad del espectador por averiguar más sobre este trozo de la historia que no es ni tan lejano ni tan exótico.

La opción de los realizadores de seguir este hilo desde protagonistas femeninas —en lugar de soldados o políticos, como se hace habitualmente— permite una aproximación distinta, que la hace doblemente original. Es una manera de ver la historia no desde las grandes épicas, como por ejemplo lo hace “Michael Collins”, sino desde un punto de vista más cotidiano, humanista, personal. Si las guerras y conflictos se escrutaran más a menudo de ese modo, seguro habríamos comprendido que las vías violentas son siempre devastadoras.
Si es de esas personas aficionadas a la historia, véala y luego busque información sobre este episodio: se sorprenderá. También es un buen ejercicio para darse cuenta que los relatos siempre serán parciales.

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