Va a cumplir casi dos años fuera de la televisión, luego que en diciembre terminara su contrato con TVN y el 2014 estuvo prácticamente vetada por el canal tras negarse a aparecer en el BDAT si no le pagaban un sueldo adicional. Raquel Argandoña había firmado dos contratos: uno por el matinal y el otro por un espacio de farándula que haría con Pablo Mackenna y que no resultó. “Yo alcancé a firmar y él no; eso ya no es mi problema, ¡tuvieron que pagarme igual! Sin embargo —recuerda—, cuando terminó mi relación laboral con el Buenos días, pretendían que siguiera de panelista por el sueldo del otro programa que no fue; ¡no poh, no son permutables!, nada que ver una cosa con la otra, ¡y me fui para la casa! Mira, me dio lo mismo, ¿cómo me iba a importar si igual semana por medio me ponen en los medios?”, dice la Argandoña, una vez más dando cuenta de ese carácter frontal, frío y deslenguado que en sus tiempos de juventud le trajo beneficios, convirtiéndose en diva por ser la primera en desafiar a un Canal 13 católico con tener un hijo fuera del matrimonio, enfrentar al mismísimo don Francisco y hasta su hija Vivi —cuando en pleno estelar le encaró sin piedad que su marido la había abandonado por su prima hermana—, y tener siempre una cartita bajo la manga en contra de sus enemigos para el momento preciso. 

Sin embargo, frente a una actual televisión más amable y menos agresiva, muchos interpretan su retiro como un castigo a ese carácter indomable. Hay quienes piensan que este tiempo ha sido para ella de reflexión sobre su conducta, la  que para muchos terminó alejándola del público. Y no faltan los que creen incluso que la Raca ya estaría armando una estrategia para volver, mostrándose esta vez más simpática y cercana, como hace unas semanas en Vértigo, cuando muerta de la risa contó que hacía poco se había fumado un pito de marihuana, ¡y se había ido a negro!

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“¿Arrepentida yo de algo?, ¿si extraño la tele?, ¡nada mi amor, olvídate!”, asegura mientras sirve café con galletas light y se acomoda pierna arriba en uno de los sillones de su departamento, demostrando una vez más que la Argandoña tendría que nacer de nuevo para mostrar algo de humildad. “El ambiente televisivo es tóxico… Los últimos meses lo pasé pésimo, creo que me fui en el mejor momento (antes de la debacle de rating de TVN)”, sentencia esta mujer de pocos amigos, pero de fidelidad con ellos a toda prueba.

“Ahora, lo estoy pasando chancho, disfrutando; mírame, ¡si hasta rejuvenecí, te juro!”. Por primera vez —dice— está priorizando pasarlo bien por sobre proyectos laborales y la plata, la que, reconoce, ha sido siempre central en sus decisiones desde los inicios de su carrera. Con más recursos ha podido darse todos los gustos y lujos que cuando niña no pudo, y aunque ha sido tildada de calculadora y ambiciosa, nunca le importó. Incluso este año pensaba instalarse seis meses en Palma de Mallorca, pero suspendió esa aventura para el 2016, porque quiso acompañar a Kel que en diciembre dará su examen de grado para recibirse como abogada. Mientras, viaja todos los fines de semana y recorre Chile con el café concert Cesantes sin lucas junto a  Patricia Maldonado y Pamela Díaz, con quienes estarían preparando para diciembre —junto a la doctora María Luisa Cordero— un nuevo show en el que las cuatro harán de prostitutas. Además, será por un tiempo la nueva relacionadora pública de la empresa de contabilidad de su amigo Marcelo Quezada (Contamed Ltda), donde llegó a poner orden y ya causó sus primeras polémicas por despedir a funcionarias que la acusaron de malos tratos y despido injustificado. “Mira, la gente confunde el trabajo con la amistad, no podían tratar al jefe de ‘Marcelucho’ o ir peinada a lo Shakira en una oficina que atiende público. Al final uno es la mala porque pone la cara, pero las decisiones las toma siempre el gerente. Ahora, estas personas no tienen la culpa, como no hay farándula, ¡andan a la caza de noticias! Hay dos programas que viven de mí, de Kel o de Hernancito. Voy para los dos años fuera de la tele, aun así todas las semanas me siguen al aeropuerto, se meten al Instagram de mi hijo, comentan sus fotos y de eso pueden hablar una semana”.

—Eso como estrategia la mantiene vigente.

—Estoy tan tranquila así, contenta; si me preguntas si echo de menos la televisión, ¡te juro por mis hijos que nada! El ambiente es tóxico; te expones a una farándula barata, y de eso te das cuenta afuera, donde todo es más sano. Ahora, no reniego, se paga muy bien, nunca he mentido sobre lo que gano y tengo, no como otras que salen de los canales con gorritos de lana artesa, y los autos y todo lo que tienen lo esconden. Yo no tengo nada que esconder; al contrario, todo me lo he ganado con mi trabajo en mis 40 y tantos años de carrera.

—Que no ha estado exenta de polémicas y altibajos.

—Empecé en una época súper buena, lo único malo que los famosos en ese tiempo no ganaban los sueldos de ahora. Fui lectora de noticias, hacíamos estelares, César y Raquel presentan, Martes 13, animamos la OTI con Raúl Matas… Ha sido beneficiosa, gracias a ella tengo lo que tengo y es porque fui profesional. Me fue bien, supe invertir, ahorré, jamás gasté de más ni se me subieron los humos. Me asesoré muy bien para los contratos, la mayoría de los rostros firman a todo evento; los míos son de mutuo acuerdo, por eso ahora ves animadores top haciendo programas que dan pena con uno o dos puntos de rating, aunque siguen ganando 20, 25 millones… Fui previsora, por eso hoy vivo tranquila; cosechando de los frutos…

—Eso en lo económico, pero su cosecha con el público al parecer no ha sido fructífera, por algo no está en pantalla.

—No hay programas para mí, ¿en qué podría estar? Me encantaría hacer un proyecto que tiene la Paty Maldonado con cuatro mujeres; eso daría resultado. ¿Y panelista de qué?, ¡si no hay farándula! Ya no hay rostros, las chicas de discotheque no existen. Hoy están todos preocupados de Mega que captó lo que el público quiere: teleseries turcas, se llevaron a la mejor directora del área dramática: Quena Rencoret. La gente, además, está optando por el cable. Yo casi no miro tele, cuando puedo veo Sila y El Sultán que me encanta, aunque la Kel lo encuentre ordinario, ¡me da lo mismo!

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—¿Y no atribuye su ausencia a que la gente se cansó de los personajes agresivos?

—Prefiero despertar amor y odio, y no ser esas personas que todos adoran, al final no duran y se olvidan rápido; tú tienes que provocar algo. No me arrepiento de nada de lo que hecho en TV, y con la Pata Maldonado somos las únicas que hemos durado 40 y tantos años, y aún me entrevistan, invitan a los programas y me pagan lo que quiero. Y no es que haya creado un personaje ni fue forzado, sólo que no estaban acostumbrados a que las mujeres dijeran la verdad. Ahora, admito que ya no estoy ni ahí con contestar cosas que creen polémica para no alimentar a los programas tóxicos que me pelan. 

—Pero alguien que trabaja en TV se debe al público, ¿nunca le interesó ganarse ese cariño?

—Un 50 por ciento me quiere y el otro 50 me odia, y de esos, el 20 por ciento me ve igual. No, yo no voy a cambiar; estoy conforme con todo lo que he dicho y he respondido. No me arrepiento de ninguna decisión profesional, porque todas han sido pensadas. Y jamás me han obligado a conducir algo que no quiero, como les ocurre a otros animadores que terminan animando fiestas y dando el informe del tiempo, y tienen que aguantarse nomás.

“De lo único que me arrepiento y me arrepentiré el resto de mi vida fue hacer pública mi separación con Hernán (Calderón) y el tema de los niños… No tuve la madurez para parar el tema”, confiesa Raquel. “Me desesperé cuando mis hijos se fueron de mi lado; es el dolor más grande que puedes sentir. Caí en la trampita, si me atacaban, salía a responder. Cometí el error de contestarle a Hernán públicamente, y que mentía por esto y esto otro… Fue terrible, terrible. Un bumerang con un costo alto; todos comentaban; no era necesario. Ahí me caí, no debí prestarme para el juego, debí callar, porque si no hay contraparte, el tema se acaba. Aprendí la lección; también que la vida trae recompensas y que todo se paga acá. Ahora tengo una excelente relación con mis hijos; Hernancito vive al frente, con la única persona que viaja es conmigo, ¡somos yuntas!”.

—El fue muy duro con usted públicamente. ¿Por qué de nuevo se expusieron sus problemas y no pudo arreglarlo puertas adentro?

—En un minuto las relaciones se cortaron. A la juventud no le gusta que le impongan reglas; reconozco que me metía en sus vínculos de amistades, y como estaba en el matinal las comentaba, eso a él no le gustó, y no lo supimos arreglar entre cuatro paredes. Sus declaraciones fueron autorizadas por el padre. Hay personas que cuando aún no tienen sus heridas sanadas, utilizan a los hijos, y eso es malo. Debes tener la madurez —que te da el tiempo—, para entender que las peleas son de adultos, que nunca debes involucrarlos. Eso lo aprendes tarde, nadie te lo enseña.

—El adjudicó el bajo rating del reality Las Argandoña por su actitud clasista, que solía ‘rotear’ a la gente.

—Puede que no sea dulce con ciertas personas, pero yo no roteo ni miro en menos a nadie. Hernán debió decirlo porque a veces tus hijos no tienen las amistades adecuadas y más de alguna vez me habrá presentado una niñita medio lanzada o que andaba con una falda tan corta que no le tapaba los calzones. Puede que me vean así porque ando siempre arreglada, pero la mayoría de las veces me dicen que soy cercana y sencilla, muy distinta a como me proyecto. En eso tuvo que ver la Paty Maldonado que me enseñó a reíme de mí, de mis cirugías y defectos. Con ella aprendí a relajarme; antes era muy cuadrada. 

—¿Por qué no ha logrado convertirse en la Mirtha Legrand chilena?

—Me encantaría un programa como el de ella o el de la Susana Giménez, pero aquí no funcionarían por la mentalidad nuestra. Antes aspiraba a eso, pero fíjate que ahora no. Si me dijeras: “Raquel te tengo un proyecto en TV”, tendría que pensarlo. Estoy tan bien así, tranquila, disfrutando. Los dos últimos meses en el BDAT me pasó lo mismo que cuando uno es chica y no quiere ir al colegio, en que te pones a llorar y te duele la guata. Al final lo pasé pésimo.

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—¿Por qué?

—No sé, no me daban ganas de ir a trabajar. Mis amigos me veían demacrada, molesta; no estaba feliz, grata, y eso que nos iba bien. Algo me pasó ese verano que no encajaba; bueno, no estaba Ricarte ni ese cuento divertido de antes; como que resentí el ambiente. Y en marzo cuando no volví, ya fui otra. Partí de viaje, me dediqué a mis cosas y a contener a Kel que este año dará su examen de grado.

—¿Tuvo algo que ver usted con la salida de Mauricio Correa del BDAT como se ha especulado?

—No, hace tiempo él quería hacer otras cosas. Mauricio quería que siguiera en el matinal, pero la nueva gerencia visualizó que yo no era necesaria. Tuve suerte; salí en el momento justo.

—¿Se acabó la TV para usted entonces?

—Por ahora el show se acabó… Todo dependerá lo que pase el próximo año. Soy un nombre importante; una marca, y eso lo tengo claro. Aunque volver no me quita el sueño.

—¿En qué condiciones lo haría?

—Con un prime, una vez a la semana. A estas alturas te lo mereces…

—A lo Cecilia Bolocco que entra, sale y cobra lo que quiere.

—Lo encuentro maravilloso, ¡fantástico! Me encanta la Cecilia, es culta, se prepara a la hora de entrevistar.

—¿Y hoy privilegiaría las “lucas” o el proyecto?

—El proyecto, ¡aunque no regalado! Eso sí no haría farándula otra vez; esa cuestión ya murió, ¡hay puras pellejerías! La gracia es que no necesito la TV para vivir.

—¿Y eso desde cuándo? Hace unos años admitió tenerle miedo a la cesantía.

—Ya no, porque alcancé lo que necesitaba. Hoy mis miedos es que les pase algo a mis hijos antes de que yo me vaya; lo único que quiero es verlos felices. En lo económico estoy bien, con mis departamentos arrendados; quizá no tengo para darme grandes lujos, pero sí para mis comodidades a las que estoy acostumbrada: viajar, ir a restoranes, comprarles regalos a los niños; la ropa que yo quiero, pasear a mi mamá, contratar un chef para convidar a mis amigos. Quizás antes ganaba 12 y ahora 5; es lo único que extraño de la tele, aun así soy la mujer más feliz del mundo.

—¡¿Me va a decir que la plata ya no es prioridad en su vida?!

—No es prioridad, pero por Dios que ayuda, en caso de cubrir alguna enfermedad o de tener que partir con algún hijo a la posta o a una clínica privada. Para muchos, decir que la plata es importante es políticamente incorrecto; en eso yo no miento porque todo lo que tengo me lo he ganado; trabajo por un sueldo, no para ser más famosa. Y te digo, nunca he trabajado por corazón, en eso soy súper fría, no me encariño con ningún canal, porque a la hora que éste no te necesita, ¡chao nomás! Y hay uno que no me hizo caso; le dije que firmara por tres años sin cláusulas de despido anticipado y por ahí anda dando vueltas.

—¿Lo dice por Jordi Castell?

—Dejémoslo ahí nomás…

—Dice orgullosa que lo que tiene es gracias a su trabajo, ¿no es contradictorio eso con regalarle a su hijo de 18 una moto, un Camaro y un Rolex de varios millones?

—No me meto en los regalos que le hace su padre. Tampoco puedo ser cínica y reconozco que uno comete el error de premiarlos por alguna nota en vez de decirle “estudia cabro tal por cual”, aunque creo que los incentivos sirven en la vida. Además, siempre tratas de darles a los hijos lo que no tuviste de niña.

—¿La traumó vivir siempre al justo?

—No era pobre, más bien de clase normal. Pero reconozco que ahora tengo 35 jeans, y me pongo solo dos. Soñaba con tener un clóset lleno, a un lado lo blanco, los rojos, ¡y así lo tengo!, pero soy de las que se ponen un chaleco y un abrigo. Nunca tuve bicicleta, y ahora tengo dos que usé dos veces, ¡y ahí están!, en la bodega y con las ruedas pinchadas. Mis niños en ese sentido tienen la suerte de que no les han costado las cosas materiales. Ahora, a Hernancito le habría regalado un auto normal, un jeep más seguro y acorde a su edad, y no uno de carrera en que todo el tiempo lo van a tentar en los semáforos a picar. Tampoco le habría comprado un Rolex que fue su regalo de Navidad. Ahora claro, él no tiene la culpa.

—¿En ese sentido no se coordinan con su ex marido?

—Con Hernán hablamos sólo cuando les pasa algo a nuestros hijos, de lo contrario, cero comunicación. No tengo injerencia en lo que les da. Yo soy de otro tipo de regalos, de viajar con ellos, sentarnos a comer hamburguesas, partir en barco y disfrutar del paisaje…

—Sin embargo, cuando le preguntaron a usted por el Rolex de Hernán, respondió que fue gracias a la limosna de la gente; para muchos un insulto para los con menos recursos.

¡Obvio! Qué quieres que le conteste a alguien que con dos dedos de frente me pregunta ¿cómo sobrevivo sin estar en la TV? Querían que les explicara que invertí en bienes raíces, que arriendo departamentos y bla bla bla. No pues, contesté “gracias a la limosna de la gente”. Y salieron con que soy una déspota, provocadora, ¡me da lo mismo! ¿Qué respuesta querían?, ¿que trabajo de prostituta en la esquina?

—¿Apoya el papel activista de Kel que se ha lanzado con todo contra Andrónico Luksic?

—La dejo, es apasionada y llevada de sus ideas. Ella conoce mi posición, conocí al padre de Andrónico a través de Eliseo (Salazar); era un hombre encantador, muy correcto, a quien le guardo un gran cariño. Ahí separo las cosas, en sus temas y luchas no me meto.

—¿No se involucraría en política de nuevo?

—No, con tanta corrupción nadie quiere saber de política. Hay mucha decepción…

—¿La decepcionó Michelle Bachelet a quien le reconoció un buen primer mandato?

—El discurso de ella ahora fue muy bueno, pero no cumplió nada. El país está inestable, hay una sensación de no saber para dónde va la micro ni en quién confiar. Hay que agradecer a la Copa América que paró varios temas. Los jóvenes que un tiempo fueron aperrados e idealistas, se hicieron a un lado. Yo por el mío quiero disfrutar lo que me queda de vida. Tengo pendiente un viaje largo con mis hijos y el próximo año vivir unos cinco meses en Palma de Mallorca. Tenía listo el departamento para ahora, pero no era el momento de dejar a Raquelita. Me voy sola, quiero pasarlo bien, conocer gente nueva, de repente viajar a París, recorrer Italia…

—Bueno, allá tiene quien la reciba. Dicen que su romance con Lolo Peña continúa.

—Noo, ¡ese cuento es viejo!, hace mucho que no sé nada de Oscar.

—¿Está con disposición de conocer a alguien?

—Te digo, mi libertad y espacio lo defiendo a muerte. Estoy soltera, aunque no fanática. Puertas afuera me encanta, aunque mi carácter aisla mucho, el chileno no se atreve conmigo. Es más fácil conocer a un extranjero que a un compatriota, al que le gusta la mujer sumisa, obediente; ¡para eso tendría que nacer de nuevo! Suelo conocer personas cuando salgo a comer, en casa de amistades, pero justo el chileno que podría ser, ¡está lleno de cachos! o es gay. El otro día una amiga me sugirió un crucero de solteras, ¡está enferma de la cabeza!, tampoco ando con un cartel buscando. Me encantaría estar con alguien y verlo dos veces a la semana, que no me controle ni me pregunte qué voy a hacer en mi tiempo libre. Eso me ahoga, mi independencia es total.