“A esta ‘cabra’ la considero mi amiga. No sé si ella me verá así también, pero me caes bien Carola”, reconoce Rafael Araneda, quien a sus 45 años es toda una figura de la televisión, con dos décadas de trayectoria y uno de los primeros chilenos de su generación en trabajar para TV Azteca. A su lado. Carolina de Moras, 34 años, con sólo cuatro de experiencia en este rubro, lo mira con cariño. “Yo sé lo que a ella le han costado las cosas. La gente cree que la vida le ha resultado fácil, pero no es así y eso lo tengo muy claro”, dice su compañero.

Dos festivales han bastado para que la dupla de animadores de Viña reconozcan una relación total. Pura confianza. Carolina incluso se ha vuelto una invitada frecuente en la casa de los Araneda Vacarezza en La Dehesa, “tanto, que pretendemos pasarla por la libreta familiar una vez que cambie la ley de filiación”, dice él entre bromas… Rafael sabe también que cuenta con ella para cualquier problema.

—¿Cómo comenzó esta amistad?

—Rafael: Nos conocimos en TVN, donde conversamos un par de veces. Nada muy profundo. ¿O sabes qué? Creo que fueron conversaciones bien profundas muy pocas veces.

Carola: El se me acercó y me dio un par de consejos muy precisos y yo pensé “por qué tanta buena onda, qué gentil, qué amoroso”. Luego nos encontramos en Chilevisión, trabajamos en Salta si puedes (2013). Ahí empezamos a estrechar el vínculo. 

—R: Sentía que tenía buena vibra, buen ángel. Siempre trato de acercarme a esa gente.

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—¿Y ahora usted es el consejero de Carolina?

—R: No pretendo serlo, para nada. A Carolina le tengo cariño, quiero que le vaya bien, que es distinto. Además, ella me consulta, si no, no me meto.

—C: Soy súper preguntona. Pararse sobre un escenario jurando que una se las sabe todas es un tremendo error. Y el Rafa ha sido súper generoso. Uno de sus mejores consejos ha sido que aprenda a quedarme callada…

—¿Cómo?

—R: Es que Carolina tiende a ser demasiado amable con la prensa y abre flancos sola. Estamos en un ambiente rudo, Carolina, yo creo que tú no has dimensionado lo duro que puede llegar a ser. 

—C: Soy confiada, a veces cuento cosas que pueden malinterpretarse. Con el Rafa he aprendido a no ser tan abierta.

—R: Es muy buena la honestidad, Carolita, pero depende de cuándo y con quién. No puedes serlo a la primera pasada, cuando vas saliendo del canal a buscar a tu hija al colegio. Hay que aprender. 

—C: Sí, a cortar, a poner límites.

—R: Pero tienes una cosa que yo agradezco: contigo todo es más simple. Vamos directo a lo que tenemos que hacer. Hay una retroalimentación extraordinaria a nivel personal y profesional. Creo que vamos bien. ¿Qué piensas tú?

—C: Antes prendía la tele y veía a este súper conductor. Hoy puedo decir con mucha propiedad que conozco al verdadero Rafael: relajado, familiar, paternal, tan caballero, un macho protector. Tiene cosas súper lindas; esa sensación tan libre de vivir, de involucrarme con tu familia, de invitarme a tu intimidad…

—R: Es que soy puertas abiertas, mi casa es mi lugar de trabajo.

—C: Ya estoy adoptada, de hecho, estoy insistiendo que me pasen por la libreta porque quiero algún tipo de beneficio adicional, pero todavía no lo logro.

—R: ¡Estamos esperando la nueva ley! La Marcela la tiene súper integrada.

—C: Entonces ahí hay una libertad de confianza absoluta, le puedo contar mis problemas más íntimos y sé que va a tener un espacio y un momento para escucharme. Y yo también voy a estar en el minuto que él quiera contarme algo. Esta es una relación más allá de lo profesional.

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—Interesante eso de que Rafa es un macho protector, de los que cuida a la mujer, parece que más tradicional. Usted, en cambio, es una mujer moderna, separada, que se hace cargo de su casa, de su hija. 

—C: Pero no somos tan distintos… Quizá suene un poco narcisista, pero somos enfermos de naturales, transparentes. El es de los que te agarra del brazo y te dice: “oye, necesitamos conversar esto”. Me lee muy bien. Además, es un gran observador y sabe cuándo estoy media perdida o tuve un mal día. A veces llego afectada con el tema de la casa, de mi hija… ¡Si es súper duro lidiar con una separación! O de repente tuve un problema con mi pareja y ando cruzada. Entonces, en ese sentido, la naturalidad y la libre expresión que tenemos nos ayuda; soy mamá soltera, mantengo mi casa, a mi hija; pero el Rafa en ese sentido me aterriza y me llama a no sacar tanto ese lado tan masculino. El Rafa me vuelve mujer, me hace sacar mi lado femenino.

—R: Le digo ¡sácate los pantalones, flaca, si el macho soy yo! Porque lo que pasa con las mujeres independientes y trabajadoras es que tienden a asumir un rol de hembra alfa. Ella da lo mejor de sí en el trabajo, cuando se para a negociar, a la hora de ser mamá y papá. Pero cuando le habla a una cámara tiene que dar de su sensibilidad, su delicadeza, su belleza interior, que no es un rol impuesto por la historia, sino que es natural en las mujeres. Entonces me he encargado de incentivarlo. O sea, una mujer joven, con una guagua, enfrentada a la vida, que en algún minuto tuvo pocas alternativas de pega… Porque la historia de la Carola es bien esforzada en ese sentido, mucha gente cree que le fue fácil y no fue así. Entonces ella tiende a sacar sus garras…

—No compiten entre ustedes. Porque en el mismo Festival se han dado casos de parejas que pelean por quién destaca más.

—C: Pero es una tontera. No es una buena idea ni buen negocio; nuestro trabajo es potenciarnos como pareja. La energía no es eterna y, de lo contrario, terminaríamos destrozados.

—R: Claro, flaca, ¡si la idea es pasarlo bien!

Este año el Festival viene precedido de una polémica decisión: la eliminación de la famosa antorcha. Luego de varios estudios, de conversar con críticos y expertos en TV, concluyeron que uno de los grandes obstáculos —centro de críticas y pifias— era la estatuilla. “Es una decisión acertada —opina Carolina—. Durante mucho tiempo se cuestionó la gran cantidad de premios que se entregaba en tan pocos minutos. Los artistas programan sus shows con anterioridad y muchos permitían solo una interrupción. No nos dejaba mucho tiempo… Por eso se decidió hacer un giro. Ya era el momento de terminar con las antorchas y potenciar las gaviotas como demostración del cariño de la gente”.


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Y es que el Festival de Viña del Mar —según Jaime de Aguirre, el director ejecutivo de CHV— “es una gran plaza de pueblo donde todo el mundo llega”. Uno de los certámenes televisivos más relevantes a nivel internacional junto con el Festival de San Remo. En una reciente encuesta a más de 16 mil consumidores chilenos (de la empresa Brand Asset), la marca pasó de estar entre las 300 más importantes a ranquearse entre las primeras cien más reconocidas a nivel nacional. Un claro indicio del valor que este espectáculo sigue adquiriendo entre los chilenos y que según los ejecutivos de la estación también se expresó en el amplio interés por la última licitación, en 2014, donde postularon los cuatro canales más destacados de la televisión abierta, con montos muy por sobre los registrados en 2010, cuando el único interesado fue CHV. Todo, a pesar de las cifras de rating, que pasaron de 43.5 puntos en el 2000, a 27.2 durante la última versión, pero en un contexto donde el país ha cambiado, donde internet, el cable, formatos como Netflix y las tablets representan una dura competencia. En ese contexto, el hecho de que alrededor de 5 millones de personas, esto es un tercio de la población chilena, siga sintonizando este espectáculo, se considera, a ojos de esta industria, todo un triunfo. 

A días del encuentro, la dupla se prepara. Ella, con vestidos de los chilenos Claudio Mancilla, Matías Hernán, Juan Carlos Failer, Claudio Paredes y Rodrigo Valenzuela. El, siempre obediente al estilo de Sergio Arias, que además viste al ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo.

“Por supuesto que hay ansiedad y nerviosismo, es lógico y natural”, asegura Carolina, quien pese a su corta experiencia decidió apostar y embarcarse en esta aventura. En la evaluación 2014 pasó con nota azul. Ella había conducido —junto a Felipe Camiroaga— el Buenos días a todos (2010-2011) tras la polémica salida de Katherine Salosny, espacio al que renunció tras la muerte de su compañero. Luego, en 2013 partió a CHV para animar el espacio satélite Fiebre de Viña y el estelar Salta si puedes. No había cumplido un año allí cuando le propusieron subirse a la Quinta Vergara tras la batahola por la renuncia de Eva Gómez. El pasado año Carolina animó Talento chileno y ahora está en pantalla con Pequeños gigantes, ambos con moderadas cifras de rating en un año donde la pantalla ha estado dominada por Mega y la fiebre por las teleseries turcas. De acuerdo a cifras de Time Ibope, el 2014 ubicó a Mega en primer lugar con 8.4 de rating promedio. Le siguió CHV y Canal 13, ambos con un 7.1.

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Para Rafael el 2014 fue dispar. Sin proyectos televisivos —a excepción de la Teletón y el mundial de fútbol— entre agosto y enero se instaló junto a su familia en San Petersburg, Florida (EE.UU.), para un semestre sabático.

“Fue una de las grandes experiencias familiares que hemos vivido, peligrosamente agradable, porque te acostumbras. Mis niños y mi mujer habían vivido según mis tiempos, pero esta vez me tocó a mí funcionar según sus rutinas. Por eso digo que fue una experiencia extraordinaria”, cuenta.

Todo se dio de manera natural. Marcela Vacarezza había firmado un contrato con Canal 13 para el programa Alfombra Roja, pero el espacio se canceló y quedó sin proyectos para la TV. Rafael, entretanto, se encontraba en conversaciones con CHV para renovar por los próximos cuatro años: “Hablé con los ejecutivos y les dije: “tengo este deseo, me haría bien…”. Conversé en el colegio de los niños y me apoyaron de inmediato. Y mis cabros estaban felices”.

Escogieron St. Petersburg, “una ciudad entretenida, chiquitita, a escala humana. El colegio de la Martina tenía diecisiete alumnos, el de Florencia y Vicente, setenta en total; el patio del recreo era la plaza de un barrio. Otro rollo”.

—¿Y con su mujer, cómo resultó la experiencia luego de seis meses viéndose las caras?

—Muchos amigos me dijeron ‘esto es un riesgo, hasta ahí llegó tu matrimonio. Pero salió bien, lo pasamos increíble. Tenemos que repetirlo, absolutamente.

—¿Sirvió también para tantear terreno, considerando que Florida queda más cerca de México, donde usted trabaja para la TV azteca?

—Sí, pero mi vida familiar, mis amistades están acá.

—¿Pero qué pasa con el ego, con el hecho de no haber tenido proyectos televisivos el 2014?

—Es parte de esta pega. Soy bien pragmático y no creo que haya que quedarse pegado, quejándose. Asumo que tampoco es una situación positiva, pero así es. Si la industria se comporta de manera ‘televisiva’, es parte del rubro al que pertenecemos. Con esta pega he podido sacar adelante a mi familia, y tiene costos, pero también muchos beneficios.

—Como el lujo de estar seis meses viviendo todos en otro país. Da la sensación de que los programas han cambiado, que los animadores obedecen a otro formato. Incluso están quienes plantean que la TV tal como se conoce, hoy tiene sus días contados. 

—Se va a desarrollar de manera distinta. Es la industria de la comunicación en su totalidad la que está cambiando. Es un tema global. La forma en que mi hija sigue las telenovelas es muy distinta a la de mi mamá. La manera en que yo sigo deportes es diferente a la de mi hijo Vicente. Todos los medios (radial, impreso, televisivo, web) estamos viendo para dónde va la cosa. Y los profesionales de las comunicaciones tenemos que ver si estamos aptos. Y en ese sentido creo que a veces es bueno retroceder para avanzar, no hay que tenerle miedo.

—El rol de los animadores también está cambiando.

—Es que nos llenamos de formatos grabados, que tienden a minimizar el rol del animador. Son programas que se hacen todos iguales en todo el mundo y donde se estandariza nuestro papel. Y en la televisión chilena, sin excepción, caímos en la misma estructura.

—¿Y eso ha sido un error, Rafa?

—Sí. La televisión tiene que hacerse en vivo. Hay que darle cierta libertad a quienes trabajan en esto para desarrollar sus diferentes personalidades. 

—¿Ha rechazado proyectos por eso?

—No. Doy mis opiniones, pero soy un empleado. Al final son los riesgos de entrar a la gran industria. Y de repente vienen fenómenos como Sudamerican Rockers o Los 80, que muestran una nostalgia por los viejos tiempos, con otro ritmo, y les va bien.

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—¿Entonces cree que sea una moda o que se seguirá consolidando el animador formateado?

—Es un sistema que está en su esplendor y va a seguir por un asunto económico más que de contenido: para el creativo es genial porque puede venderle la idea a distintos países al mismo tiempo, en el fondo es un copy-paste con diferentes rostros, y al canal también le sale más barato. Los ejecutivos saben que pueden llegar hasta allí, y que si quieren más tendrán que poner a trabajar a sus equipos creativos. Y nuestro canal, dentro de sus posibilidades y la invasión de la turcomanía, logró quedar segundo en rating. 

—¿Cómo analizan el fenómeno Mega?

—Es una excelente administración de la turcomanía, y está bien. Supieron empapar el resto de su pantalla y eso hay que aplaudirlo. No hay que tener miedo. Al menos nuestro canal ha tenido la capacidad de hacer sus apuestas; programó una turca, no le funcionó, la movió, y eso la gente también lo valora. Otros, en cambio, pusieron el freno de mano y hasta ahí llegaron.

—¿Y qué pasa con el ego cuando los programas no resultan?

—C: No te lo puedes tomar en lo personal. Si bien eres la cara expuesta, no puedes cargar con todo el peso.

—R: Además ¿quién tiene el día de mañana asegurado?

—C: Bailar con la fea, bailar con la bonita.

—R: Andar con suerte o andar quemado… ¡Qué tanto! Dediquémonos mejor a festejar. Eso queremos con el Festival de Viña, repetir nuestra gran fiesta.