Un candidato que estaba clínicamente muerto daba la cara y lo hacía en la que muchos juzgaron su más sólida intervención en los medios. Horas antes de que el partido que lo apoyaba lo desconectara del respirador, el exministro lucía en canal abierto los últimos estertores de su entusiasmo entonando canciones de Víctor Jara en una propuesta kitsch que integraba patrimonio cultural de izquierda y neoliberalismo económico en versión doméstica.

Todo indica que durante este año la televisión chilena redescubrió la política.

Todo indica que durante este año la televisión chilena redescubrió la política. Y ha hecho de este redescubrimiento un ejercicio de adaptación que va desde la propuesta pastiche de Frente al Espejo al formato minimal de Protagonistas en Canal 13. Los resultados son tan variados como las ambiciones periodísticas y estéticas de cada espacio que en el caso de Frente al Espejo son altísimas y complejas. El programa de TVN pretende hacer una suerte de retrato del entrevistado en su faceta humana —entendiendo por humano el ámbito familiar y la entrevista chinchosa— y política a la vez. Protagonistas tiene ambiciones más restringidas, pero como suele suceder cuando las expectativas son acotadas, el resultado es un espacio en donde el músculo consume la grasa que en estos casos —el de los programas políticos— suele estar representada por la locuacidad excesiva de los entrevistadores.

Elocuencia o locuacidad, como es obvio, no es equiparable a contenido de calidad: Cantinflas era elocuente y locuaz, Eduardo Bonvallet sigue siéndolo. También lo es Mauricio Israel, quien alguna vez fue parte de los entrevistadores de Tolerancia Cero e incluso líder de opinión y hasta hombre ancla matinal. La tentación de los periodistas políticos de televisión de consumir tiempo en formular preguntas que no acaban y que en gran medida son reflexiones generalistas, desinformadas, que terminan agotando la posibilidad real de difundir los puntos de vista del entrevistado. Son un bonito espectáculo, suma audiencia pero contamina el fondo y a la larga, perjudican la misión de servicio público que tienen estos programas.

El invitado acaba defendiéndose de un ataque, lo que no es igual a despejar dudas, plantear principios, establecer diferencias.

El invitado acaba defendiéndose de un ataque, lo que no es igual a despejar dudas, plantear principios, establecer diferencias. La fortaleza de Protagonistas es justamente reducir el verso a un interrogatorio amable pero preciso, en donde las especulaciones y el verseo efectista dan paso a la pregunta que busca, más que nada, una respuesta que satisfaga a la audiencia, que para este caso también es la ciudadanía.

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