No tenían previsto dar entrevistas, transparentar a la opinión pública la relación que iniciaron hace dos años, pero la portada de un diario capitalino de hace algunas semanas con el titular: “Scarleth Cárdenas, ¡se casó con la mujer de su vida!” —aludiendo y mostrando el certificado del Acuerdo de Unión Civil que firmaron el 3 de marzo—, cambió sus planes. La periodista (43) y su pareja, la sicóloga infantil y ex panelista del Buenos días a todos (BDAT) Maribel Corcuera (40), se sintieron invadidas, arrinconadas con dicha publicación. Comenzó el acoso por conocer detalles y a la mujer que conquistó a la ex panelista de Bienvenidos; y también el temor de ellas de que los dos pequeños hijos de Maribel (de 9 y 11 años) quedaran expuestos “y no respetaran su privacidad y el derecho a crecer felices y tranquilos”, sostienen. Y aunque en un principio confiesan fue complicado, con los días se convencieron de que era mejor contar su historia de amor, para así terminar con los rumores y para que sus niños vieran que no había nada que ocultar.

“Según Maribel, el gancho lo hice yo”, abre la conversación Scarleth al recordar cómo nació la relación. Una historia que comienza el 2010, cuando a ella —como periodista de prensa de TVN— le tocó entrevistarla para una nota del noticiero matutino. “En prensa sabíamos que participaba en el BDAT y que era reconocida en su área. La llamé y acordamos para el día siguiente un despacho desde su casa a las 6 AM”.

Maribel, por su parte, solo la ubicaba por televisión. Recuerda que el día del móvil en directo, le llamó la atención que a pesar del frío, estaban todos listos para el despacho, excepto Scarleth que se quedó en el auto tapada con una frazada hasta el minuto antes de hacer la nota. “No salía nunca y pensé: ‘qué pesada’,” dice la sicóloga, que cambió su apreciación luego de conocerla.

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A partir de ese día, fueron años de sucesivas entrevistas por parte de la periodista a la sicóloga, ya sea para el noticiero central, radio Bío Bío, el programa Medianoche, en que confiesan solo había buena onda. Ambas se detienen en una entrevista del 2014, en que hablaron sobre las familias homoparentales —a propósito del libro Nicolás tiene dos papás—, en que Maribel a pesar de estar con bronquitis y fiebre, a punto de operarse por sus múltiples problemas a la columna, apareció con muletas para señalar que eso no debiera ser tema. “Nicolás puede tener dos papás, dos mamás, una abuela; es familia, ¡es amor!”, argumentó; lo que maravilló a la entrevistadora y fue lo central de su nota.

A comienzos del 2015, Maribel no atravesaba por un buen momento personal. Además de sus problemas de salud, estaba en pleno proceso de separación de su segundo marido. Su primer matrimonio —en que nacieron sus dos hijos— no duró nada, y se hizo cargo sola de sus niños. Su segunda experiencia, que duró tres años, tampoco fue buena. Jamás sintió por parte de su pareja contención, apoyo ni cariño. “El prácticamente tenía otra vida”, confiesa. Esa situación llevó a esta ex alumna de Las Teresianas, hija de familia conservadora y hermana de un ex cura jesuita, a aislarse de todos, dejando de hablar, incluso, con sus mejores amigas.

“Me sentía muy sola. Mi ex marido me aislaba, y yo caí en ese juego. Ni siquiera tenía una vida con él. Hasta que un día dije no puedo estar así, ¡tengo que recuperar mis redes de apoyo!”.

Maribel recuerda que una tarde, estando en la caja de un supermercado comenzó a hacer una lista de personas con las que sabía que contaba. Se acordó de Scarleth, del cariño que le tenía y le escribió un whatssap invitándola esa noche a tomar una copa de champaña a su casa. “Ella me respondió al tiro; ahí pensé la cantidad de gente que se te cruza en el camino y no la ves”.

Esa velada fue crucial para el destino de ambas. Una noche en que Scarleth compartió largo rato con los hijos de Maribel, en que se contaron sus vidas completas; sus penas, alegrías y lloraron juntas. La periodista también tenía una historia profunda que contar, marcada por un origen sencillo y de mucho esfuerzo para salir adelante. La conversación se extendió hasta la madrugada.

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A partir de entonces, cuentan, nunca más dejaron de hablar. Conversaban por chat el día completo y las salidas a comer o a tomar café —donde la pena y llantos de Maribel eran habituales—, se hicieron recurrentes. Al punto que un día Scarleth de manera casi inconsciente subió una foto a Instagram de un vaso de café y una servilleta donde escribió: ¡soy muy feliz! Y luego agregó: “Gracias a la persona más especial por regalarme un poquito de felicidad”.

Cárdenas, quien admite hablar muy poco, se sorprendió de lo que llegó a expresar. “Me descubrí haciendo cosas que jamás había hecho. Ahí me di cuenta de que la amistad había cambiado”.

La conductora de radio Bío Bío y de los canales regionales de Arcatel y del Senado también atravesaba un proceso personal. Tras 16 años en TVN, donde asegura, se “embruteció” con el trabajo —entraba a las 7 AM y regresaba de madrugada—, luego de su salida comenzó a sentir que tenía una vida; a darse tiempo para los amigos… y para el amor. En cierta manera, ella también se había aislado.

A pesar de la evidente atracción que sentían, Maribel no se daba cuenta de sus sentimientos hacia la periodista. “Un día hablando con una amiga sicóloga, le cuento que Charly —como llaman sus cercanos a Scarleth— es tan simpática, que fuimos a tal parte, y ella me dice: ‘¿Tú te das cuenta de que te gusta?’ ¡¿Pero cómo me va a gustar?!, le dije. Ella me respondió: ‘¡Obvio que sí! Encontraste lo que siempre quisiste: una persona cariñosa, protectora, que te da seguridad pero que tú también puedes cuidar. Alguien con quien formar una familia y tener una vida’”. La sicóloga, que nunca antes había estado ni se había fijado en una mujer, lejos de alarmarse ante esa posibilidad, pensó que su amiga tenía razón.

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“En Charlyta había encontrado todo: una partner, con quien tener una vida de a dos, ¡un proyecto común! Ambas buscábamos lo mismo, siendo muy distintas”. Asegura no creer en los conceptos de gay u homosexual. “Por mi profesión, tengo claro que el ser humano es por naturaleza bisexual. Uno se siente atraído por la persona, más allá de su género. Quizá me lo cuestioné, pero jamás me detuve a pensar qué hacer. Dejé que las cosas fluyeran para ver qué ocurría. Hombre o mujer, ¡me habría enamorado igual!”. Scarleth, por su parte, en su etapa escolar y universitaria había pololeado con hombres. La primera vez que se enamoró de una mujer fue cerca de cumplir los 30.

“Esa vez hubo coincidencias con ella, me llamó la atención y pensé: chuta, ya no la miro tanto como amiga. Después me pasó algo similar con otras personas. Tras la muerte de mi abuela, una pena profunda me llevó a ver a una sicóloga, quien, entre otras cosas, me sugirió transparentar lo que soy con la misma naturalidad con que lo vivía. ‘¿Quién podría cuestionarte si tienes un corazón gigante?’, me dijo. La gente es malintencionada, además, yo no era noticia de nada. No soy como aquellos periodistas que se sienten protagonistas de la historia. Cuando me preguntaban por mi vida personal, me sentía violentada. Salir a decirlo, ¿a propósito de qué? Hoy tengo motivos; ¡mi familia!, a quienes quiero que cuiden y respeten”.

En abril de 2015 partieron a un viaje solas a San Pedro de Atacama. Era la ocasión que necesitaban para aclarar la situación en que se encontraban. Scarleth cuenta que una vez más se vio haciendo cosas insospechadas en ella. “Yo que no tomo, en uno de los tours me descubrí comprando una botella de pisco sour, metiéndola en la mochila y tomando por las calles de San Pedro. Estaba arriba de la pelota, feliz, encontraba que todo era chistoso… En el fondo, estaba armándome de valor porque, para variar, no me atrevía”. Esa noche conversaron y la periodista fue directa: le propuso a Maribel pasar el resto de su vida juntas. Y aunque la sicóloga estaba clara en sus sentimientos, le recordó que tenía dos hijos. “Si es lindo tener una mamá, imagínate la maravilla de tener dos”, fue la respuesta de Scarleth.

Maribel confiesa que esa frase la enloqueció de amor. “Fue concreta, tomó la decisión de armar una familia. Me dijo: ‘ahora somos cuatro; se acabó el llanto, se vienen puras cosas lindas por vivir. Esto hay que armarlo ya, ¡sin espera!’. ¡Qué me iba a cuestionar lo que diría la gente, si lo que sentía por ella era fuertísimo! Si algo tengo en la vida son habilidades sociales, y al que le gusta bien, y al que no, ¡también! En esto uno no daña a nadie”.

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La determinación de Scarleth fue porque sintió que su pareja le entregó esa otra parte que desconocía. “Soy de ese Chile provinciano, humilde, que habla poco, que a veces tiene susto y de una generosidad infinita. Soy calladita, pero con mucho que dar, ¿a quién se lo entregaba? Esa era mi vida. Y me encontré con ella que es tan distinta, que viene de una vida más acomodada, que habla y expresa mucho y se viste distinto a mí; con dos hijos, donde no había un padre. Yo tampoco sé ser mamá, nadie te enseña, pero puedo aprender; corazón tengo”.

La convivencia fue rápida. De regreso a Santiago, Maribel formalizó su divorcio y al poco tiempo partió con sus hijos a vivir al departamento de Scarleth, quien ya venía estrechando lazos con los menores con salidas los fines de semana, partidos de fútbol y picnics en el parque. Y de los juegos, los niños pasaron a una mayor necesidad de presencia. Ambas recuerdan que cuando llegaba la noche y la periodista los iba a dejar a casa, el más pequeño lloraba porque no quería separarse de ella, al punto que un día una profesora del colegio le preguntó a Maribel quién era Scarleth, porque el pequeño decía que la extrañaba y no quería que estuviera sola. Más de una vez incluso le propuso a su mamá la idea de vivir los cuatro juntos. Por eso al momento de la convivencia, la sicóloga no les dio mayores explicaciones.

“Había atendido a familias homoparentales y lo recurrente es, ¿cómo les decimos a los niños? El desarrollo cognitivo es tan importante como el emocional, mientras son pequeños su pensamiento es muy concreto, entonces explicarles un concepto que les resulta inexplicable, solo les crea disonancia con lo que entienden. En mi caso, verlos tan felices, no había más que explicar, ya que la emoción era maravillosa. Cuando tengan dudas, las preguntarán”. Maribel recuerda que por esos días estaba por promulgarse la ley Acuerdo de Unión Civil y su hijo mayor, al entender de qué se trataba, le preguntó si ella con Charly se casarían y, de paso, qué relación tendrían ellos con Cárdenas.

“Le dije que serían sus hijos, pero también lo son sin ese papel porque hay distintas maneras de ser madre y de ser familia. ‘¿Podríamos ir los cuatro al registro civil?’, me dijo; ¡así es que ellos nos propusieron matrimonio!”. Scarleth cuenta que apenas se promulgó la ley, los menores les cobraron la palabra. Juntos fueron a pedir la hora y el 3 de marzo, la pareja firmó la unión civil con una fiesta setentera organizada y decorada por ellos cuatro, que se hizo en la azotea del edificio donde la periodista compró un nuevo departamento más grande para la familia. Una ceremonia con momentos cargados de emoción, como cuando al son de un chelo y un violín, la periodista se dirigió al altar tomada del brazo de quienes hoy son sus hijos. En estos meses buscaron tener una niñita.Maribel quería que su pareja criara una guagua desde su nacimiento, por lo que hizo dos intentos de quedar embarazada a través de inseminación artificial, que no resultaron.

Tras el primer fracaso, Cárdenas recuerda que su mujer quedó afectada. “No entendí su pena porque estoy feliz con nuestros hijos. Maribel cumple todos los requisitos , sin embargo, no se pudo. Yo no me imagino embarazada y por mi edad, es más complejo. Habría sido lindo que llegara una niñita, crecí rodeada de mujeres; pero insisto, tenemos una familia preciosa, no necesito nada más”. En casa, los roles están definidos. Mientras Maribel es la mamá cariñosa, Scarleth pone las reglas y da los permisos. “Los hago estudiar, les ayudo con las tareas y les pongo desafíos, aunque muchas veces me he sorprendido acariciándolos. No era cariñosa, pero he aprendido y a ellos les encanta”.

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En medio de esta vida maravillosa, dice la periodista, fue que recibió el llamado del director del diario La Cuarta, para decirle que tenía en su poder su certificado de unión civil, publicando al día siguiente la noticia que se había casado con otra mujer. “No me parece que te pongan una pistola y obliguen a decir lo que no quieres. En algún minuto lo íbamos a contar con la misma naturalidad con que la vivimos, porque para nosotras es un orgullo”.

Tras dicha publicación, Cárdenas cuenta que debieron preparar a los niños. “No sabíamos lo que se venía. Entonces les contamos que salió en un diario que nos casamos y que formamos una familia. Ellos se iluminaron y dijeron: ‘¡bien!, ahora todos sabrán que tú eres nuestra mamá’. Aunque el más chiquitito señaló: ‘no sé si reír o llorar; estoy feliz, pero no sé qué van a decir mis compañeros. No quiero que nos molesten’. Debimos explicarles que, así como hay gente que nos quiere y nos cuida, habrá otros que no estarán de acuerdo, aun cuando la ley nos proteja. Y si les dicen algo, su mejor argumento es lo felices y tranquilos que están”. Para Maribel, aunque en Chile hemos avanzado en materia de discriminación, queda mucho por recorrer.

“Desde el día uno le dije a la Charlyta que jamás podría tener una vida de la cual no me sintiera orgullosa o me obligue a decirle a mis hijos que hay que ocultar. No tengo por qué dar explicaciones, sin embargo, a raíz de lo que salió, sentimos que era el momento de decir sí, somos nosotras y para que los niños vean que no hay nada que esconder, solo sentirse orgullosos. Lo mejor es que les estamos entregando la libertad de que sean lo que quieran ser”. A Scarleth le llama la atención las mentiras y que algunos no acepten la felicidad de otros. Sus palabras apuntan al rumor que hace meses corre y que se ha viralizado por las redes, de que se había casado con Francisca Dávalos, la hija mayor de la Presidenta Michelle Bachelet.

“Primero no la conozco, jamás he coincidido con ella en alguna actividad. Tendrá que ver con enemistades políticas con la Presidenta. Si hasta llegaron a decirme que por eso en la TV no me quieren, ¡cuando mis trabajos son por opción! Chile es terreno fértil para que las mentiras florezcan. Basta una mente retorcida y tontos útiles para que proliferen este tipo de rumores”. Asegura que la mala vibra no la alcanza ni daña la felicidad que tienen como familia.

“Los niños están en un colegio católico, fuimos a una reunión con el rector y al contarle nuestra historia, nos dijo: ‘qué cuestionamiento ético puedo hacerles si esto es amor, es una familia’. Nos agradeció por ayudar a abrir camino y me dijo que debía comenzar a ir a las reuniones de apoderados y actos del colegio”. Maribel Corcuera dice que hasta ahora no han sentido grandes costos por su valentía. “Quizá pueden verse ahora, después de esta entrevista, pero la ganancia siempre será mayor.

Quienes me conocen dicen que me cambió la cara, que nunca me habían visto tan feliz”. Para los que no comparten su forma de vivir, Scarleth solo pide respeto para ellas y sus hijos. “Que entiendan que llevan una vida muy bonita y normal”. Y con la voz quebrada, confiesa: “Primera vez que siento miedo. Soy tan feliz, que no quiero que les pase algo; ¡me muero! Se combinó la alegría con el temor, que solo entienden los que han logrado ser tan feliz”, dice con lágrimas. Su mujer la abraza y con voz firme, le asegura: “Charlyta, ocurrirán cosas feas, quizás habrá pacientes míos o apoderados disconformes, pero ¡nadie romperá esto! Vida e historias tenemos las dos y tengo la certeza de que ésta, es para el resto de la vida”.