Un trío de inseparables amigas treinteañeras está en el centro de Plan Corazón (sí, el título es fatal), una comedia que descansa en las explosivas y muy diferentes personalidades de sus protagonistas —Elsa, Charlotte y Emilie— y en el condimento que aportan sus muy buenos personajes secundarios.

Que transcurra en París no es poco: a la inversa de algunos sitcom de amistades —tipo Friends—, por acá los exteriores abundan ¡y cómo se agradece!

Elsa (Zita Hanrot) trabaja en el Ayuntamiento de París (el bellísimo Hôtel de Ville) pero no logra independizarse, más que nada por cojera emocional. Vive con su padre luego que hace ya más de un año terminara su larga relación con Max. Por mas que declara “estoy soltera por elección”, Elsa no ha podido superar la ruptura: le muerde el orgullo ver las fotos de su ex en Instagram con su nueva novia (sí, los “stalkea”, en la más masoquista).

Deprimida no está, pero sí puede resultar insoportable pegada con el mismo tema, y todo su atractivo —es una morena linda— se ha quedado en modo off.

Es entonces que a Charlotte (Sabrina Ouazani) se le ocurre un plan. Nada que salga de la cabeza de la alocada de Charlotte, quien no conoce la palabra prudencia, puede tener mucho sentido común. Ella vive de allegada en el departamento de Emilie (Joséphine Draï), que es además la novia de su hermano, pareja que espera un hijo.

Pensar y concretar: contrata a un guapo gigoló, Jules (Marc Ruchmann), para que “casualmente” se encuentre con Elsa y consiga que ésta termine de una vez con su obsesión por Max.
El plan resulta. Lo complicado es mantenerlo. En ello involucra a Emilie, quien, horrorizada con la idea, no le queda más remedio que cooperar. Al final, toda la pandilla estará en el medio de esta charada hecha, por cierto, a espaldas de Elsa.

Mezcla de comedia de enredos y comedia romántica, sazonada con su poco de sexo, Plan Corazón funciona bien en su progresión dramática y logra buenos momentos, aunque no es de carcajadas.

Las tensiones que se producen inevitablemente en el permanente juego por ocultar “el plan” provoca divertidos momentos. Y sobre todo, termina por hacer colisionar los fuertes caracteres de las amigas —incluidas sus respectivas parejas— al punto de la guerra mundial: todos peleados con todos, lanzándose a la cara de la peor manera esas verdades poco agradables que entre amistades se evitan decirse con tanta franqueza, en pos de de la armonía.

Nada con lo que el espectador no esté de acuerdo: Charlotte es una alegre irresponsable que parece estar en plena adolescencia y que tal como le grita Emilie, “¡necesitas una metida de pata para entretenerte!”.

A su vez, la dominante Emilie es una mimada niña rica que, so pretexto del embarazo, le deja listas de quehaceres y compras a su novio y ella sale a pasear. “¡Eres una bruja!”, recibe de vuelta. Y Elsa puede colmarle la paciencia a cualquiera con sus inseguridades. Solo su madre —una risible egocéntrica— la puede superar.
En Netflix
8 capítulos de 26 minutos aprox cada uno.
Primera Temporada.

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