Época: vacaciones de verano en los ’80. Lugar: cualquier habitación con reproductor de video. Convocatoria: femenina-adulta. Madres, tías, abuelas y amigas —en un ritual comparable al rezo diario del Rosario— se juntaban en una tarde coordinada para compartir sueños románticos y prohibidos con una simple acción: apretar play al VHS más pedido en los clubes de arriendo y que tenía a gran número de las mujeres de Chile cautivas.

¿La película Missing? ¿El último tango en París? No. Se trataba de la melosa miniserie de cuatro capítulos El pájaro canta hasta morir. Un título —autocensurado por los canales de TV— basado en un bestseller que se convirtió en oro para las tiendas de videos: parte del ritual era anotarse para poder llevarlo a la casa.

La historia de la joven campesina enamorada del maduro y ambicioso sacerdote —interpretado por Richard Chamberlain— llegó a los hogares por el ‘boca a boca’. Y se veía en ‘modo maratón’, generalmente, en grupo. Un tipo de ingenua complicidad durante una década donde era totalmente inadecuado imaginar a un cura apasionado por una muchacha.

Treinta años más tarde, Las 50 sombras de Grey —y mucho antes de que desembarcara la maquinaria de promoción de la saga hot— repitieron en Chile esa ‘hermandad’ femenina con la recomendación del libro. ¿La diferencia? El placer de las páginas es individual. La discusión en grupo es posterior. Quizá la película podría retomar el panorama como una experiencia ‘2 y +’ entre chicas.

De allí a que en días del streaming, cuando manda la disponibilidad en solitario de un catálogo eterno de programas de TV, sea tema la aparición de un fenómeno con tintes a El pájaro canta hasta morir

Esta vez se trata de un hit de factoría europea y, aunque no tenga la atracción de lo prohibido, genera ese placer de compartir con las pares de género. Sin ruido, ya muchas realizan invitaciones para ver la serie española El tiempo entre costuras.

Sobran los shows bajo la etiqueta ‘de culto’. Sugerencias a las que hay que apurarse para ser los primeros en descubrir antes de la vilipendiada masificación. Agotador. Por eso la sensación de ver la televisión con un ánimo retro sea tan especial con esta producción ibérica.

Con origen en un éxito editorial de la escritora María Dueñas, la miniserie toma a una heroína que se pasea de la ingenuidad al desencanto y heroísmo en días de guerra en el Viejo Continente. Un producto de entretención ultrafemenino que se divulga hace meses entre las chilenas, que relegan las redes sociales por una reunión presencial para zambullirse en la fantasía. 

El verano 2015 ya no tendrá VHS, pero con El tiempo entre costuras muchas —en el campo o la playa— sí harán play.