Cersei (Lena Headey) no subió al escenario a buscar su trofeo. Al menos nadie le gritó “Shame”, como en la escena más desgarradora del último ciclo de Game of Thrones. Fue otro Lannister quien salió como el gran triunfador de esa ‘Casa Real’ en la entrega del Emmy: Peter Dinklage (46), quien elevó a su personaje de Tyrion como un referente de culto en la cultura popular y, desde su debut en la serie, también de excelencia.

El estadounidense triunfó por segunda vez en esa gala como Mejor Actor de Reparto y reafirmó que es una de las figuras más admiradas en la saga fantástica de HBO. Camino al estrellato no menor para este hombre reticente al contacto con la prensa, que lo descubrió sin disfraces en la aclamada película independiente The Station Agent (2003).

Pese a una carrera marcada por el teatro en la escena neoyorquina y algunas incursiones en TV y cine en Los Angeles (Nip/Tuck), su carrera despegó de manera consistente cuando cruzó al otro lado del Atlántico y se sumó a la industria británica. Allá fue éxito inmediato con Muerte en un Funeral (2007). En 2010 firmaba para Game of Thrones y en 2011 debutaba allí con todos elogiándolo. Pero no renuncia a Manhattan. Desde allí se mueve en sus días fuera del show. Inquieto, busca agenda para proyectos que tienen coordenadas y presupuestos diversos, desde la encandilante California a la vanguardista Berlín.

Llegó el éxito. Por fin. Pero siempre se mantiene distante ante la atención de los medios. ¿Timidez? En absoluto. Puede alzarse en pocos centímetros (135, para ser exactos), pero su carácter fuerte le da una presencia y altura mayor. Además, su potente voz grave no sólo lo acompaña en aquello, también suma un carisma definido como increíblemente sexy entre sus admiradoras.

Casado hace una década con la directora teatral Erica Schmidt (sin enanismo) y padre de una niña de 3 años, a este vegetariano le aburre que el tema de su estatura se repita en entrevistas. No lo rehuye, al contrario, tuvo que afrontarlo desde siempre.

Fue foco de bromas estudiantiles, las que esquivó con una actitud ruda e imagen dark (en los ’90 hasta estuvo en una banda punk) y, ya graduado de actor,  jugó todas sus cartas en los castings, ignorando las ofertas de duendes y similares. “Estaba demasiado encasillado. No tenían la imaginación suficiente para enviarme a audiciones para papeles que no estuvieran escritos para enanos”, señaló a Rolling Stone.

Aunque tiene talento de amplio rango, el Tyrion creado por el novelista R. R. Martin le calzó perfecto: cool, bueno para las cervezas, bromista y seductor. A pocos les llega esa suerte y la madurez lo deja ver aquello. A The Guardian le recalcó este año “Tyron no es héroe ni villano”. Y en eso es igual a la mayoría de sus fans, no importando cuánto midan.