Hace 15 años debutó como actriz, sin embargo recién el 2011 Paz Bascuñán vino a romperla con un personaje. Y no fue de la mano de un rol de superwoman, de antagonista o de chica mala, sino de “Cristina Moreno”, la protagonista antiheroína, medio torpe y loser de Soltera otra vez que por estos días se impone en sintonía con su segunda temporada.

Mientras estaciona su bicicleta retro en un café de Providencia (donde se hizo la entrevista), Paz llama la atención por su aspecto frágil, casi adolescente. Ultradelgada, de jeans negros y chaqueta de cuero, cuesta creer que tenga 38. Sin embargo, basta conversar un poco para caer en la cuenta de que esa fragilidad es solo aparente, que aunque habla suave y ríe fácil, tiene carácter y también el control absoluto de su vida. Al punto de que a pesar de todas las advertencias médicas, el año pasado decidió tener a su segunda hija de pie y sin anestesia, solo para sentir una mayor conexión con ella. Tiene esa cuota de rebeldía que la hace interesante, que  ha terminado enamorando a los hombres más guapos de Chile, y que le sirvió para atreverse a ser actriz dentro de una familia tradicional, donde reinan los abogados, políticos e historiadores.

Mientras toma un agua de hierbas, varios se acercaron a saludarla, a fotografiarse con ella y le repetían que no se perdían Soltera otra vez, que les encantaba su personaje, lo que refleja su gran momento profesional.

“Es el papel con más trascendencia en términos de la calle, de reconocimiento; el más lucido. Así como cuando sabes que un vestido es para ti, tenía claro que ‘Cristina’ me quedaría perfecto. Cuando Herbal (Abreu) me presentó el proyecto, me encantó; ella es como la heroína torpe, romántica, ingenua que siempre pierde, pero que identifica y genera cercanía”.

Wp-Paz-193Por años la nieta del ex Presidente DC Patricio Aylwin soñó con triunfar, pero no para figurar ni lograr el éxito. Lo suyo tenía que ver con el rigor y la excelencia. Fueron tiempos de no pasarlo bien, de autoexigirse al máximo, con grandes cuotas de inseguridad y de sentir el peso de responder al apellido Aylwin. No quería equivocarse, buscaba hacerlo todo perfecto… hasta que se relajó y perdió el miedo. Su cambio vino de la mano de su marido, el productor español Miguel Asencio, con quien tiene dos hijos —Teo (4) y Leonor (1)— y con el que debutará en octubre con su primer protagónico en Mis peores amigos, promedio rojo, el regreso (la secuela de Promedio Rojo), y en la cual Asencio fue el productor ejecutivo.
Junto a ese hombre ocho años mayor y a la llegada de sus hijos, la actriz encontró estabilidad, que reconoce se ha traducido en una mayor seguridad y despliegue actoral. “Estoy en una etapa de mucha libertad, y se nota. Para actuar, la tensión, inseguridad o estar apretada ¡no sirve! Y no es que hoy todo me dé lo mismo, pero no tengo ansiedades, temores… Estoy tan cómoda conmigo, como si algo hubiera decantado…”.

—¿Qué pudo incidir?
—Tiene que ver con la maternidad, yo creo… Tuve a mis hijos, y como que todo se situó en el lugar que corresponde. Se alinearon los astros, me alineé yo, y hoy está todo bien. Lo bonito es que dejas de preocuparte tanto de ti; tus prioridades están fuera de uno. Y eso me ha hecho interpretar personajes desde otro lugar, no tan consciente ni dándole tanta importancia, que me han salido de ‘taquito’. Hoy lo central son mi casa, mis niños, y el trabajo es casi como mi tiempo libre. Amo mi pega, pero ya no la ejecuto desde la tensión ni de la perfección, ¡no! Que mis hijos estén bien, que este invierno no se resfríen, ¡eso me importa! Y enfrentar un papel desde esta libertad, es maravilloso.

—Soñaba con triunfar en lo profesional, ¿qué siente haberlo logrado?
—No quería triunfar por triunfar, sino era un “deber ser” más estricto. No tenía que ver con el éxito o fracaso, sino con la perfección. Me exigía más y más, ahora, en cambio, lo paso bien. El encuentro con mi marido también ha sido fundamental. Yo soy aire, me cuesta aterrizar. Pasé mucho tiempo intentando estar bien, pero me sentía siempre en una arena movediza. Y, de repente, llega este hombre sólido, concreto, potente, seguro. Con él pude pararme firme.

—¿Cuánto le pesó ser una Aylwin en ese afán de no querer equivocarse?
—Hay una anécdota de la Susana Giménez que estaba en un programa de TV, y le cuentan que encontraron dinosaurios en el sur. Y ella pregunta: “¿vivos?”… Bueno, ese ”vivos”  siempre ha sido mi pánico; que mi exceso de espontaneidad me jugara en contra o me hiciera meter la pata. Me cuidaba mucho, tenía que estar a la altura, pero era un rollo mío en realidad. Mi familia es súper buena onda, con mucho humor, respeto, cariño, nadie te pide más de lo que puedes dar…

—Con tres hermanos abogados, ¿le costó mucho salirse del molde?
—No tanto, hay cabida a las diferencias. Quizás a mi abuela le costó más… Cuando grabo escenas subidas de tono rápidamente pienso en ella…

Su gran batalla hoy: conciliar su rol de mujer cada vez más demandante. Paz cree que la generación anterior se focalizó en ser buenas profesionales, hoy está además la responsabilidad de ser buenas madres. “Y muchas por tratar de rendir en todos los frentes, se apropian de lenguajes masculinos para enfrentar los conflictos, creyendo que así la van a escuchar, menospreciando su propio estilo. Cuando puedes ser súper mina, y desde lo femenino imponerte y marcar límites. No hay necesidad de cambiar de rol”.

No quiere saltarse ni delegar la crianza de sus niños. “Y mi lucha  está en hacerlo bien. Lo lamentable es que faltar al trabajo o excusarte porque un hijo está enfermo es mal visto, poco profesional y pasas a ser la mamá cacho, cuando la sociedad debiera protegerte en eso. De Canal 13 no tengo nada que decir, pero es una batalla de la mujer actual”.

—Además como que el cuidado de un hijo enfermo fuera un tema exclusivo de la madre.
—No estoy tan de acuerdo. Veo a los maridos de mis amigas muy puestos con sus hijos, involucrados, de los que parten a comprar el disfraz para el 18 de septiembre, que el poncho de huaso, del nortino, de la zona central… Y con respecto a mi marido, ¡me saco el sombrero!

—¿Influyó que él tuviera otra cultura para terminar casándose con él?
—¡De todas maneras! El hombre chileno es machista, mamón. No sé cómo las madres estamos criando a nuestros niños; espero no caer en lo mismo con mi hijo…

—¿En qué sentido son mamones?
—¡En todo! En cómo se paran en la vida, son regalones, les gusta que le hagas la comida; una cosa tan antigua y machista, en que dices ¿por qué estoy viviendo esto?, ¡no corresponde! Y de repente aparece este hombre diferente, pero que ya es cada vez más común, y es porque la mujer está exigiendo más. Están convencidas de que el proyecto de los hijos es de a dos, y si el otro no concuerda, ellas no se suben. Hay una subvaloración de la soltería y de la soledad. Tengo amigas solas que lo pasan increíble, y no están dispuestas a perder esa libertad e independencia por estar con un mamón o regalón, no, ¡qué lata!

Wp-Paz-193-2—Su personaje Cristina apunta a todo lo contrario.
—Sí, pero al final tampoco está dispuesta a asumir cualquier costo por cumplir su sueño infantil de casarse y de vivieron felices para siempre. Está obsoleto.

—¿No cree en el amor para siempre?
—Mi matrimonio ha sido increíble, demasiado fácil. Con Miguel somos compañeros, partners, la relación fluye, nada es un esfuerzo ni una lucha diaria, y eso que no soy la persona más fácil del mundo, soy bien insoportable. Pero Miguel no engancha con mi tontera.

—¿En qué es insoportable?
—Soy dramática, exagerada, a todo le pongo demasiado color. El se ríe nomás.

—Usted no es el prototipo de la mujer mina, curvilínea, sin embargo ha seducido a los más guapos de Chile: Felipe Camiroaga, Benjamín Vicuña, Pablo Macaya, ¿cuál es su arma?
—Parece que soy simpática, como que es entretenido estar con esta mina; eso es lo que me dice mi marido al menos… Por ahí enganchan.

—¿Así le competía a las más ‘minas’?
—Es que no compito. Al final esa espontaneidad que me aterra tiene sus beneficios. Nunca he sido de seducir ni de explotar mi sensualidad.

—Pero debe ser sensual en la intimidad.
—¡Alguna gracia tendré!, no sé cuál, pero desde chica tuve mucha suerte. Ahora, tenía una súper dicotomía porque mi abuelo —que lo adoro— salió presidente cuando yo tenía 15, ¡en plena adolescencia!, entonces tenía que portarme muy bien. Hice de todo igual, carreteé harto, pero bien escondida para que no me fueran a pillar. Mira, estaba dispuesta a que me arrestaran por vagancia, ¡antes que mostrar mi carné de identidad!

—¿Y su mamá le hablaba de sexualidad?
—Noo. Con mi papá eran respetuosos de tu intimidad, de tus procesos, pero cero información. Yo, en cambio, soy pensamiento hablado;  no hay nada que no converse con mis hijos; lo que me preguntan, les contesto. Y soy bien directa, las cosas por su nombre y con las palabras que corresponden, nada de tilín y esas cosas.

—¿Tiene límites en lo sexual?
—No, no tengo límites…

—¿Es de tomar la iniciativa, de disfrazarse…?
—No vamos a detallar porque esta entrevista la leerá mi abuela. Pero sí, ¡soy jugada, jugada!

—¿Cómo ha tratado el tema con su marido el hacer de pareja con su ex Pablo Macaya?
—Tengo la suerte de que Miguel trabaja en este medio, pero, por sobre todo, es en extremo seguro. Y somos una pareja sana, no lo hago seguir la teleserie ni lo voy a exponer a que vea el capítulo de un reencuentro, tendría que ser enferma.

—¿Nunca fue tema entonces?
—No, y con Pablo hay muy buena onda, lo quiero mucho; me resulta muy fácil trabajar con él.

—El también triunfó ahora con su papel de antigalán en Soltera otra vez…
—Las mujeres somos divertidas; nos encantan estos tipos indomables, primitivos, rudos, reacios, seguros pero en su ley, ¡y uno quiere meterse ahí! Tenemos ese complejo de Florence Nightingale, juramos que los vamos a curar, llevar por la buena senda, ¡quien no ha caído alguna vez en el rol de la enfermera!

Sobre las biografías de Felipe Camiroaga, Paz prefiere mantenerse al margen -fue su pareja por casi un año y medio-,  aunque comprende que hayan salido libros relacionados con la vida del animador. “Es natural, no me sorprende, estaba dentro de las posibilidades”.
—¿Y la seguidilla de viudas que han aparecido?
—La aparición de viudas es divertida, hay que tomárselo con humor, no dramatizar. Claro, hay un límite delicado porque él no está, no puede defenderse ni contar su versión; eso es un poco violento. Ahí entiendo la molestia de su familia, pareja. Cada uno tiene su versión de Felipe, y te quedas con eso.

—¿Ustedes terminaron amigos?
—Sí, siempre fuimos muy amigos…

—Usted figura entre sus parejas reconocidas, sin embargo, ha logrado mantenerse al margen del comidillo.
—Es que no da para tema, no tengo nada que decir ni  profundizar al respecto. Estoy en otra etapa de mi vida; me da pudor hablar de ex parejas.

—Una vez señaló que le gustaban los hombres seguros, con humor y sin trauma con su madre, ¿fue el gran problema de Felipe para no consolidarse con una pareja?
—El chileno en general tiene harto rollo con la mamá; algo pasó con los hombres de mi generación, pero la mayoría la siente ausente, y eso se lo cobran después a la pareja. Personas con fracturas profundas con la madre nunca alcanzan esa capacidad verdadera de ser felices, a menos de que tengan la voluntad real de hacer ese trabajo. Y como el chileno es regalón, no le gusta hacer la pega, ¿pa qué?, son cosas de minas.

Su lado político le aflora natural. Y le motiva ver a la ciudadanía empoderada, que participe, reclame, modifique la realidad y ejerza poder. “En Providencia hubo una ola de botar casas, y los vecinos se organizaron y se hizo el barrio Dalmacia que hoy es un sector protegido, ¡no lo toca nadie!  Y eso fue solo movimiento ciudadano”, cuenta entusiasmada.
También le gustó cómo se expusieron en TV los 40 años del golpe militar. “Es importante que la historia oficial vaya acorde a la real, para que nadie hoy pueda decir que no tenía idea de que hubo atropello a los DD.HH.; hoy esa figura es impresentable”.

Wp-paz-193-4—Mucha gente que sabía de esos atropellos, igual se impactó al ver imágenes y testimonios.
—Bueno, yo sabía, pero verlo sigue siendo desgarrador. A Carmen Gloria Quintana la conocí hace diez años, y escucharla de nuevo, ¡te hace bolsa! Y te vienen sentimientos, y de que esto no ocurra nunca más. Vengo de padres historiadores; sé la importancia de que se conozcan los hechos,  y de que sean bien contados, fidedignos, para que todos tengan clara la película y no se vuelvan a repetir.

—¿Estuvo de acuerdo con su abuelo Patricio Aylwin cuando dijo que Allende había hecho un mal gobierno?
—Me pasó que no entendí el revuelo que causó. Me gusta que diga lo que piensa. Más allá de pensar cómo caerán sus palabras, de si será más o menos popular su intervención, él  expresa lo que cree, un hombre con libertad a la hora de hablar…  Está tan en paz con su actuar, con su biografía, tan en su centro, que nada le mueve el piso.

Con Aylwin se ven seguido, almuerzan juntos al menos una vez a la semana. “Lo veo bien, suele reunirse con los  ´cardenales´ DC, aunque está muy centrado en mi abuela. Han compartido una vida, los dos tienen 94, están en una etapa más íntima y centrada en ellos”.
La actriz cuenta que el ex presidente ha seguido su carrera, pero su éxito actoral no es tema. “El se preocupa más por cómo estoy. El acento de mi familia está puesto en la persona, no en el éxito o fracaso. De hecho, nadie me pregunta por la teleserie, no se habla de eso”.

—¿Por dónde pasan sus diferencias políticas con su madre y abuelo?
—En lo fundamental no hay diferencias. Los tres queremos un país más justo, con menos pobreza, desigualdad. Los respeto y admiro; tienen vocación de servicio que no tengo.

—¿Usted está más a la izquierda de ellos?
—Soy más radical, pero desde un lugar súper cómodo, porque no hago nada al respecto, a diferencia de mi mamá que se la juega por sus convicciones.

—Y en lo valórico, ¿es más liberal?
—Es divertido, hay una imagen de mi familia como que si fuera pacata, pechoña, y son súper abiertos. Mi mamá es ultra rockera, taquilla; mi abuelo tiene unas salidas bien modernas. Mi abuela no tanto…

—¿Va por Bachelet?
—Sí… Y si te fijas, ella resuelve los temas desde su lado femenino, no tiene esa energía masculina para imponerse.

—Su mamá dijo a CARAS que su gran miedo es que Bachelet prometa más de lo que pueda cumplir.
—Mi lado idealista coincide con su discurso. Quiero educación gratis para todos, matrimonio homosexual, legalización de la marihuana, aunque en esto último es delicado lo que está pasando. Hay tanta fijación y persecución  con la marihuana, que ha hecho que otras drogas como el alcohol, cocaína, anfetas estén de más fácil acceso. Yo no quiero que mi hijo en un futuro tenga más acceso a la pasta base que a un pito. No entiendo esta persecución, ¿por qué tan en contra de una hierba que incluso tiene uso medicinal? El otro día vi un reportaje que hasta estaba más barato comprar cocaína que marihuana; se cambió el prisma, ¡cuando el foco no está ahí!

—¿Su visión de Evelyn Matthei?
—Notable que vayan dos mujeres candidatas. Me encantan sus biografías, de quiénes son hijas; como fenómeno es alucinante… Evelyn es inteligente, se ve hábil, con herramientas, pero no la veo, imagino ni será la presidenta de Chile…

—Lo que más le reconocen es su carácter.
—No, perdón, el de ella no es el carácter para dirigir un país. Si ya tenemos a la mamá que es Michelle; una mujer aguda, inteligente, sensible, convocante y  que aúna criterios, ¿para qué más?