Patricio Hernández aún recuerda su primera experiencia con la televisión. “Fue en el  ’70. Vivíamos en Recoleta y mi papá llegó con un Bolocco de 24 o 25 pulgadas. El era técnico mecánico, mi madre auxiliar de enfermería, y ambos hicieron un esfuerzo gigante para que pudiéramos estudiar y tuviéramos esa tele. Yo llegaba corriendo a la casa, tiraba el bolsón y me instalaba a ver El Sapo y la Culebra (Canal 13); a las cinco de la tarde tomábamos onces con Los Picapiedras. También tengo grabada la imagen del Golpe militar, que no se transmitió en directo sino que algunos días después”.

Las escenas se suceden en la mente del director ejecutivo de Mega como si fueran fragmentos de Los 80, la serie gestada por Hernández y uno de sus mayores éxitos mientras fue director de programación de Canal 13, cargo que dejó a fines de 2013 para asumir en Mega.

Moreno, de despiertos ojos oscuros, su trato cercano y sencillo, no revelan la poderosa trayectoria que ha logrado consolidar a lo largo de sus 30 años de carrera. Estudió en el liceo Darío Salas. Fanático de la TV, antes de soñar con ser periodista, el Pato —como lo llaman sus amigos— quería ser médico, tal vez científico, como los entrevistados de Hernán Olguín en su inolvidable programa Mundo. Fue uno de sus ídolos y la razón que lo impulsó a elegir periodismo en la Universidad Católica, carrera que estudió gracias al crédito fiscal y que, como reconoce con orgullo, pagó hasta la última cuota durante diez años. Una familia esforzada, de clase media, y donde sus otros dos hermanos también lograron convertirse en profesionales: “Uno, es profesor de educación física y el otro, gerente de recursos humanos de una empresa”, relata.

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“Lenguaje audiovisual”, “estructura narrativa”, son los mandamientos que Hernández ha inculcado a su equipo hasta el borde de la obsesión. Así lo recuerdan quienes trabajaron con él en sus once años en el departamento de prensa de Canal 13 —donde pasó de reportero a editor de reportajes—, y más tarde en TVN (1998 y 1999), donde forjó espacios emblemáticos, como el programa de reportajes El Mirador, conducido por Patricio Bañados.

La muerte del director ejecutivo de Canal 13, Eleodoro Rodríguez (1998) coincidió con el regreso del periodista a su ex casa televisiva. Quien había llegado a hacer la práctica como un reportero más del departamento de prensa, asumió a los pocos años como editor de Contacto, más tarde editor general, hasta finalmente convertirse en el productor ejecutivo de este espacio, donde impulsó varios de sus episodios más memorables, como el reportaje de Carola Fuentes que mostró la captura de Paul Schäffer en Argentina y el seguimiento al senador (DC) Jorge Lavandero (2005) en su parcela en la Araucanía, ambos en 2005. Estos logros llevaron a que Hernández asumiera también la producción ejecutiva de otros espacios como Diagnóstico, Biografías, Testigos, El Puente y Fenómenos.

“Encontré que Pato tenía una gran capacidad, no sólo periodística, también de liderazgo, con un gran ascendiente sobre su equipo. Por eso primero lo nombré subdirector y, tiempo después, director de programación”, cuenta Enrique García, quien fue director ejecutivo de la estación entre 2002 y 2005. En ese tiempo lo acompañó en el cargo de subdirectora de programación la periodista Carmen Gloria López. Ella lo recuerda: “Fue uno de los mejores jefes que he tenido. Muy flexible; para él calentar la silla no se condecía con el ámbito creativo”.

La dupla de García-Hernández fue imbatible: juntos impulsaron los primeros realities y telenovelas que marcaron época, como Machos. “Teníamos que ser competitivos y, al mismo tiempo, cumplir con nuestra línea editorial… Pero la visión del canal no era la misma que la audiencia estaba pidiendo. No fue fácil: encontrábamos que la tele que había que hacer no era compatible con lo que la Iglesia consideraba prudente. Se requería abordar ciertos temas y no restarse, menos tratarlos desde la caricatura o el panfleto, como lo había hecho Canal 13 históricamente. Fue el inicio de un proceso”, recuerda Enrique García, cuyo estilo  —reconoce él— incomodó a la propiedad del canal y significó su salida en 2005. “Pero a Pato lo cuidaron porque entendían su rol. Aunque finalmente Meme Ducci y Pato del Sol terminaron por sacarlo”.

El 2007 fue duro para Patricio Hernández. Mercedes Ducci, la nueva directora ejecutiva de la estación, anunció un nuevo plan programático ajustado al perfil católico. Pero el director de programación mostró sus dudas y anticipó la caída. Sus observaciones no fueron bien recibidas: “Me echaron. Ser despedido es una experiencia muy dura. Pero creo que también me hizo bien. A veces crees que eres intocable, pero no es así…”.

Una ex compañera de trabajo explica su estilo: “El no tiene ego en los términos que se conciben en la industria, no se ubica en los espacios donde haya figuración, luces, cámaras, se ríe de eso. Lo que lo mueve son los logros profesionales, la satisfacción de haber hecho algo bien. Es capaz de tomar distancia. No se pierde”.

Del 13 el periodista pasó a director fundador de CNN. Fueron tres años echando a andar al primer canal de noticias del país. En el 13 lo reemplazó primero Carmen Gloria López y, luego, Vasco Moulián —a quien Hernández antes contrató como productor ejecutivo de programas infantiles de Canal 13—. El puso en el aire —aunque sin mucho entusiasmo— la que hasta hoy se conoce como uno de los grandes hits de Hernández y que realizó antes de ser despedido: Los 80. “Vasco decía: ‘diez puntos’, como si se tratara de un fracaso seguro”, recuerda Carmen Gloria López quien junto a Hernández y Alberto Gesswein fueron los primeros en creer en el proyecto, el que terminó por convertirse en un hito de rating, uno de los espacios de TV más vistos hasta nuestros días, con ya seis temporadas al aire. Moulián, en cambio, inauguró la era “Simpson”, con la serie animada en un lugar protagónico y permanente dentro de la parrilla diaria que además se publicitaba como flexible. Pero ni la mejor serie animada de Matt Groening logró salvar al 13 de la caída y los temores de Hernández se confirmaron: el canal bajó al cuarto lugar en sintonía y sus deudas llegaron a los 70 millones de dólares. Con la situación financiera y el rating en crisis, la Universidad Católica buscó reversar su error y partieron tras Hernández, quien tomó el cargo dejado por Moulián.

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El regreso coincidió con una noticia que remeció a la industria: a los dos meses el empresario Andrónico Luksic adquirió el control mayoritario del canal. Volvió a trabajar con su antiguo equipo: Sergio Nakasone, Rodrigo Leiva, el “pájaro” García, Patricia Bazán y en un año Canal 13 pasó del cuarto al primer lugar de sintonía. Con todo, el estilo de Hernández atrajo el interés del grupo Bethia (dueños entre otros de Falabella), quienes lo tentaron con la oferta más desafiante de su vida: ser el nuevo director ejecutivo de Mega. Con tres meses en el cargo, incorporó a figuras como la periodista Patricia Bazán, ex subdirectora de programación del 13, ex editora de Contacto y hoy directora de contenido de Mega. Además sumó a Andrea Dell’Orto, ex gerente de producción del 13, hoy directora de producción. Al ingeniero Claudio Salvatore, con quien trabajó  diez años armando la parrilla programática del 13. Aunque su mayor golpe fue el fichaje de María Eugenia Rencoret —por años la encargada del área dramática de TVN— quien llegó a Mega acompañada de buena parte de su equipo: los productores Daniela Demichelli, Patricio González y Patricio López; los guionistas Rodrigo Bastidas; y actores como Alvaro Rudolphy y Paola Volpato. “Efectivamente he tratado de seguir junto a la gente con la que tengo cercanía y sensibilidad, apoyarme en ellos, pero también oxigenar los equipos y no retroalimentarnos sólo entre nosotros”, asegura sobre el grupo liderado por Rencoret, por quien sentía una gran admiración aunque nunca trabajaron juntos.

Pero este ejecutivo no descansa sólo en los equipos o en la intuición. Metódico, hoy está concentrado en desarrollar un mecanismo para sistematizar resultados, una fórmula que le dio grandes resultados en Canal 13. “Se trata de someter las ideas a procesos de estudios, análisis, testeos o focus groups, tracking de los programas, estar permanentemente conectados con el feedback que por las redes sociales hoy día te llegan. Lo que antiguamente era intuición, hoy día se sistematiza”.

“Hacer televisión hoy es más complejo que hace diez años —reconoce el ejecutivo, instalado en su oficina del segundo piso en Av. Vicuña Mackenna—; antes sólo había dos grandes canales, el 13 y TVN, pero ahora tenemos a cuatro compitiendo por el primer lugar. Y apareció una oferta segmentada de señales, con cientos de opciones, en distintas plataformas. Así es que la audiencia es mucho más díscola; ha tenido la posibilidad de acceder a televisión de mejor calidad y exige historias más sorprendentes, relatos con mayor suspenso, que los mantengan atrapados día a día. Si no, te eliminan”.

—¿Tiene que ver con un cambio social?  ¿Con que hoy la gente es más exigente?
—Y así como quieren una mejor vivienda, un mejor trabajo, una mayor calidad de vida, también le piden lo mismo a la televisión. No es la única exigencia: en esta transformación la audiencia quiere sentirse reflejada y debemos ser capaces de acompañarlos emocionalmente, ahora más que nunca. Si se trata de una teleserie, no basta con el triángulo amoroso; deben ser historias que reflejen a las mujeres de estos tiempos, los conflictos de la familia, los problemas sociales, todo bajo la capa del conflicto romántico. Cuando hicimos “Soltera otra vez” (el gran éxito que impulsó en Canal 13) hubo toda una reflexión sobre cómo las mujeres se enfrentan a la búsqueda de pareja, con la tensión de mantenerse solteras después de los treinta, un fenómeno que está viviendo toda una generación. Buena parte del éxito de la telenovela está en la capacidad de reflejo.

No sólo las demandas han cambiado. Hernández tiene claro que el público se sofisticó, que hoy tiene acceso a nuevas tecnologías, como los smartphones y tablets. “Sobre todo el público joven. Ya no se sientan frente a una pantalla esperando que les pongas un programa tras otro; ahora es a la hora que ellos quieren, con el contenido que ellos buscan, ya sea en la tele, en el celular o en el tablet. Estamos presionados por capturar a una audiencia que se desvanece debido a esta nueva forma de ver televisión”.

Y ejemplifica:

—Ahora tenemos una telenovela turca, “Las mil y una noches” (todo un hit en la noche) y a veces la gente no alcanza a verla en la noche y se ponen al día a través de nuestro sitio. Hay que tener oferta en otras plataformas. En estos tiempos es impensable que un programa se vea sólo a través de la televisión tradicional.

No es lo único que ha cambiado. Hoy la propiedad de los canales está mayoritariamente en manos de grupos empresariales. Según Hernández, si bien su marco editorial no es muy distinto, sí hay algo nuevo: buscan acercarse a  la sociedad. Tener un medio de comunicación les da relevancia. “Es un vehículo que te genera reconocimiento, peso específico, constituirte en referente. Es una de las dimensiones más cualitativas del desarrollo empresarial, no es una lógica puramente económica. Ya no se trata sólo de manufacturar: un canal les permite estar más cerca de los consumidores, de la exigencia ciudadana. Es un cable a tierra”.

—¿No llegó a ser anacrónico, incompatible con estos nuevos tiempos, que la Iglesia fuera la total controladora de un canal?
—La Iglesia Católica entró en una crisis en el mundo y eso naturalmente impactó a sus medios de comunicación. Efectivamente fue un período complicado, ¿cómo mantener una línea editorial inspirada en valores cristianos, particularmente católicos, aspirando al mismo tiempo a una programación masiva? Fue uno de nuestros desafíos más difíciles, pero que Canal 13 ha logrado compatibilizar bien.

En los tres meses que lleva al mando de Mega, el diagnóstico de Patricio Hernández es claro: “Por supuesto que ha pasado por un período de baja, del cual nadie está libre, pero sigue vivo y además es considerado en las encuestas como el canal más “entretenido”. Obviamente que tenemos que hacer un esfuerzo por mejorar en otras áreas y en eso estamos”.

—¿Qué lo impulsó a dejar Canal 13 y venirse a Mega?
—Es un desafío profesional, porque es interesante, es convocante y también es una inyección de energía trabajar desde otra posición. Canal 13 es parte de mi vida y fue un desgarro partir. Sólo tengo agradecimiento. Pero aunque es duro perder los vínculos con un conjunto de profesionales a los que admiro, ahí está también lo desafiante: en una posición más incómoda estás obligado a buscar nuevas cosas. Tal vez si hubiese seguido en Canal 13 nunca me habría atrevido a programar una telenovela turca.

—Una jugada fue traer a María Eugenia Rencoret. El propósito es llegar a las seis teleseries al año, más una sitcom. ¿Por qué la ficción es tan importante?
—Es el género madre de la televisión, generadora de grandes audiencias; tiene la capacidad de reflejar a partir de la emoción aquellos temas que están marcando nuestra vida en el territorio de lo íntimo, de los conflictos de vida, del amor, los hijos… Es un género muy potente en materia de construir significación e identidad y, por lo tanto, es inconcebible que un canal masivo no cuente con esta área. Estratégicamente era fundamental y una gran  oportunidad que una profesional como María Eugenia Rencoret, con un equipo tan talentoso, se sumara a este proyecto.

—¿Considera un error que Mega hubiese cerrado su área dramática?
—Sí, pero los canales han cerrado áreas dramáticas, de realities, deportivas. Cada vez que a un género le va mal, éstas se terminan.

—Aunque según dijo Vicente Sabatini, en Chile no hay espacio para tantas producciones.
—Coincido. Pero hay que ser creativos con las temáticas y también con los horarios. A lo mejor a las 20:00 horas no hay espacio, pero sí a las 19:00 o a las 21:00.

El área informativa también es otra piedra angular –reconoce el director ejecutivo–. “La gran diferencia es que posicionarla no toma meses, sino años y, a veces, décadas. Es más compleja que un área dramática y, aunque en Mega tengamos ganas, no somos magos. Son construcciones de largo alcance”.

—¿Por qué es tan complejo?
—Más que construir un producto entretenido, hay que establecer confianzas y eso no es espontáneo. Nadie se casa de un día para otro; pasa por la actitud informativa del medio, la pauta, el tratamiento, la narrativa, los rostros, la puesta en escena, el marketing, los reporteros…

—Hoy los noticieros no son los únicos que informan: la gente también se entera por internet.
—Sin embargo, el 75 por ciento de la audiencia declara que se informa a través de la televisión. Ahora hay noticias todo el día, y está la web, la radio, muchas maneras, pero eso no significa que la televisión abierta deje de dar noticias. El aporte está en explicar por qué pasó y cómo afecta tu vida, pero el plus está en sorprender con buenas imágenes.

Por eso, el canal tiene un ambicioso plan para estos nuevos tiempos. “El proyecto contempla una inversión superior a los 37 millones de dólares para digitalizar por completo el proceso televisivo  y la construcción de nuevos estudios, con capacidad para realizar telenovelas para tres horarios, estelares, realities, noticieros y programas de entretención”, adelanta el ejecutivo.

—¿No lo estresa tener un proyecto tan ambicioso por adelante?
—Mega ha sido líder, ha estado dos o tres veces en el primer lugar. Eso me tranquiliza. Lo que sí me mantiene en alerta es el poder hacerlo con una programación de buena calidad. Vamos a tener una nueva propuesta en materia de noticias, un par de telenovelas en el aire, un reality, la transmisión de las clasificatorias a partir de 2014, una reestructuración de nuestros programas de franja y el debut de los docurrealities y programas de reportajes. A partir de 2015 comienza un período de crecimiento.