Dicen que la sonrisa no envejece y al mirar la de Patricia Undurraga uno entiende bien por qué. La misma jovialidad y dulzura que transmitía en El show de la Tía Patricia en las pantallas de TVN en los ’80 es la que recibe a los alumnos cada mañana en el colegio Campvs College. Atrás quedaron los sets de televisión, las mediciones de ratings, las corridas contra la grúa televisiva de fin de año, hoy su preocupación está en mejorar la calidad de la educación en Chile. Claro que con el sello humanista que la caracteriza.“Lo que más me gusta es el trabajo con las personas. Nos creemos muy autosuficientes, pero el ser humano es frágil y necesita contención. Eso es lo que he propiciado”, afirma.

Ahí llegó hace cuatro años tras ganar un concurso público. Recién llegaba de una temporada de introspección en Estados Unidos en compañía de la familia de uno de sus hijos. Esa fue su receta para reinventarse tras la salida de Canal 13, donde estuvo por más de veinte años detrás de algunos de los mejores programas de la estación (como Medio Mundo, Contacto y Reportajes del Siglo que recibió un Altazor), para luego asumir cargos ejecutivos. Fiel a su estilo de bajo perfil, prefirió partir sin decir ni una palabra, lo que no hizo más que acrecentar las especulaciones sobre su salida. En la prensa escrita y en los programas de farándula, los dardos apuntaban al entonces timonel del 13, Vasco Moulian. El actor había convertido la serie norteamericana Los Simpson en el caballito de batalla de la parrilla programática reduciendo al mínimo la producción local. Sin responsabilizar a nadie por su despido, Patricia es honesta al recordar esos días.

patricia undurraga texto horizontal“Tengo que reconocer que fue un dolor súper grande dejar atrás todo ese espacio de tantos años, de amistades, de convencimiento que la televisión podía ser con sentido. Habíamos hecho tantas místicas, tantas vueltas primero con Enrique García y después con Eliana Rozas buscando la mejor fórmula. Y se llega a una televisión sin sentido donde se manejaba y programaba desde el rating que mete este programa, que saca este otro, que alarga ese. Era la televisión sin ni un sentido y empecé a sentirme marginada, además porque muchas veces cuando hablaba me decían: cállate porque como tú eres la vieja”.
—Usted ¿qué decía?
—Al comienzo sentía y hacía como que no me importaba pero con el paso del tiempo empezó a importarme que fuera así. En un momento no pude más y pregunté: bueno, ¿cuándo me voy? Pensando que estaba preparada, pero la verdad no era así, para nada. Cuando en octubre me dijeron que me iría en diciembre, casi me morí. Me dio muchísima pena, pero me ayudó la despedida que me hicieron los productores, periodistas, los trabajadores del canal… Sentí un cariño tan potente como no te puedes imaginar.
A los 57 años sentía que tenía fuerza y vitalidad para emprender nuevos desafíos. “Aunque escuché ofertas de televisión, tras mucho reflexionar decidí que lo que realmente me entusiasmaba era la educación, la que todo el mundo critica, yo también lo hacía, pero me di cuenta de que no podía estar en la vereda de enfrente, tenía que ser un aporte. Entonces empecé a contarles a mis amigos y de repente apareció esta oportunidad, si bien yo buscaba un colegio con menos recursos, uno se da cuenta que en el lugar donde esté hay carencias”.

Desde que salió del edificio de Inés Matte Urrejola 0848, la Pata, no sólo se incorporó al mundo académico y estudió Coach Ontológico, un sistema que busca humanizar el aprendizaje a través de la comunicación y el lenguaje. Además, bajó veinte kilos. “Estaba muy gorda, pasaba comiendo todo el día de pura ansiedad. Entre el rating y las presiones: que tienes que retener a tal actor, que se va a ir para el otro lado si no lo contratas, olvídate, yo trabajaba las 24 horas porque cuando uno es gerente de producción tiene que estar en todo desde que entraron a robar hasta que pillaron a alguien piteando. Cuando les conté a mis amigas que iba a asumir en el colegio todas me dijeron cómo se te ocurre, por qué no aprovechas más a tus nietos, a pasarlo bien. Yo adoro a  mi familia pero me encanta lo que hago, me apasiona”, señala.
Casada con Jorge Escobar hace casi 40 años, es madre de cuatro hijos: Patricia, Jorge Andrés, Trinidad y Benjamín, “este último es el único que vive conmigo. Cuando se junta con sus amigos en la casa y yo estoy trabajando en el comedor, sé que le gusta, se siente orgulloso y dice mi mamá es una vieja chora, pero creo que al igual que el resto de mis hijos también les gustaría que los acompañara un poco más, que estuviera más presente”.
Tiene siete nietos de entre 3 y 18 años pero se califica “como una abuela atroz. Lo peor. Propicio la calidad sobre la cantidad pero en el verano hay un mes que es sagrado para la familia. Y en julio viajo a Estados Unidos a ver a los que están allá”.
Para su hija Patricia Escobar, la labor que ha hecho su madre en todos los ámbitos ha sido una inspiración y una luz que la iluminó en los momentos más difíciles.

Hace tres años se instaló con su marido y sus dos hijos en la Base Naval de Talcahuano. No habían pasado ni 24 horas en su nueva casa, cuando el terremoto y posterior tsunami los dejó en la calle. “No habría enfrentado esto con tanto optimismo, viéndolo como algo para crecer y madurar, sin la fuerza y el positivismo que ella me enseñó”, recuerda, emocionada, la directora de la Junji de Concepción que hace pocos días fue destacada por la prensa local como una de las líderes de la región por su gestión al mando de la institución.
“Con mi mamá somos muy amigas y compartimos esta pasión por la educación. Me encantaría tenerla más cerca, pero hablamos todos los días. Siempre estamos inventando cosas y nos gusta reírnos de la vida. Nos potenciamos más ahora. Ella viene a Concepción a dar seminarios de capacitación y yo viajo a apoyarla en su trabajo en el colegio. Pensar que algún día me puede faltar me aterra, pero tengo la tranquilidad de que la he aprovechado al máximo. Ella es extraordinaria”, agrega.