Una plaza llena de niños jugando, acompañados por sus madres, tras haberlos recogido en el colegio.

 La rutinaria escena transcurre en una pequeña y bucólica ciudad de Cheshire (el condado del gato de “Alicia en el país de las maravillas”). Sentada sola en una banca, Lucy, una mujer algo mayor, de pelo rubio largo, con un libro en la mano, observa complacida.

De pronto, una figura delgada, enteramente vestida de negro, con su cabeza cubierta con capucha, atraviesa rauda el lugar y apuñala mortalmente a una de las mujeres que está con su pequeño en el columpio. El hombre se escabulle en el bosque que hay junto a la plaza y Lucy alcanza a coger al niño en sus brazos. Todo en cuestión de segundos.

Así comienza Paranoid, la entretenida serie británico-germana coproducida por ITV y Netflix, que mezcla suspenso, thriller, intrigas pueblerinas, conflictos sicológicos y su poco de romance. Un tipo de producción que ya va siendo un subgénero: policial británico en pueblo chico.

El asesinato de la Dra. Angela Benton, que vivía en Woodmere (localidad ficticia) desde hacía algún tiempo junto a su anciano padre y su pequeño Luke, toma por sorpresa a todo el mundo, incluida la policía. Ni Bobby, el más viejo de la estación, recordaba que hubiesen tenido que enfrentar un crimen así en el pueblo.

La cantidad de testigos presenciales no sirve de nada: el asesino iba completamente cubierto y todo ocurrió en segundos. Además, ¿quién querría asesinar a la Dra. Benton?

Esa es la pregunta que deberá guiar al equipo policial que primero seguirá pistas erradas y luego indagará en la reservada vida que llevaba la profesional. Partirán por ubicar al ex marido de Angela, un norteamericano  que vive en Alemania, para lo que cuentan con la singular y cooperadora detective Linda Felber, con quien mantendrán contacto permanente vía Skype.

Así, las indagaciones, la acción —y otras muertes— comienzan a sucederse a ambas orillas del mar que separa la Isla del continente.

La vida, percances y secretos de los policías que indagan el crimen son parte importante de la trama: la impetuosa Nina (Indira Varma) y su ex novio; el joven y culto Alec y su muy especial madre; el Dr. Crowley, siquiatra del pueblo; Bobby, quien establece una relación con Lucy (igual a Antonia Zegers, con 20 años más), una cuáquera que lo invita a las reuniones de su comunidad y a tomar té rojo cuando nota sus crisis de pánico.

Pero el personaje clave en los primeros capítulos es el “detective fantasma”, alguien que les va dejando misteriosos mensajes a los policías, los que contienen pistas claves para las indagatorias.

Lo que parecía un caso sencillo de resolver —todo el mundo se conoce en Woodmere— se va complicando con aristas que no paran de emerger.

Esta cualidad de sacar conejos del sombrero, unido a las singulares historias personales de los protagonistas, es uno de los aciertos del guión y lo que mantiene atento al espectador.

Muy entretenida.

En Netflix

8 capítulos de 45 minutos de duración.

Primera temporada.

Guión: Bill Gallagher (“Conviction”)

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