El camino hasta llegar a soberbias interpretaciones del cantaor de flamenco más famoso (Camarón) y posteriormente al mimo de México (Cantinflas), ha sido largo y bordeado por curiosas señales. Fue su abuela quien le mostró la primera ruta como espectador del séptimo arte.

“Ella vivía en una esquina donde permitía la instalación de publicidad de un cine muy cercano. A cambio le daban entradas para las funciones que disfrutábamos también con mi hermano”, recuerda el actor nacido en 1975. Si bien soñaba con convertirse en ingeniero aeronáutico, fue el arte dramático lo que terminó por envolver sus intereses por completo. A los 13 años formaría parte de la puesta en escena de una obra de Shakespeare y fue así como descubrió que el barrio podría enseñarle más que una escuela cuyo ambiente terminaba por incomodarle. Y, por otra parte, su inconformidad con las tendencias belicistas en el mundo lo llevó a probar el reto que implica la dramaturgia.

Las intenciones críticas conformaron una fuente de inspiración para continuar en el teatro durante los años noventa. Pero este impulso tomaría una pausa cuando trabajó como mesero en Madrid. Más tarde sería llamado por directores de castings para aprovechar la oportunidad que le ofrecían las breves y esporádicas apariciones en televisión y cine para las que era llamado. Paso a paso, su talento y tenacidad lo llevarían a meterse en la piel de Camarón de la Isla y de Cantinflas, personajes emblemáticos con una marcada identidad nacional, disímbolos y a la vez complementarios.

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A la polémica que desata la vida personal de íconos de la cultura pop –que renacen al ser llevadas a la pantalla–, se suma el rol que proyecta oscuridad en la serie sobre Luis Miguel, al encarnar a Luisito Rey, el padre del cantante. “Un tipo tan alejado de mí”, resume Jaenada, quien se concentra en el estudio metódico como elemento vital para sacar adelante cada uno de los proyectos en los cuales se involucra.

—¿Fue incómodo personificar al padre de Luis Miguel?

—Significó algo bastante complicado por la personalidad y el modo como se relacionó con su hijo. Me parece que es la primera vez que me toca hacer a alguien que resulta completamente antipático a mi manera de ser. Su hostilidad, violencia y obsesión lo vuelve una persona que, desde mi trinchera, es difícil comprender. Sin embargo, este oficio requiere entender eso y más para entrar en esas mentes.

—Como parte del proceso de producción, ¿qué clase de retroalimentación tuviste por parte del propio Luis Miguel?

—La mejor, porque es una persona abierta y educada. Se mostró emocionado por el proyecto y el profesionalismo con el que se ejecutó cada detalle en cada capítulo. Me invitó a unos de los shows que conformaron la maratónica serie de conciertos que realizó en el Auditorio Nacional de Ciudad de México. Estaba en primera fila observándolo y dándome cuenta por qué despierta esa clase de furor en el público. Es impresionante la manera cómo se entrega sobre el escenario y la grata reacción que provoca en las personas que lo aclaman.

—¿Era previsible el éxito de la serie?

—De que llamaría la atención desde un inicio, sin duda, por el tamaño de su figura y todo lo que él representa para la cultura musical de las últimas tres décadas. Lo que nos complace fue el recibimiento de la gente una vez que comenzó. Me parece que cada uno de los que nos subimos a este barco fuimos capaces de colocar todo lo mejor de nosotros mismos.

—¿Cómo asumes cada personaje que interpretas?

—En cierta forma es como una moneda al aire, implica un reto pero a la vez un riesgo por el modo como tu trabajo puede o no trascender y convencer. Pero ese mismo riesgo y el atrevimiento en sí es lo que cuenta en realidad, es lo que está ahí como combustible para el propulsor interior. El punto es no perder el control para que el personaje deje de dominarte una vez terminado el trabajo. La vida del actor consiste en una escapada tras otra.

—El cine como espectador fue para ti la puerta de entrada a este mundo…

—Yo creo que como todo y como todos, solo que en mi caso además se conjugó con el componente familiar. No solo me sorprendía aquello que podía ocurrir en la pantalla, sino que además eso significaba otro pretexto para reunir a seres cercanos. Me fascinó el hecho de saber que las historias son capaces de juntarnos más aunque sea por un instante.

—Y así como un asiduo asistente a la sala de proyección, después serías perseverante para estar del otro lado…

—Digamos que fui encontrando en el camino las bases para el desarrollo actoral. Independiente a que no asistí en realidad a una escuela formal, me discipliné con el apoyo de la experiencia callejera y posteriormente en la teatral. Cada vez me emocionaba más encontrar nuevas herramientas para sumergirme en el personaje, moldeando sus características lo mejor posible. Imagino que eso es lo que le ocurre al pintor cuando halla otros trazos y pinceladas para expresar lo que desea, Y además la calle me mostró el valor de la interacción y así percibir de cerca las reacciones del público.

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—Eso también forma parte de la materia prima para explorar y definir con mayor precisión el lado humano…

—Lo es porque permite sondear lo extensamente maravilloso que despliegan las emociones. Si bien el actor trabaja con su cuerpo y todo el mapa sensible, también lo hace con la propia sensibilidad de quien se coloca enfrente. Y ese vínculo lo percibí como alimento puro para sentirme completamente satisfecho.

—¿Y eso no lo habrías encontrado en la academia?

—Me causa cierto conflicto pensar que cualquier expresión artística pueda enseñarse por completo de una manera ortodoxa, creo que hasta cierto punto eso mismo puede limitar la creatividad. En mi caso considero que el teatro de la calle me brindó ciertas cualidades dentro de la infinita gama que representa este oficio. Me gustaría tener más método, pero fue así como me tocó aprender.

—Ser curioso y autodidacta te ha traído hasta este punto…

—Se puede decir que sí, pero sin olvidar el factor de la suerte y el hecho de valorar cada oportunidad. Creo que debe apreciarse el paisaje completo para saber dónde estás ubicado y dónde podrías llegar más adelante.

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—¿Qué sucedería si en realidad estuvieras en esto solo por lo que la visibilidad representa?

—Supongo que sería frustrante, claustrofóbico y exasperante. Estar en algo solo por el dinero o resultados superfluos pienso que marcaría un destino agonizante, sin sentido alguno. Para mí lo que más trasciende de todo esto es sentirme bien conmigo cuando sé que he podido ser parte de un sano entretenimiento que el público es capaz de disfrutar y que además puede servirle para reflexionar sobre sí mismos y quienes les rodean en la vida.

RECORRIDO ACTORAL
Noviembre (2003), un falso documental sobre un grupo de teatro, fue lo que le dio su primer protagónico. Llevar a la pantalla una historia muy cercana a sus experiencias callejeras le valió además su primera nominación a los premios Goya, reconocimiento que ganaría tiempo después. Vendrían comedias en las cuales se foguearía antes de colocarse las venas de Camarón (2005), un gran reto que logró tras aprender a palmear y fumar para así personificar al mítico cantaor gitano. Ser parte de la saga Piratas del Caribe en 2011 lo mantendría en el radar de otras filmaciones en su país hasta cruzar el Atlántico y así dar vida a Cantinflas (2014). Asumir y solucionar de la mejor manera esta clase de desafíos lo colocan en la mira para futuros proyectos cinematográficos relacionados con las vidas de Che Guevara y Salvador Dalí.