Su figura delgada, casi frágil, destaca entre los clientes de un restorán italiano ubicado a pocas cuadras del canal católico. Ahí Celine Reymond (29, soltera, una hija de 7 años) devora feliz un plato de tortellini. “Me encanta comer. Mi mamá es chef, igual que mi cuñado y mi abuelita. En la familia hay una tradición culinaria muy grande y somos todos flacos. Es que la comida es parte del amor, nos conecta. Yo cocino con anchoas, ajo, cebolla. Incluso para una cena romántica… Cuándo hay química, da lo mismo el olor que tengas”.

La actriz protagónica de ‘Primera Dama’ es una mujer directa, intensa y desinhibida, con los límites claros cuando se trata de proteger su intimidad. Estudió teatro en la escuela La Mancha, luego partió a Francia llevada por los genes de su abuelo paterno, un inmigrante que llegó a Chile desde París. “Viví cuatro años en esa ciudad. Quería estudiar en el Conservatorio de Arte Dramático, pero quedé esperando a Alma, mi hija. Mi pareja era francés pero trabajaba en Londres y sólo nos veíamos los fines de semana…”.

En sus ratos libres, Celine tomó clases de tango y de danza del vientre, la que practica desde los 20 años. “Mi abuelito era palestino y nos adorábamos. Empecé en esto para consentirlo. No tendré el cuerpo de una bailarina, pero sí toda la gracia —dice riendo—. Como en París hay mucho árabe, me puse a estudiar con un egipcio. Tú sabes que los grandes maestros de este baile son casi todos hombres, no me preguntes por qué. Y lo he practicado siempre. Ahora lo dejé porque no he tenido tiempo con la teleserie”.

—¿Qué dicen los hombres cuando se enteran de ese talento?

—Nada. Es que tampoco me he atrevido a bailarle a nadie…

—¿Nunca?
—Jamás. A lo más me han ido a ver cuando he hecho alguna presentación.

Celine-Reymond02En París trabajó como anfitriona en Planet Hollywood. “Atendía a todos los jeques árabes que llegaban con sus mujeres muy tapadas a comer hamburguesas, también a figuras como Ronaldinho y Natasha Kinski”.

Visitaba frecuentemente el cementerio de Père-Lachaise y leía a Teresita Wilms Montt, a Rimbaud, Vicente Huidobro y el Conde de Lautréamont…

—Una lectura intensa. ¿Es cierto que le gustaba tener períodos de bajón?
—Sí… Es que cuando eres chica también eres muy tonta, y a mí me encantaba sentir esa melancolía. Ahora que tengo 29 años y una hija exquisita, soy más alegre. Me mueve más la luz que la oscuridad. Tampoco es que andubiera con una nube encima todo el tiempo; al contrario, creo que he sido muy regaloneada por el universo. La vida es muy bonita y muy terrible a la vez, pero tengo la suerte de estar en un momento de equilibrio, sin rabias ni rencores.

—¿Su hija la hizo poner los pies en la tierra?
—La tuve a los 22 años. Con ella crecí y decidí que quería ser feliz. Mi hija hizo que fuera menos egoísta, más responsable. Hoy me preocupo de mostrarle un mundo precioso.

NUNCA LE INTERESÓ LA TELEVISIÓN. Quería trabajar en teatro, hacer cine. Sin embargo, fue reclutada por TVN donde se convirtió en una figura destacada. Ahí realizó producciones como Alguien te mira y El Señor de la Querencia. Su último papel en la estación estatal lo desempeñó en Hijos del monte (2008), pero no terminó las grabaciones debido a un fulminante estrés. “Quedé pésimo como profesional. Pero tenía un problema de salud y no podía seguir grabando; mi contrato se había acabado y la teleserie se alargó. De verdad me sentía muy mal, no estaba fingiendo. Fue algo físico que se transformó en un problema sicológico. Tenía que parar. Me vinieron ataques de angustia”.

—Fue muy criticada entonces.
—Me pintaron como una loca… Eso me tiene sin cuidado, yo sé que soy súper profesional. Además, de los canales me siguieron llamando, me ofrecieron estar en ‘Mujeres de Lujo’ y ‘Martín Rivas’. Nadie me marginó.

Después de eso, Celine se tomó un tiempo sabático y se dedicó a su hija y a sus dos máximas pasiones: pintar y hacer música a través de su banda, Kali Mutsa. Hoy está a punto de lanzar un primer disco. “Mi estilo es electrónica-gitana. Es un ritmo del altiplano, con cumbia, muy nortina. Kali Mutsa es el nombre de mi personaje. Una mujer que viene del valle de Pachacutec, que es el mundo al revés según los aimaras; Tupac Amaru decía que llegaría el día en que todo se daría vuelta y los que en esa época eran esclavos, volverían a ser dueños y señores de su tierra. Ahí vive mi alter ego…”.

De hecho, una de las mayores inquietudes de Reymond tiene que ver con las culturas ancestrales. Su tío es Carlos Aldunate, director del Museo Precolombino y su tío abuelo, Sergio Larraín García-Moreno, donó muchas de las piezas que se exhiben en él. “En mi familia eso es muy importante. Lo que ellos me han contado sobre el universo, la cosmogonía mapuche, su capacidad poética, los mitos y leyendas, son de una riqueza inmensa. Pero eso no se estudia en los colegios, preferimos mirar a los europeos o los neoyorquinos… Los chilenos hemos sido igual que los conquistadores españoles: negadores, avergonzados de nuestras raíces”.

Celine-Reymond03ESTE AÑO CELINE REGRESÓ EN GRANDE. Estrenó su primera película, Mandrill, en la que actúa junto a su ex pareja, Marko Zaror (de quien se resiste a realizar cualquier comentario), y que fue uno de los filmes más vistos del año. También protagoniza a Sabina en Primera Dama. Si bien la producción promedia 10 puntos de rating (por debajo de la Familia de al lado y Don diablo), en Canal 13 evalúan positivamente la calidad de la historia y anunciaron que la extenderán hasta fines de febrero o principios de marzo.

“Sabina me sedujo a tal punto que no me resistí. Es humana, una mujer quebrada; no es mala, no tiene conciencia de que está dañando a la gente. Se equivoca, va metiendo las patas y sufre. Pero quiere ser necesaria, importante…”, dice sobre este papel que la convirtió en una ambiciosa niña de un pueblo de pescadores, que no trepida hasta ser la mujer de un candidato a la presidencia (Julio Milostich), quien más tarde es electo como presidente.

Para preparar su rol, Celine fue a la caleta de Papudo, “donde la Vicky y el Braulio, que son lo máximo. También estuve con José y Elena. Quería ver cómo era la vida en un lugar así, sentir cómo era caminar por un pueblo un día de semana y que estén cerrados todos los negocios. Soñar y decir pucha que me gustaría estar en otra parte…”.

Leyó biografías de Eva Perón, Carla Bruni, Rania de Jordania y armó su personaje. Todas mujeres que llegaron a un lugar destacado gracias a su ambición. “Pero yo jamás podría estar con alguien por plata o porque tiene un buen auto. Nunca me ha interesado. Siempre me he involucrado con los hombres que he amado”, afirma.

—¿Qué es lo que busca en el amor?
—Armar un nido, tener mi cuento, formar una familia y hacerla lo más feliz posible. Pasarlo bien con mis padres y hermanos, demostrarles que los quiero. No soy muy sociable, voy poco a las fiestas y nunca participo de los eventos, pero tengo mis amigos. En esta vida toda la gente con la que te encuentras, incluso la familia, está puesta por algo. Son nuestros maestros.

—¿Con qué no transa?
—Con el cinismo, con la gente que se mueve por la plata, con los prejuiciosos y los fanáticos religiosos.

—¿Y qué no perdona?
—La traición. Por suerte en este minuto no tengo nada que perdonarle a nadie. Estoy muy en paz.

—¿Y eso es algo nuevo en su vida?
—Está naciendo; voy a entrar en otra época: el 2011 cumplo 30 años y estoy avanzando. A los 60 voy a ser toda una maestra (se ríe).

—¿El fin de su relación con Marko Zaror fue también parte de este cambio?
—Claro que sí, pero no quiero hablar de eso.

—¿No le teme a la soledad?
—No, me siento muy bien conmigo.

—¿Podría vivir el resto de su vida sin pareja?
—Sí, ¡obvio! No es drama. Claro que quiero tener mi nido, pero estar tranquila es impagable. Mis miedos tienen que ver con otras cosas, como no tener tiempo, no ser dueña de mi vida ni poder hacer mi música, pintar o estar con mi hija.

—Y así como es intensa en los períodos de alegría, ¿tiene momentos de oscuridad?
—La tristeza la vivo, lloro el día entero si es necesario, si no, sería una oligofrénica. Por supuesto que he ido a sicólogos, a terapeutas, porque es importante conocerse a sí misma. Pero ahora estoy concentrada, avanzando, aprendí a fluir.