Está atrasada. Por supuesto que está 
atrasada. No llegas a ser una celebridad si te desvías de lo que te hace una marca. Y Naomi Campbell siempre llega tarde. Ese hábito es una parte tan importante de su etiqueta como también lo es ser absurdamente hermosa. Y en la vida real no defrauda en ninguno de los dos aspectos. Hoy, la modelo arriba dos horas y 51 minutos después del horario pactado…

Y en la vida real no defrauda en ninguno de los dos aspectos. Hoy, la modelo arriba dos horas y 51 minutos después del horario pactado…

La puerta se abre y, de pronto, ahí está: vestido negro corto de Azzedine Alaia, sandalias de gladiador, anteojos de sol de diva y teléfono en el oído. Ella cruza a paso largo el enorme estudio, caderas oscilantes en ese inconfundible movimiento que, según Vogue, nadie puede replicar. Cuando termina la llamada, me presento. “Hola, ¿cómo estás? Encantada de conocerte”, responde con tono monótono y dejo de hastío. Una entonación parecida al de la anfitriona de una fiesta que recibe a alguien que no está invitado, que debiera echar, pero decide tolerar.

Naomi no sólo tiene un cuerpo impresionante para una mujer de 43 años, sino una figura impactante para alguien de cualquier edad. Antes de que se siente para que la maquillen, cada centímetro de su humanidad se ve como el de una supermodelo. De hecho, superó esa etiqueta hace mucho. Se trata de una mujer que de adolescente compartió departamento con Christy Turlington y es nieta de honor de Nelson Mandela. Una inglesa reclutada para videos de Bob Marley, Michael Jackson y George Michael, ex novia de Robert De Niro y Mike Tyson. Cuando este último tuvo que describirla dijo: “Ella no le teme a nada”. Hoy la escultural londinense está soltera, tras una larga relación con el magnate ruso Vladimir Doronin.

Entre 1998 y 2008, Campbell fue una favorita tanto de los tabloides como de las revistas de modas. ¿La razón? Sus salidas de madre que le significaron, incluso, ser sentenciada a barrer las calles de Nueva York. La modelo escribió un diario de ese servicio comunitario para la revista W, con fotografías de Steven Klein donde aparecía llegando al trabajo con un vestido largo con lentejuelas plateadas de Dolce&Gabbana. Incorregible.

Ahora, un cuarto de siglo después su primera portada de Vogue, aparece un nuevo capítulo en su historia. No uno de redención, sino de una segunda carrera: presentadora y productora ejecutiva en The Face. Reality que entrega un contrato de modelaje a una jovencita y que por estos días estrena su versión inglesa. Aquí es mentora junto a las top Erin O’Connor y Caroline Winburg.

¿El rol de Campbell en el programa? Villana, obviamente. Ya lo sabe Coco Rocha, maniquí que renunció a ser jurado en el show en su edición norteamericana porque, según trascendió, no quiso aguantar más los malos tratos de la morena.

—¿Por qué no entró antes a la TV?
—Empecé las conversaciones hace unos 10 años. El tema avanzó hasta que sentí que era el proyecto correcto. Me gusta ser mentora y no jurado. No quiero que una chica sienta que sus sueños se han roto por mi culpa. Quiero ayudarla.

Hoy muestra un lado más cálido, aunque nadie pretende que se ha suavizado. Se describe frente a sus concursantes como una “mamá gallina”, pero su idea de la crianza es “amor duro; soy directa y honesta. No voy a endulzarles nada, porque así no van a conseguir sus objetivos”.

En la industria no consideran a Campbell como una persona suave, pero destacan su lealtad: “No hay nadie como ella”. Naomi tiende a mantenerse distante, pero quienes la conocen afirman que posee un inmenso magnetismo que le ha permitido forjar relaciones estrechas y duraderas con diseñadores, magnates de negocios y otras modelos. Lazos que la han protegido de sucumbir como muchas de sus pares. Su amiga Donatella Versace comentó una vez: “Dicen que es mimada y molesta. Pero no. Es muy decidida y generosa, cualidades de las que nadie habla nunca”.

Su amiga Donatella Versace comentó una vez: “Dicen que es mimada y molesta. Pero no. Es muy decidida y generosa, cualidades de las que nadie habla nunca”.

En el verano de 1985 era una escolar de 15 años del sur de Londres que fue descubierta mientras vitrineaba en Covent Garden. Antes de su cumpleaños 16 ya estaba en la portada de Elle británica. Un año más tarde, en París, encontró a su propio mentor: el diseñador Azzedine Alaia, quien se ofreció como apoderado. “Ha sido así desde entonces. Yo lo llamo ‘papá’. Yves Saint Laurent fue un gran apoyo. Se suponía que no debíamos hablarle, pero lo hice.

Gianni Versace era increíble con las modelos con las que trabajó. Cuando recibía un premio quería que sus chicas estuvieran allí para compartir ese momento con él. Ahora Donatella y Allegra son como una familia para mí”.
El día en que hablamos, su amigo más excepcional, Nelson Mandela, estaba en estado crítico. “Soy muy afortunada de conocerlo. Siempre me pregunto por qué tuve la oportunidad de relacionarme a un hombre tan grande. Estoy en contacto a diario con su gente. Es fuerte. Todo el mundo está rezando”.

—¿Cómo define la escena de los ’80 y ’90?
—Fue la era dorada de las modelos.

—¿Las modelos han sido relegadas?
—Sí. Estábamos a un nivel diferente porque teníamos una relación con los diseñadores y se daba una verdadera colaboración. También con los fotógrafos. Eramos unidas a Steven Meisel, Mario Testino. En mis inicios, los modistos que me elegían después me llevaban a comer y a compartir un rato. Ahora tienes a los directores de casting y producción. Hay más de una brecha entre el modelo y el modisto con toda esta gente entremedio.

—Usted protesta abiertamente por la marginación de modelos negras.
—Me siento muy responsable. Vienen a mí y me dicen que no logran trabajo. Este 2013 no ha sido bueno. Es muy decepcionante. Llevo 27 años en este negocio y el tema no mejora. Es chocante.

—¿Cree que la gente tiene una percepción real suya?
—Bueno, todo el mundo tiene su genio. Y el temperamento finalmente es una emoción. Pero, ¿me importa lo que dicen? Todo el mundo tiene derecho a su opinión.

Bueno, todo el mundo tiene su genio. Y el temperamento finalmente es una emoción.

—¿Y su opinión sobre usted misma? ¿Está satisfecha?
—Soy un trabajo en progreso. Pero sí, estoy contenta con la forma en que estoy ahora. Soy muy observadora e instintiva. En la vida hay que tener la vulnerabilidad de aceptar cuando tienes la culpa. Y soy lo suficientemente abierta para reconocerlo. He cometido errores. Usted sabe todo, no voy a entrar en detalles del pasado. Los asumo, pero no me arrepiento de nada. No vivo en el lamento.

—¿Autoritaria?
—Por supuesto. No me gusta perder. Si me dicen no, entonces encuentro otra manera de conseguir un sí. Pero soy una persona leal, generosa y no ando con tonteras. Ser una modelo requiere más fuerza mental de la que la gente piensa. Tienes que ser capaz de recibir órdenes pero, también, de aferrarte a tu personalidad. Esa es la parte que no se puede enseñar. En el programa le digo a mis chicas: “Es necesario estar siempre compitiendo. No estás aquí para hacer amigos”.