Es 1909 en Londres, plena era eduardiana. En la calle Oxford, un norteamericano ingresa a una elegante tienda. Pide unos guantes a una dependienta, pero él los quiere ver todos, para elegir, tocarlos, probarlos. Y eso, rompe las rígidas ¡y obvias! reglas del lugar.

Los nervios de Agnes, la chica, vigilada con su peor cara de limón por su estirado jefe, terminan por darnos una idea de que el yanqui y sus “insólitas” nociones de cómo debe ser la relación vendedor-cliente resultan altamente chocantes. Pero Harry Gordon Selfridge ya ha hecho irrupción en la escena londinense precisamente para ello: revolucionar el concepto de consumidor -y sobre todo el del segmento femenino- partiendo por abrir una gran y lujosa tienda por departamentos, sin reparar en gastos, con inusuales conceptos de entrenamiento y selección de personal. Selfridge ha llegado desde Chicago, donde ha hecho su fortuna, y se ha instalado en una mansión con su familia.

La serie que lo tiene como protagonista -realizada por ITV, misma de “Downton Abbey“- está basada en el libro “Shopping, Seduction & Mr Selfridge” (2007), de Lindy Woodhead, que relata la historia de este innovador y visionario hombre de negocios, fundador de los grandes almacenes que llevan su nombre y que aún existen en la calle Oxford. A él se le atribuye la muy famosa frase “el cliente tiene la razón”.

Harry (Jeremy Piven) no tiene un porte distinguido pero viste muy bien, sabe dónde hay que ir y con quién hay que codearse, hace gala de muy buenos modales y es un permanente optimista (bordeando lo maníaco). Temerario, no hay dificultad o escollo que lo detengan, menos si se trata de acercarse y convencer a quien le interesa. La vida de Harry es en sí misma una telenovela, con todos los elementos posibles de imaginar.

Pero la serie no se detiene allí: es un fastuoso fresco de época, lleno de personajes de la opulenta alta sociedad londinense, del teatro, los empleados y la clase obrera, toda una fascinante fauna que circula y se cruza en una capital bullente, donde se sucederán cambios sociales trascendentes que la serie aprovecha al máximo.

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Lady Mae (Catherine Kelly), la rica, elegante y aburrida socialité; Ellen Love, la seductora y caprichosa actriz teatral (Zoe Tapper); la discreta Rose, esposa de Harry, que aportó su fortuna al matrimonio; los vendedores, sus familiares, sus amistades, tejen el variopinto entramado del Londres de comienzos de siglo. “Mr. Selfridge” no tiene la seducción de la magnética “Downton Abbey”, pero en cambio es mucho más rica en su descripción social y en la complejidad de sus personajes. Como que está basada en una historia real.

En Netflix.

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