La actual crisis de la televisión abierta tuvo entre sus primeras bajas los programas de periodismo de investigación. El alto costo que involucra producir programas como Contacto o el antiguo Informe especial —con equipos trabajando durante meses en varios reportajes paralelos— no resultaba viable en las condiciones actuales. Ambos programas fueron reducidos a su mínima expresión. Lo que perduró, en el caso de Canal 13, fue el híbrido llamado En su propia trampa, una especie de sometimiento del periodismo a la tiranía del espectáculo dominado por las cámaras ocultas. Un voyerismo con afanes justicieros que se emparenta con la crónica roja llevada al docu-reality de los programas de allanamientos y las persecuciones policiales rodadas en vivo o la vida carcelaria descrita sin más filtros que la generosa protección de Gendarmería. La violencia cruda sin contexto. Una especie de pornografía de la marginalidad que capturó audiencia y cuadró los números del semestre.

Misión encubierta (Mega) intenta tomar lo mejor de los dos mundos. Cada capítulo es una investigación periodística encabezada por un reportero infiltrado, que narra un caso en off en primera persona sin nunca identificarse. Una suerte de inspiración televisada del famoso libro Cabeza de turco —imitado hasta el cansancio en reportajes testimoniales—, con regusto al cliché de los “submundos” utilizado por las versiones ochenteras de Informe especial, en épocas en que todo lo que ocurriera de noche sin visado del retén de turno era considerado sospechoso. En Misión encubierta el espectador es guiado hacia un universo ajeno por un cicerone misterioso que arriesga el pellejo en la tarea. Eso es al menos lo que insinúa cada tanto el narrador del programa: más que un reportero encabezando un equipo de destacados profesionales con gran trayectoria en la investigación (un dato de la realidad), lo que Misión encubierta
presenta en pantalla es un vigilante —en el sentido Batman de la palabra—, un agente espía sin rostro que nos develará la verdad y se encargará de entregar a los villanos a la justicia. El trabajo de un equipo periodístico con experiencia empaquetado en los códigos de una serie adolescente.

La fórmula del nuevo programa de Mega combina periodismo y espectáculo, pero atenúa las aristas más chabacanas presentes en otros programas, con una edición sobria y cuidada que evita las estridencias y cuida la dignidad del oficio periodístico.
Misión encubierta es un gesto de sobrevivencia para un género acorralado por las circunstancias; una salida peligrosa, tal vez la única posible cuando la balanza entre calidad y audiencia se inclina inevitablemente hacia el entretenimiento puro y duro.